#24A Contra las violencias machistas

Pasó. Las violencias contra las mujeres en México son parte de la discusión pública [ruido, resistencias y juicios incluidos]. Hoy, por ejemplo, en Twitter y Facebook muchas mujeres están compartiendo [compartimos] testimonios/ideas sobre #MiPrimerAcoso. Testimonios que son como una puerta a un sótano atascado que asusta apenas al abrirlo, que enoja y asquea al explorarlo y que, sabemos, ya no puede seguir cerrado. Por eso mismo, pienso, las historias de #MiPrimerAcoso, — junto a otras que han circulado estos días, ejemplos de distintas violencias contra las mujeres, que trastocan, impactan, hacen recordar cosas — , son motivos para ir más allá de la coyuntura [necesaria para visibilizar], para articular la rabia, las denuncias, los reclamos. Tienen que costar caras estas violencias, tanto a perpetradores como a funcionarios negligentes, corruptos, cómplices. No es sencillo, esto ya lo comenté hace unos días y no he dejado de darle vueltas. Justo después de esa publicación, recibí desde comentarios que me cimbraron [una chica que a veces se siente paralizada antes de usar el transporte público] hasta invitaciones a conocer experiencias de mujeres que se están organizando, que están cuestionándose y que están compartiendo la alegría y el sentirse cada vez menos oprimidas. Y también de quienes dicen que «pinches exageradas». Todo esto me lleva a tener claro que, como no había ocurrido en mucho tiempo [disculpen si me gana la autorreferencia], estamos compartiendo la rabia pero ahora también el grito, la fuerza, y hasta me atrevería de decir: la esperanza de que se geste algo distinto. ¿Qué? Bueno, eso no es algo que se pueda responder de golpe, pero lo que sí sé es que estamos en uno de esos momentos en los que podemos elegir qué hacer [con todo y que el contexto es caótico. No todas las violencias son explícitas o directas, hay unas más sutiles y es más complejo desarticularlas]. Pero nos estamos mirando/escuchando/leyendo más unas a otras — no somos todas, ni pensamos o vemos lo mismo, lo tengo claro — . Aún así, muchas mujeres están atreviéndose a actuar: la campaña #NoTeCalles, cuestionada y todo, es un paso importante. Y hay que decirlo, también hay hombres que están queriendo escuchar/apoyar [con todo y que a algunos les cuesta trabajo].

La violencia contra nosotras NO es normal.

Entonces, hay que seguir. Marchar. Gritar con el rostro. Protestar con el baile. O como cada quien prefiera. Confrontar nuestros puntos de vista, nuestros contextos. Porque cuando digo #VivasNosQueremos no sólo pienso en las mujeres que amo. También en aquellas mujeres invisibilizadas, las que no tienen ni siquiera internet, las jornaleras, las universitarias, las trabajadoras del hogar, las prostitutas, las periodistas, las que jamás han pisado Ecatepec, las antropólogas, las escritoras, las ingenieras, las que no tienen casa, las migrantes. Pienso en aquellas que fueron brutalmente violentadas, desechadas. Aquellas que han sentido vergüenza/culpa de sus cuerpos. Aquellas a quienes no se les ha procurado justicia. Y en aquellas con las que difiero. Por eso este 24 de abril saldré a las calles y caminaré, aportando lo que puedo, mi trabajo: periodismo.

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