La vida no es una competencia

Aunque así parezca

Imagen: Kimi no Na wa

Desde pequeños nos dicen que lo importante no es ser el mejor en todas las cosas, que todos tenemos nuestras habilidades y poseemos ciertas cualidades que se compensan con nuestras un millón de debilidades.

No obstante, por más que nos digan esto, siempre nos damos cuenta cuando nuestro resultado fue decepcionante. Cuando estas palabras o frases hechas sólo son una especie de consolación, a veces ni siquiera honesta.

Y es que aunque la vida no sea una competencia, es muchas veces inevitable compararnos con nuestros contemporáneos.

Si lo nuestro era ser el de las mejores calificaciones, el día en que pasamos a ser estudiantes promedio fue una gran decepción, o si pertenecíamos a algún equipo deportivo, aquel aciago momento en que nos mandaban a la banca parecía ser el fin del mundo.

¿Por qué tendemos a comparar? Simplemente, y es una respuesta subjetiva, parece ser que nos interesa tomar el “pulso” de cómo están los demás a nuestra edad, y de esa manera saber qué tan cercanos estamos nosotros del camino hacia el éxito, siendo éste visto como la vida deseada, o bien, percatarnos de si estamos o no al borde del “fracaso”.

Así pues, por un lado veo a personas de mi edad que ya están casándose, que tienen buenos empleos, una pareja estable y saliendo a trabajar o hacer la maestría, incluso el doctorado, en el extranjero, y por el otro lado estoy yo.

Todavía en casa de mis padres, envuelto en una vida de oficinista, y esperando cada fin de semana para ver los nuevos episodios de las series que sigo, o ver si algún amigo está disponible para salir a tomar algo. Lejos de la estabilidad económica, y aún más distante de alguna pareja, de una mejora en general de mi vida.

Haciendo un balance con respecto a lo que percibo debe ser la vida a los 25 años, el diagnóstico definitivamente no puede ser otro: estoy más cerca del fracaso que de la plenitud.

Y sé que está mal comparar y que la vida es más compleja como para poder medirla con una escala que tiene dos etiquetas a cada lado, y también sé que seguramente la gran parte de la población no está en ninguno de los dos extremos, pero a veces siento que el mundo funciona de esa manera.

Y que definitivamente estoy perdiendo.