HÁBITAT Y VIVIENDA POPULAR:

Realidad Latinoaméricana.


Hoy en día vivimos en un contexto y en una ciudad que no para de moverse, que no para de crecer y que asi mismo no para de generar nuevos asentamientos, nuevas urbanizaciones y que de la misma forma no para de excluir y marginalizar a gran parte de la población. En los últimos años el crecimiento de asentamientos informales creció en un 17% , esto se ha venido dando debido a diversos factores que han obligado a la gente a abandonar las zonas rurales en busca de mejores condiciones y de una mejoría en su calidad de vida. Desde mi punto de vista, creo que está mal y no se debería marginalizar a estos grupos de personas, porque al igual que nosotros, que habitamos en lo que hoy en día se conoce como lo legal, lo formal o lo que está “bien”, ambos construimos ciudad, ambos hacemos parte de un todo, por más de que querramos titularlos a ellos y a su espacio de vivienda como lo ilegal, lo informal o simplemente lo que está “mal”.

“Para las Naciones Unidas, los asentamientos informales se caracterizan por carencia de servicios básicos, viviendas deficientes y estructuras de construcción inadecuadas e ilegales, hacinamiento y alta densidad, condiciones de vida malsanas y sitios peligrosos, tenencias inseguras, pobreza y exclusión social.” Todo esto es cierto, pero también es cierto que estos asentamientos informales son mucho más que eso, son mucho más que cifras y más que esa visión superficial que tenemos nosotros desde acá, desde nuestra comodidad. Creemos que la riqueza cultural y social que se vive en estos barrios la podemos medir con índices de pobreza o de inseguridad. Por más que pretendamos examinarlos con lupa desde arriba ese hábitat popular solo lo conoceremos mezclandonos con las personas y hablando con ellas, porque ese hábitat popular esconde más de lo que la mayoría de nosotros creemos.

Las personas que viven en este hábitat son personas que, como ya se mencionó anteriormente, han llegado a la ciudad en busca de nuevas oportunidades, y por lo tanto se han visto forzadas a resolver por su cuenta el problema de no tener una vivienda propia, encontrando una alternativa en los asentamientos populares. El problema erradica entonces, pienso, no en su pobreza sino en la marginalidad que nosotros hemos generado alrededor de ellos, frenando entonces el desarrollo de su entorno físico. El papel que desempeña el Estado en este tema es también fundamental para comprender por qué se han ido marginalizando y por qué ya nosotros como sociedad intentamos evadir este problema y hacernos los de la vista gorda. “…y crear una relación “dependiente‟ entre el gobierno y las comunidades pobres, donde los primeros “toleran‟ la ocupación de tierras y el desarrollo informal para evadir la confrontación y hacer que la ciudad continúe funcionando (A Gilbert, Hardoy, & Ramirez, 1982; Alan Gilbert & Ward, 1985).” Lamentablemente en este país y en general en Latino América los intereses del gobierno son otros, y por lo tanto el hecho de generar y hacer cumplir el derecho a la vivienda digna pasa a un segundo plano. Pero pienso que precisamente es de esto que se empieza a enriquecer el hábitat popular, son ellos en su marginalidad, en el olvido de un país y un continente entero que los ha segregado por años, que van construyendo sus sueños, sus viviendas y su hábitat, con ganas y mucho esfuerzo porque es su única opción; definitivamente nadie más lo va a hacer por ellos.

Esta informalidad en América Latina, además de relacionarse con el aspecto urbano, también es un tipo de desarrollo económico de la región. No nos hemos dado cuenta aún que no precisamente lo formal y lo legal sea lo “mejor”, y seguimos pensando que lo informal y lo ilegal es más bien lo “peor”. Y mientras tanto, ellos en su marginalidad, en el olvido que les hemos brindado, van saliendo adelante como pueden generando una ‘revolución silenciosa’. “Hay dos circuitos económicos, uno superior o formal y uno inferior o no formal, no obstante, ambos están interconectados, uno depende del otro y viceversa, en el sentido de que ambos son parte del mismo todo.” Deberíamos entonces empezar a comprender este tipo de comportamientos y de dinámicas que van surgiendo paralelo y completamente por fuera del sector formal de la economía, que se ven reflejadas en los barrios y en la materialidad del entorno construido.

La forma de habitabilidad de estas personas se basa en el hecho de aprovechar al máximo los recursos, debido a que es su única alternativa que les va a ayudar lograr afrontar sus realidades económicas cotidianas. “Hay que ver estos asentamientos como son, como parte de las ciudades, con problemas, oportunidades, e incluso lecciones que pueden ofrecer de integridad, inclusión y diversidad.” De pronto si hiciéramos esto, hallaríamos el potencial existente en este tipo de asentamientos que ayudarían al desarrollo de toda la ciudad. Es decir que el hábitat popular lo podríamos definir como los pobladores, quienes son que construyen y le dan vida a su entorno. Que por medio de sus ganas de lograr salir adelante generan nuevas alternativas y nuevas opciones que podrían llegar a tener un potencial enorme. Asimismo, “la pobreza y la lucha son parte de ésta cotidianidad, y más allá de aceptarla pasivamente, es necesario señalarla y buscar caminos para enfrentarla más responsable y exitosamente.”

