¡Einstein lo hizo de nuevo!
Sólo 100 años le tomó a la ciencia y tecnología alcanzar -o comprobar, de nuevo- la genialidad e imaginación de Einstein. Este jueves, en conferencia de prensa, el grupo de científicos del proyecto Advanced LIGO (Interferometer Gravitational-Wave Observatory) anunciaron al mundo que el 14 de Septiembre de 2015 detectaron la primera evidencia directa que confirma la existencia de las ondas gravitacionales en el espacio: el patrón de un tenue eco de la colisión de dos agujeros negros (cada uno con una masa 30 veces mayor al Sol), a un billón de años luz de distancia.
Las ondas gravitacionales son como susurros cósmicos, una forma sutil en que el universo nos habla. ¡Cuánta poesía contenida en la ciencia! Este es el principio de una nueva era, de un largo camino en la exploración humana del cosmos. Notable el trabajo de quienes desarrollaron la tecnología necesaria y por la que Einstein esperó 100 años; un trabajo que requirió décadas, así como la intensa colaboración de cientos de científicos de universidades de 15 países en el mundo.
Pocas veces podemos ser testigos de acontecimientos que puedan transformar la historia humana. Con este enorme descubrimiento, la ciencia ahora tiene oídos para investigar las ondulaciones causadas por eventos cósmicos que impliquen una gran cantidad de energía. Ahora la astronomía puede escuchar al universo, cumpliendo así la última predicción de la Teoría General de la Relatividad de Einstein.
