Diseño, tecnología y vida cotidiana

Museo del Metro

Hace algunos meses me viene interesando cómo vamos formando y reconociendo nuestras rutas a través de la ciudad. Me fui muy lejos pensando en los marcajes simbólicos que hacemos de los lugares: El lugar donde me dio mi primer beso, el panteón donde está enterrada mi abuelita, la calle de mi escuela primaria, etcétera. Cuando estuve viajando por Europa me di cuenta que una forma de ubicarme en las nuevas ciudades era a través del mapa del transporte público. Por suerte, en las ciudades que visité la mayoría de las rutas tenían paradas específicamente marcadas. Por tanto, gracias al Google Maps y a estas rutas, ya no era tan difícil perderme entre estación y estación con nombres en checo o alemán.

No pude dejar de pensar en el transitar por la Ciudad de México. Yo soy de provincia y las primeras veces que me tocó moverme sola a través de la ciudad fue con ayuda del maravilloso mapa de las líneas de colores y números. Porque seis años atrás aún no era tan fácil acceder a google maps, waze o esas cosas. Yéndome más atrás, tengo presentes los iconos de las líneas que usaba usualmente con mi familia cuando visitaba la ciudad. Quizás se quedaron marcados en mi memoria porque representaban a personajes que había leído en los libros de texto: Guerrero, Hidalgo, Zapata, etcétera.

Fue inevitable pensar en lo importantes que son los iconos del metro en la Ciudad de México y que dice mucho de porqué los usamos. La primera línea del metro fue inaugurada a finales de los sesenta, cuando aún había un gran índice de analfabetismo en México y era necesario pensar en una forma de transmitir a todos el nombre de cada estación; fue el diseñador Lance Wyman quién estuvo a cargo.

No todos tenemos las referencias y el background cultural para entender los iconos del metro de la CDMX. Pese ya un gran porcentaje de nuestra población sabe leer y escribir, no pensamos mucho en la genealogía de cada símbolo que vemos. Sin embargo, me parece bien bonito como pese a ello logramos crear esos anclajes simbólicos con los iconos. En una clase de antropología del arte que estuve tomando, el profesor Alfonso Alfaro decía que el arte, en buena medida, había sido una herramienta que creaba un lenguaje común entre todos los sectores de la población. Puso el ejemplo de Rubens en el siglo XVII y las imágenes como transmisoras de mensajes, en orden de una catequesis católica. Durante los mismos siglos en el América Colonial también surgieron códigos similares de transmisión de mensajes (bueno, no quiero profundizar tanto en eso pero creo que Gruzinski lo hace muy bien en su libro de Guerra de las Imágenes).

¿A qué voy con todo esto? Pues creo que esa función del arte se ha volcado al diseño. El diseño ha tomado esas riendas (el diseño visual pero también industrial, la arquitectura, la fotografía y el cine) está ocupando el lugar que antes ocupaban la pintura y la escultura como transmisora de mensajes aleccionadores y fuentes inacabables del “deber ser”. Observo, por ejemplo, como se ha marcado una línea estética tan sólo en el diseño de dispositivos electrónicos. El otro día hasta leí el concepto de “diseño del comportamiento” y me sonó muy agresivo. Sin embargo, yéndome un poquito atrás me di cuenta que desde siempre la tecnología (mis amigos arqueólogos no me dejaran mentir) , incluso mucho antes de la Revolución Industrial y el boom del American Way of Life los objetos no han hecho más que delimitar muchos de nuestras formas de hacer (tal como lo dice de Certau) y, en ese orden, nuestras formas de comportarnos. Es decir, marcando simbólicamente nuestra vida no sólo en los espacios públicos como el metro, también en nuestras casas: las estufas, los refrigeradores, la televisión, nuestro celular y la cantidad enorme de imágenes que vemos día a día en ellos.

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