Momentos que se escapan

Otro viernes que me la paso jugando videojuegos, encerrado en casa.

Siempre acompañado de alguna bebida disfrazada, refresco de cola con whisky o tequila, el chiste es que me embriague.

Esos días parecen tan habituales, fines de semana rodeado de las mismas paredes, confinado a los hábitos que el ocio y la depresión nos permiten, del dorama a los videojuegos y de ahí al anime o alguna serie de TV estadounidense.

Hace unos meses escribí en mi Twitter el siguiente mensaje «¿de qué me he perdido todo este tiempo?».

Dicho mensaje se me ocurrió luego de una noche en la que me atreví a escapar de mi rutina y me divertí como cualquier persona de mi edad junto con los amigos de siempre.

Lo que más recuerdo de esa noche es el regreso a casa, ebrio en el coche, cantando con amigos canciones con las que crecimos, con esa sensación de que ese momento nos pertenecía.

Esa noche me percaté de todo el tiempo que había dejado ir, todos los momentos, con posibilidad de hacer buenos como el de esa noche, que dejé escapar, algunos por miedo, otros por necesidad.

Y es algo que pasa muy seguido, el lamentarnos por lo que dejamos ir, por la eterna posibilidad del what if.

Contemplar en retrospectiva nuestra vida y darnos cuenta de que todo se remite a momentos, y frustrarnos de que sean tan efímeros o tan pocos, y sobre todo, que se nos escapan.