Itinerante

Hice un testeo arquetipal, de esas cosas junguianas que tanto me gustan. Mi arquetipo es el del explorador… la nómada incurable, wanderlust queen ¿Por qué esto me entristece tanto?

Lo hablo, al parecer es alguna clase de certeza, de seguridad interna. En este mundo de hombres y mujeres en cuerpo, pero infantes emocionales y psicológicos ¿Habrá quien me siga el paso? ¿Quién aguante esta vida de búsqueda y entrega a la otredad? En esta sociedad de egoísmos, la soledad se abre ante mí no solo como un espacio reflexivo, un espacio propio. Es también una especie de penitencia, y quizás eso es lo que me entristece.

Florecí hace exactamente 1082 días, una flor hermosa que perfuma mi piel. Un haz de luz que se abrió desde mi centro y crece contra todo pronóstico. Una hija que me busco hasta encontrarme, una madre que se supo finalmente cuando fue encontrada. Sé que esta hija nada tiene que ver conmigo, con mi permanencia en esta existencia. Soy solo una compañía momentánea en su camino. Sé que ella florecerá por sí misma y para ella sola, nuestros pasos no estarán juntos para siempre… se que somos impermanentes, lo sé… solo existimos por microsegundos, parpadeos, lo que soy ahora es distinto de otro ahora.

Cuando vuelva a leerme seré ya otra mujer.

Las contradicciones me construyen y ya no quiero seguir huyendo de ellas, quiero verlas, escucharlas, estar atenta de lo que intentan mostrarme. Como las sombras, están hechas de lo que soy y no quiero aceptar, no quiero ver; me hablan desde las profundidades más lejanas y están ahí, siempre, aguardándome. Ya no quiero huir de mí.

Comienzo a moverme para saberme. Primero los dedos, los de las manos, escribo. La boca, la lengua, las cuerdas vocales, leo en voz alta a quien amo… le beso. Bailo, lento y sosegado, desde dentro. Algún día mis pies seguirán, algún día seré toda yo, dejándome, volviendo.

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