Sensibilia

Quisiera que esa noche no hubiera terminado, mucho menos que acabara de esa manera. Estábamos hechos el uno para el otro, al menos esa es la idea que el whisky me inyectó. Éramos el centro, el mundo.
Quisiera no haber estado demasiado borracho para poder acordarme de la mitad de lo que te dije o de lo que hicimos, al menos me serviría haber tenido una guía que me indique la cronología de los hechos, y no un retazo de momentos, algunos incluso ficticios, por inverosímiles.
La mañana viene a aniquilar todo lo que una vez fue y el paso del tiempo no hace más que erosionar una memoria que de por sí ya es dudosa de origen.
Quisiera que esa noche se hubiera prolongado, que nunca te hubieras despedido, ni yo me hubiera rendido de alguna manera en la esperanza de que tú y yo fuimos uno.
Tantas cosas quisiera, pero sólo una: que tú no hubieras retrocedido.
La sobriedad se encarga de desvelar la verdad histórica, los hechos como son, y lo que pasa es que sólo fuimos residuos de esa noche, piezas que no ensamblan, y es que no se puede subir y sostener la escalera al mismo tiempo.
Te quise también mañana.
