Fragmentos

Con seguridad me dijiste que todo iba a cambiar. Que de ahora en un año, todo iba a ser diferente. Yo no sé de dónde sacaste las fuerzas o la determinación para asegurarlo. Sólo sé que no tenía de otra, más que confiar en ti.
Así que tomé de tu mano y ciegamente seguí todos y cada uno de tus pasos, sin sospechar que me llevaban a una pendiente, en la que ahora me encuentro.
Te entregué todo de mí, pero nunca te fue suficiente.
—
Estábamos disfrutando de unas cervezas en aquel restaurante. Era la noche de un martes, tras una larga jornada de trabajo. Me dijiste que parecíamos una pareja, y en verdad la gente pensaba lo mismo.
—
Las vicisitudes de la vida nos llevan a rincones antes diáfanos, y cada construcción imaginada que aprehendemos no es más que un elemento baladí en esta cosmogonía que llamamos universo, del que sólo somos elementos ínfimos, abyectos.
—
Su vitalidad y carisma habitual se le esfumaron de sus ojos y su mirada lo evidenciaba. Asténica, se miraba en el espejo, irreconocible.
Y cuando se acostaba nuevamente, en una noche diferente, lo hacía sabiendo que nuevamente no iba a dormir, que otra vez los fantasmas la iban a acechar.
Pero aún así, cada que cerraba los ojos, se encomendaba a no sé qué fuerza, rogando que ahora sí su vida terminara.
—
¿Cómo escribo sin hacer referencia a ti?
Querida, ya me cansé de posar.
