Pretendemos ser adultos
Porque en verdad quién quiere serlo

A mis 26 años si algo he descubierto es la falsa noción que se tiene de “los adultos”.
De niño e incluso de adolescente, el “mundo de los adultos”, que obviamente era muy distante, se me hacía incomprensible, aburrido, pero sobre todo bastante idílico: serio y en el que se tienen todas las respuestas.
Luego de entrar a mi primera experiencia profesional, hace ya unos años, me di cuenta de la realidad: los adultos no eran más que niños que crecieron y envejecieron, y la seriedad que de lejos encumbraba al “mundo adulto” no era más que una fachada, debajo de la cual se escondían estas personas con hipotecas, trabajos insatisfactorios, colegiaturas y sobre todo un montón de desahogos.
Y recientemente en una conversación de oficina, mientras uno de ellos contaba sobre la diferencia entre lo que dice y lo que piensa en las juntas laborales, confesó esa verdad “todos pretendemos ser adultos”.
Pretendemos porque nadie quiere serlo, pero tenemos que parecerlo, ya sea si uno es papá o mamá, o un profesionista recién contratado, el emprendedor pidiendo crédito, o la pareja comprando su primera casa.
Pretendemos la seriedad y construimos una fachada que de lejos, parece que tenemos todo resuelto, cuando la realidad es que no tenemos ni la menor idea sobre nada.
