Viejo lobo en el mar llamado Tinder
Me sorprendo a mí misma ocultando todavía cuando abro la aplicación de Tinder en algún lugar público. Sin embargo, a estas alturas de la vida he visto señoras usando Tinder en la fila para comprar el súper, a compañeros revisando Tinder en la escuela y hasta me he encontrado a amigos y familiares en esta famosa red social. La neta hoy estoy aquí para decirles que no tengo empacho en confesar que he usado Tinder desde el 2015, soy algo que denomino: Un viejo lobo de mar en esta app de ligue. Después de tanto tiempo de navegar entre los likes, dislikes y match aquí y en China, bueno no, y en Escocia y otros países… me siento con la autoridad etnográfica de contarles todas las historias que tengo en mi haber.
Seguramente muchas y muchos de ustedes se sentirán identificadas con ellas, no dudo que ustedes tendrán muchas historias más. Así que siéntanse con la libertad de contarme las historias que tengan por ahí. Porque, sin duda, en este mundo de los filtros y algoritmos, su experiencia en Tinder no es la misma que yo he tenido. Para empezar, debo de contarles, para quién nunca ha usado Tinder, que puedes elegir tus propios filtros de búsqueda. Es decir, puedes elegir entre hombres y mujeres, los kilómetros de distancia a los que se encuentran las personas y su rango de edad. Yo a estas alturas tengo los siguientes:

Contrario a lo que todas y todos creen, la consecuencia lógica de usar Tinder y conocer personas no es sólo coger. Así que les voy a contar la bonita historia de cuando Tinder me sirvió de couchsurfing en Escocia.
Resulta que yo vivía muy cerca de Glasgow en un pueblo muy pequeño llamado Kilmacolm y una de mis diversiones en mis tiempos libres, además de cultivar mi bello cerebro leyendo, era swipear gente en Tinder. Nunca salía con nadie porque mis horarios de trabajo no me lo permitían. Un buen día hice match con este sujeto español, él estaba en Glasgow porque iría a un concierto pero vivía en Edimburgo.
El muchacho me cayó muy bien, compartíamos algunos gustos musicales y platicábamos seguido por WhatsApp. Recuerdo que en diciembre incluso me invitó a pasar navidad con su familia en cuanto supo que la pasaría sola en casa. En enero finalmente conseguí varios días libres para conocer Edimburgo, así que me atreví a pedirle el hospedaje que ya me había ofrecido antes. Sin ningún problema me dijo que sí. Él estaba acostumbrado al ambiente de couchsurfing porque había viajado un poco por Europa y además había trabajado en varios hostales.
Así que así me fui a Edimburgo, tomé un autobús y en el camino iba muy nerviosa porque no conocía al sujeto. Tenía muy claro mi plan B, si no me agradaba el tipo simplemente me iría a un hostal y fin de la historia. Él quedó de irme a buscar a la estación de autobuses, así que, cuando iba a entrando a la ciudad le mande un mensaje y sólo tuve que esperar unos minutos para que él apareciera en la estación. Me acuerdo muy bien que nos dimos un abrazo nervioso y los dos nos sonrojamos bien rápido.
Sin embargo, la incomodidad duró apenas unos minutos en lo que caminábamos hacia su casa y me iba dando los por menores de la ciudad. Pasamos a una verdulería a comprar cosas para cocinar, haríamos arroz y un salteado de pimientos porque él era vegano y yo no tenía ningún problema con acomodarme a ese menú. Llegamos a su casa y me contó que vivía con su hermana, con el novio de su hermana que era polaco y otra española. El departamento me recordó mucho al ambiente estudiantil de los departamentos de CDMX.
Él era artista visual así que me platicó que estaba tomando unas clases en la universidad de Edimburgo y que debía asistir esa tarde. Así que yo caminé al centro de Edimburgo sola, caminé bastante y luego no sabía qué hacer. O bueno, sí sabía. Había esperado algún tiempo para ver Trainspotting 2 en esa ciudad, así que entré al cine. El regreso a casa fue fácil hasta que tuve que tocar el timbre y no me acordaba qué número era. Así que tuve que llamarlo para que le llamara a su roomie y éste bajara por mí. Recuerdo que me había prometido salir a la inauguración de una exposición e ir por unas pintas (cervezas, chelas, etc.), pero se canceló. Así que estuve temprano en casa y me invitaron un pay de manzana. Tuvimos una discusión con los roomies acerca del español ortodoxo y la RAE.
Dormí en un colchón inflable y recuerdo que me advirtió que apagaría la calefacción a cierta hora de la noche porque era muy cara. La ingenua Amalia creía que en todas las casas podían tener calefacción 24/7, como la casa donde yo vivía en Kilmacolm. Al siguiente día anduve de paseo por los museos, fui al castillo de Edimburgo y le tomé una foto para una amiga de la preparatoria de esas de:
Fulanito de tal el amor que Fulanita siente por ti llega hasta Escocia.
A la mañana siguiente, antes de irme, caminamos por el barrio dónde me hospedada. Era el Barrio de Leith, y hasta ese momento me enteré que era el mismísimo donde habían filmado la primera película de Trainspotting. Platicamos del trabajo, de las condiciones laborales de Escocia y España y por qué él había migrado a Edimburgo. También compartimos experiencias de au pairs porque él había trabajado algunos meses en Paris. Un trabajo que había odiado porque más allá de ser niñero había sido el chofer de tres adolescentes parisienses detestables. Se alegró mucho saber mis niñas era un par de duendes traviesos y que me hacían bastante feliz.
Finalmente pasé a su casa por mi mochila y caminé a la estación de autobús. No amigos, nunca cogimos. Nos caímos muy bien pero nunca sentí alguna atracción por él, sin duda ha sido de las personas más hospitalarias que me he encontrado y además me ahorré algunas libras de hospedaje. Mantuvimos el contacto a unos meses después y tan tan.
