N a d a

Imagen: Koe no Katachi

La llave del lavabo escurre. El sonido de una alarma de fondo.

La basura se acumula en la sala, las latas de cerveza, el sushi del otro día.

Suena el eco de una canción: Live in daydreams, I choose fiction. I feel exhausted, I feel exhausted!

En medio, en la sala, el televisor en mute.

Y escondido, bajo una sábana, ahí está él.

En el epicentro de todo ese caos: indiferente.

Viendo hacia la nada. Pensando. Más bien, aspirando a detener sus ideas.

Todo lo que una vez le dijeron se esfumó. Nada.

Lo que una vez prometió (y no cumplió), de arrepentimiento que fue, ahora nada.

No siente nada.

Ni sus ganas de llorar.

La cocina inundada. Al dispositivo de la alarma se le terminó la batería.

El basurero se llena de sala, más latas de cerveza, los restos de yakimeshi del otro día.

Se despertó de un sueño.

En éste, ella y su sonrisa.

Su voz, sus cejas perfectamente arqueadas.

Y no su indiferencia.

Esa mañana escribió con pluma sobre el empaque de una pizza:

Tuve un bonito sueño.

Me recordó que puedo sentir.

Te extraño, ¿sabes?