Ante este escenario de un hábitat popular, se desarrolla ‘la célula básica de hacer ciudad’; la vivienda. Esta vivienda popular representa un refugio indispensable para estas personas, que además de que les brinda un techo también es un espacio en el cual desarrollan actividades que les ofrecen algún tipo de sustento económico. “Así, se interrelacionan el tener vivienda con el tener un trabajo que proporcione un salario suficiente que permita un poco más que subsistir.”

Una vivienda, un refugio… Ciudad Bolívar — Fuente Propia

Al ser personas que poseen ingresos insuficientes que les generen algún tipo de ahorro, no pueden adquirir un bien fabricado como lo es la vivienda. Es debido a este que optan por la autoconstrucción, sin ningún tipo de conocimiento previo se convierten en los propios constructores de sus sueños. Es esto entonces la vivienda popular, una autoconstrucción espontánea por etapas que busca cada vez lograr avanzar más, no sólo en el mejoramiento de su refugio sino en su estatus dentro de su hábitat popular. “Esta espontaneidad no es un proceso ingenuo o de libre escogencia, es obligado, pues es el único camino que puede recorrer este grupo de población para proveerse un refugio urbano.” Este es el reflejo de cómo los pobladores solucionan su problema de refugio y de vivienda urbana.

“La vivienda crecerá a paso, por etapas, en un desarrollo llamado “progresivo”, posiblemente en alusión a la idea moderna de progreso, a ese ideal de alcanzar un “mejor estar” con cada avance.” La vivienda popular es el reflejo de una población, que si bien tiene entre sí características y necesidades muy particulares, buscan una misma meta o tienen el mismo sueño, el cual es ir ascendiendo e ir progresando. Cada etapa nueva, cada placa fundida nueva y cada piso nuevo construido los acercan más a ese progreso y a ese sueño que tienen de avanzar y de salir adelante en una sociedad que los ha venido marginalizando a través de los años. “Entonces, cada placa de entrepiso definirá un nuevo lote con las posibilidades para desarrollar una complementación a lo ya construido o una nueva posibilidad de vivienda o viviendas (apartamentos) para arrendar.”

Este progreso y este crecimiento vertical por etapas no son indefinidos. Lo que define este proceso son las condiciones económicas, el largo tiempo de espera y trabajo, el esfuerzo físico invertido, la capacidad de la estructura, entre otros factores. Esto se ve afectado entonces por el entorno en el que se desarrollan sus inquilinos, es decir qué tan bien les puede llegar a ir en el mercado formal, o cuánto están produciendo al interior de sus viviendas para generar ingresos por medio de otras alternativas o por medio de un mercado no formal. Todas estas variables definen y al final se ven reflejadas en la construcción de la vivienda.

Al interior de la vivienda popular se percibe y se ve reflejado las ganas y el deseo de querer ser. “La precariedad es ocultado por todo aquello que dentro de la sociedad sea indicio de un modo de vida superior. La vivienda en su interior como en su exterior, refleja lo que es, una realidad de vida, de una vida que se sobrevive con precariedad.”

Interior de una vivienda en el Barrio Caracolí, Ciudad Bolívar — Fuente Propia.
Fachada Barrio Caracolí — Fuente Propia.

La fachada de la vivienda es la que refleja lo que se desea proyectar, es por esto que no se presenta como una obra totalmente acabada. La fachada se va haciendo; “mostrar que se está en construcción, que se tienen aspiraciones, que aún se sueña, que se espera algo mejor de la vida.” Son los anhelos de las personas, su forma de ver la vida y de querer un mejor futuro lo que se materializa en la vivienda popular. Y pienso que es por esto que tienen tanto valor, porque son hechas con sus propias manos e impulsadas por sus sueños, lo que las hace más valiosas que cualquier otra construcción, en mi opinión. “Así, entonces, ante un esquivo final la vivienda popular espontánea se somete a un interminable proceso. Este proceso se nutre con el esfuerzo de quien no puede acceder a adquirir el techo terminado y está condenado por ellos a autoconstruirlo.”

Para finalizar entonces podemos decir que a pesar de que los barrios populares no presentan un patrón o un orden evidente en sus fachadas, en su construcción, en sus alturas, poseen un marco común que determina el porqué de cada vivienda. Lo que unifica y es la esencia similar dentro de la conformación diferente, son los sueños, el esfuerzo, las ganas de progresar y de salir adelante, lo cual cada persona plasma diferente en cada una de sus viviendas. Es muy fácil desde acá juzgar y pretender medir y definir este hábitat y estas viviendas con indicadores e índices de pobreza, de problemas etc. Lo realmente difícil es comprender la riqueza de estas zonas, (que representan en algunos casos más de la mitad en área de las ciudades latinoaméricanas) y la respuesta al porqué estos barrios y estas viviendas son así. Eso es lo complicado, porque precisamente lo que los hace tan diferentes es lo que los une y lo que nos da una pequeña pista a nosotros, de cómo poder hallar lo similar en lo que nos parece a simple vista tan opuesto y caótico.


Quienes le dan forma a este hábitat, LA GENTE.

Ciudad Bolívar, Bogotá 2014

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