¿Por qué no hago las cosas?

Foto: Mineral-EndSerenading

Desde hace unos días para acá, sólo veo la pila de pendientes crecer. Y aunque realmente no hay prisa para ellos, mientras más se acumulan, su peso se vuelve mayor, casi agobiante.

Sé que desde hace unos meses debí de hacer cita con el neurólogo, pero no lo he hecho. Estoy consciente también que debo revisarme la vista porque mis lentes actuales ya son una causa pérdida, mas no he pisado la óptica en años.

Llevo desde hace más de un año pensando en que sería apropiado empezar a ir al psicólogo pero las intenciones se quedan en eso, no se trasladan en acciones concretas, tan sencillo que es hablar por teléfono.

Y la pregunta adecuada es: ¿por qué no lo hago?, ¿por qué no levanto el auricular, mientras mi voz se quiebra, y agendo una cita para tratar estos pendientes?

No puedo justificarme con que no tengo tiempo, porque hay días como el domingo pasado que me la puedo pasar echado en el sofá viendo televisión.

Tampoco es porque se me olvide, puesto que aunque aparente serlo, no soy nada distraído y casi siempre estoy consciente de las cosas que tengo que hacer.

Entonces, nuevamente viene a mí la pregunta: ¿por qué no lo hago?

Siendo honestos es por alguna especie de desgano, de falta de motivación para hacer las cosas. Porque por más sencillo que sea levantar el teléfono y hacer alguna de estas citas, me gana una apatía que se desprende de un desinterés generalizado hacia todo.

Y cada que estoy por emprender algo, siempre está ese incipiente malestar, esa desidia que me inmoviliza y debido a la cual me he dejado atrapar en una rutina donde me prometo hacer algo que sé que no voy a hacer.

Porque cuando estoy por hacerlo, como un fuerte cuadro gripal, llega el desgano, que me incapacita.

Pero los pendientes se siguen acumulando.