Una escena

Tomadas de la mano llegaron al andén del metro la chica de los tenis verdes y la mujer de camisa rosa. Se colocaron casi sobre la línea amarilla. Conversaban.

— ¿Te electrocutarás si caes? — preguntó la chica de los tenis verdes y señaló las vías de la estación.

— No hables de esas cosas — respondió la mujer de camisa rosa.

Saltaron a otro tema.Tenis verdes tenía más preguntas:

— ¿Qué tanto me quieres?

Camisa rosa dijo:

— Tú y tus preguntas. Ya sabes, pero, bueno, tanto como….

El convoy llegó. Me distraje. Tenis verdes y Camisa rosa se apretujaron y lograron acomodarse en un huequito pese a que parecía no entraría un cuerpo más al gusano atascado.

Yo no abordé.

— Qué bonito es que la gente se quiera así, ¿verdad? — dijo una mujer de cabello cano que estaba parada a mi costado izquierdo.

— Sí — solté.

Pasaron un par de minutos, luego, la mujer de cabello cano se dirigió nuevamente a mí:

— Si mi hermana hubiera podido andar así como esas muchachas, pero eran otros tiempos… — Lo son sí, pero hay quienes siguen pugnando contra lo que son y desean personas como Tenis verdes y Camisa Rosa, como su hermana, como yo, pensé mientras el siguiente convoy entraba a la estación — Ora sí me trepo y si no entro, me empuja, señorita.

Antes de que pudiera decir algo, la mujer de cabello cano se movió y se abrió paso entre los cuerpos de las otras pasajeras hasta colocarse en el pasillo del vagón y asomarse por la ventanilla. Seguí sus movimientos haciendo de lado que debía darme prisa. La mujer me sonrió y me lanzó un beso.

Tímida, correspondí su gesto. Su sonrisa me reconfortó.