Cuando se es el único soltero del grupo

Foto: Four Eyed Monsters

En algún momento de la vida, sobre todo si se está en los 20 o cerca de los 30 años, coincide que en un determinado grupo de amigos y/o conocidos, todos, absolutamente todos tienen pareja, y los tiempos confabulan en contra de uno para ser el único que en ese preciso periodo esté solo.

Así, en las reuniones de dicho grupo, mientras las parejas se acomodan una junto a la otra, la única persona soltera se la pasa tomando o comiendo, haciendo intervenciones irrisorias en las conversaciones, y en alguno que otro momento simplemente es ignorado mientras en silencio sostiene su respectiva botella.

Al menos eso sucede desde la óptica de sus amigos y de sus respectivas parejas, lo que lo convierte inmediatamente un un ser cuya existencia debe ser enmendada y a quien inevitablemente se le tiene que (sí, lo toman como un deber ser) encontrar a su posible media naranja.

Y entonces empiezan las incómodas preguntas, ¿por qué no tienes a nadie? Tratas de explicarte, justificarte, dar a entender que hay ocasiones en las que uno quiere vivir su soltería, o simplemente no está preparado para empezar una nueva relación, pero todas esas respuestas parece que llegan a oídos sordos.

Ya que desde su punto de vista es agravante el que tú seas el único soltero, el que se está quedando atrás, el “bicho raro”, y entonces eres o pasas a ser la nueva causa benéfica de alguno de tus amigos o conocidos.

Porque al día o a los dos días, las sospechas vienen, y a una de esas felices parejas, que parece quieren siempre esparcir su alegría, se le ocurre la idea de presentarte a una persona.

Así comienza la tortura, que parece que disfrutan, de analizar con quién estaría bien presentarte, para cuya valoración no toman en cuenta intereses afines, gustos o pasatiempos, sino solamente si la otra persona está soltera, y al igual que tú es una causa perdida.

Lo peor del caso es que eso no ocurre sólo una vez, sino varias, ya que, para fines prácticos, para ellos sigue siendo triste que antes de cada reunión cuando preguntan, ¿vas a llevar a alguien?, tú contestes, “no, a nadie”.