La lucha de Karl Ove

Leer a Karl Ove Knausgärd es como leer un poco de cada ser humano. Knausgärd nos recuerda lo infinita que es la vida, mientras funde lo sublime con los pliegues de la cotidianidad, donde se va acumulando el sentido.

“La muerte del padre” es fulminante desde la primera línea. Knausgärd logra, a través del lenguaje, llegar a profundidades inusitadas para el alma. Transmuta el dolor, el miedo y las reminiscencias en cumbres literarias. Igual exsorciza demonios, que sienta con ellos a tomar una copa y fumar un cigarrillo para charlar.

Tiene razón Harold Bloom cuando dice que los mejores autores son aquellos que pueden leernos. Y Knausgärd logra leernos de forma nítida, transparente y honesta; mejor de lo que muchos de nosotros podemos.

“Escribir es sacar de las sombras lo que sabemos. De eso trata escribir”, nos dice en la primera parte de Mi lucha, sangre literaria que nutre la vida mundana. Karl Ove camina en esa frontera. Llega a los confines donde las sombras de la memoria habitan. Hace que las palabras fluyan para extraer lo luminoso de la vida y mostrarlo, contrapuesto a la muerte. ¿Se habrá inmolado a sí mismo, como dicen, para alcanzar la inmortalidad? Es probable.

Ahora hojeo el segundo libro de los seis que conforman la lucha y triunfo de Karl Ove. Deslizo desde la última a la primera página para oler, mientras aún conserve, ese inconfundible aroma a libro nuevo que ya ha perdido el Tomo I.

A single golf clap? Or a long standing ovation?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.