Fábrica de robots inútiles, silla eléctrica de talentos e ilusiones
Mi posición y opinión sobre el sistema educativo que me ha tocado sufrir. La historia de cómo lo abandoné, y no me arrepiento.
De pequeño me gustaban más los videojuegos que los libros. Me gustaba más dibujar y pintar que escribir o leer; y ya contar, sumar o multiplicar… ni hablemos. Cuando iba al instituto, repetí dos cursos (2º y 3º de ESO, para ser exactos).
Tuve un profesor que constantemente señalaba el campo de lechugas que había frente al centro educativo y me decía “Mira lo que te espera como sigas así”.
No cambié mucho mi actitud. Es decir, decidí “seguir así” y a día de hoy no me arrepiento. ¿Algún día lo haré? No voy a ser yo quien diga que no. Pero de momento, ni de coña.
Las clases de Matemáticas o Lengua las solía pasar bocetando ideas o dibujando en mi Moleskine. En Música me dedicaba a tocar canciones con el piano (nunca lo dije, pero fui dos años a una academia musical en donde aprendí este instrumento… también algo de solfeo, aunque me resultaba bastante aburrido) y en Educación Plástica prefería aprovechar los recursos del aula para hacer mis propias composiciones y creaciones más que para calcular hipotenusas, meretrices y polladas de ésas.
Sólo obtuve una matrícula de honor en los 6 años que fui al instituto… en la clase de Informática, para ser específicos. Y porque el listón de esta clase estaba bastante bajo (que si retocar fotos con Gimp, identificar los periféricos de un ordenador, diferencias entre software y hardware…).
En ningún momento en todos los años que acudí encontré una asignatura motivadora o que se ajustara a lo que yo quería hacer el resto de mi vida. Profesores sí, algunos, de estos con los que te gusta dar clase… pero asignaturas en sí, no. Y claro, miraba los temarios para bachillerato y tampoco se ajustaban en absoluto a lo que yo quería hacer, por no hablar de que en el grado de Diseño Gráfico de la Universidad de Murcia figuran asignaturas como Matemáticas, Lengua castellana o Física y Química. “¿No se supone que estas asignaturas ya se han machacado bastante en la ESO y bachillerato?”, me preguntaba yo.
Cuando acabé 4º de la ESO decidí de forma definitiva dejar el instituto y buscarme la vida por mi cuenta. Lo pasé mal un tiempo, pero estoy convencido de que es una de las mejores decisiones que he tomado jamás.
Siempre consideré que tuve mucha suerte con mis padres, con los padres con los que “me tocó vivir”. Tradicionales y duros para lo que lo tenían que ser, y modernos cuando tocaba. Desde el primer momento me adviertieron que si tomaba la decisión de dejar de estudiar ellos sólo me costearían la comida (obvio) y la cama en la que dormía. El resto me lo tendría que comprar yo con lo que yo ganase o consiguiese.
Primero me dedicaba a realizar como freelance pequeños trabajos. Que si un logotipo por aquí, que si una página web por allí… luego, y gracias al Startup Weekend Murcia, estuve en el proceso de lanzamiento de tres startups. Ninguna de ellas salió adelante, pero aprendí mogollón de cosas que sin duda cobran un gran papel en mi vida de hoy. Y sobre todo, hice muchos contactos útiles.
Tardé cosa de 1 año en encontrar trabajo estable (gracias a uno de esos contactos que comentaba), y por fin pude dedicarme a lo que más me gusta en esta vida… sin matemáticas, física o sintaxis de por medio. A día de hoy lo sigo haciendo, y espero estar haciéndolo muchísimos años más. Por suerte, en este panorama empresarial (especialmente en el mundo de la tecnología) hay jefes que prefieren mirar antes tu portfolio que tus estudios.
¿De qué te sirve que tu empleado sepa mucho de teoría si en la práctica es un manta?
Por si os lo preguntáis o no me conocéis, estuve año y medio más viviendo con mis padres y trabajando (sobre todo al final de esa época), hasta que en febrero de este año (con 19 años y medio) decidí independizarme e irme a vivir solo a Valladolid para trabajar en Anfix Software. Hace apenas un mes ha venido también mi novia. Ella sí sigue estudiando, y le va genial.
Uno de los grandes problemas de nuestro sistema educativo es que pensamos que las asignaturas más importantes son las Matemáticas, la Lengua o la Física. Pensamos que saber hacer ecuaciones de segundo grado es más importante que estudiar cómo funciona nuestro sistema de gobierno o la organización de una empresa, por ejemplo. O que analizar sintácticamente una oración compuesta nos va a ayudar más en la vida que ver documentales de crítica social o de empresarios que han triunfado fundando startups.
