Chocolates a 39 grados

Acitlali Vásquez
Jul 23, 2017 · 2 min read

Las paredes de la oficina eran azul cielo. El ventilador al pie del escritorio giraba una y otra vez. Ese ventilador que había alzado mi vestido la primera ocasión que entré a la oficina. El calor sofocaba a cualquiera que entrara entre aquellas paredes. Las secretarias escurrían el sudor en la frente, una iba y otra venía. La primera, vestía una falda lápiz en azul marino y se encontraba embutida en una camisa azul, todo indicaba que los botones saltarían en cualquier momento. La otra, usaba pantalón de mezclilla y una blusa blanca entallada que reflejaba sus costillas. Al fondo, en cada extremo, había dos puertas. La de la derecha era una puerta con cristales que reflejaba a quién se le pusiera en frente. La de la izquierda era una puerta de madera, estaba pintada con un barniz naranja. Lo que llamó mi atención, después de estar más de una hora parada frente a esta puerta, fue el calendario colgado justo a un lado. Funeraria “La económica”, decía. Estábamos en el mes de abril. Era miércoles. Traslados a cualquier lugar de la república. Servicio las veinticuatro horas del día.

La secretaria de los peligrosos botones entró quejándose de la hora. Las tres de la tarde, dijo, los miércoles siempre salimos tarde. Pregunté acerca de los horarios, un intento por verme menos hostil. Respondió y dijo que se moría de hambre. Tomó un frasco con chocolates, agarró uno. Chocolates a treinta y nueve grados centígrados, me disgustaba. Me disgustaba tanto como el calendario de una funeraria en la sala de espera de la presidencia municipal ¿cuántas veces en dos años habría sido útil ese número de teléfono pegado en la pared?

    Acitlali Vásquez

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    Últimamente evito decir “no entiendo a la gente que…” porque se supone que debería de entenderlas ¿no?