Como apunte, dos de estos ejemplos (el del sistema de gobierno y los documentales) son cosas que se impartían en Educación para la Ciudadanía, una asignatura que ocupaba 1 hora a la semana y que el gobierno del PP fulminó cuando llegó al poder.
Este modelo, provoca dos cosas. En primer lugar, abandono (y aquí puedo hablar yo muy bien). Alumnos desmotivados, desganados, que prefieren tomar otra vía lejos de las aulas. Los hay quien prefieren irse a la construcción o a recoger lechugas (como bien deseaba para mí el profesor del comienzo del post), y los hay quien prefieren emprender sus propias ideas o hacer lo posible para encontrar el trabajo de sus sueños (que mucho me cuesta creer que sea en la construcción o en el campo).
Por otro lado, para los que sí acaban y “triunfan” en los estudios, nos encontramos con un alto porcentaje de robots a los que se les ha borrado de su disco duro todo tipo de talentos y se ha puesto en su lugar líneas y líneas de teoría y conocimientos que posiblemente no les valgan de nada en un futuro. Además, son robots a los que se les enseña una realidad que no es cierta… todos sabemos que el mercado laboral no es como lo pintan en las universidades ni los colegios, al igual que la carretera no es como te la pintan en la autoescuela.
Contaré una historia más antes de acabar y alargar más esta entrada. Es en referencia a un amigo, que recientemente ha estudiado bachillerato y se dispuso, hace unos días, a hacer las pruebas de acceso a la universidad (la conocida “selectividad” o PAU). Me dijo, textualmente, que le faltaba una semana para saber si iba a ser alguien con futuro o un “don nadie” toda su vida. Y lo dijo porque es lo que se enseña en las aulas, se enseña que si estudias tendrás trabajo durante toda tu vida y serás alguien de provecho… y que si no estudias, tendrás un campo de lechugas.
Una de mis frases favoritas del movimiento 15M fue, sin duda, “Tengo dos carreras y como mortadela”.
Estamos hartos de ver gente con estudios en el paro, y más en la época que estamos. Yo mismo podría elaborar y mostrar aquí una lista de diseñadores con su grado y máster acabado que andan vagueando trabajos de uvas a peras como freelance… diseñadores que han llegado a pedirme trabajo a mí, cuando años antes yo era quien quería estudiar diseño para “poder llegar a ser como ellos”.
Pero todavía a día de hoy seguimos pensando que lo que hay “ahí fuera” se aprende sentado en un pupitre. Todo el mundo tiene derecho a querer ser un ingenuo.
Apunte primero: en ningún momento estoy animando al abandono escolar. Si te gusta estudiar, te gustan las asignaturas y crees que lo que “te enseñan” te va a servir de algo, enhorabuena y adelante. Siempre estarás mejor con estudios que sin ellos… eso sí, jamás dejes que una asignatura te impida hacer lo que te gusta el resto de tu vida, y mucho menos si no tiene nada que ver con lo que quieres desarrollar.
Apunte segundo: creo que no hace falta explicar que esto no es aplicable a todos los campos. Lógicamente, si tu sueño es ser cirujano, no te queda otra que clavar codos… no quiero pensar que pretendes aprender por tu cuenta y, lo peor, practicando.
Apunte tercero: que nadie me venga con que si yo abandoné los estudios fue por situación familiar, etc. Alguna vez me lo han llegado a decir. Mi hermano mayor (de 6 años más que yo, para ser exacto) era siempre de los mejores de su clase. Acabó el instituto con buenas notas, estudió lo que le gustaba y trabaja de ello ahora mismo. Ambos tomamos caminos separados de forma totalmente voluntaria y creo que ninguno de los dos nos arrepentimos a día de hoy.
Apunte cuarto: recomiendo a todo el mundo “Tengo 18 años y ni estudio ni trabajo: monto empresas y hago lo que me gusta”. Cierto es que no me lo he leído aún (aunque lo haré), pero conozco demasiado bien a mi amigo Luis Iván Cuende como para saber que es una obra maestra y que servirá de ayuda a todo el mundo (estudiantes, no estudiantes, emprendedores, no emprendedores…).
Apunte quinto: también, puestos a criticar sistemas, critiquemos que en USA no te dan visado para trabajar si no tienes estudios universitarios. Otro gran amigo mío de 17 años (esta vez no diré el nombre) estuvo a punto de ser contratado por Dropbox pero le fue imposible por no tener estudios universitarios, cuando precisamente son los CEO de estas startups de éxito (Google, Facebook, Dropbox…) los que no acabaron jamás sus carreras.