Menos

Alan Cyment
Jun 29, 2018 · 2 min read
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Tal vez el desafío, el nuevo desafío, sea fabricar, inventar no en pos de mayor abundancia sino más bien, aunque parezca masoquista, pequeños oasis de escasez. Hace poco, tal vez un año, decidí hacer una dieta. La eterna persecución a la migraña, siempre esquiva y veleidosa, me hizo vegano y libre de gluten durante dos largos meses. Medicina ayurveda, no importan los detalles. Dos meses durante los cuales vi desfilar en mesas y bandejas delicias jugosas, dulces, especiadas o tostadas que deseaba pero no podía. Fue mi primer dieta en serio y conocí, más bien me topé con, un placer extraño, inesperado, que surge desde el corazón de la escasez. Tal vez haya sido deseo en estado puro, apenas intoxicado con la brisa virtuosa propia de quien se siente disciplinado. Parecía una libertad extraña, propia de quien decide permanecer encadenado.
Tiempo después me tropecé con Byung-Chul Han y su sujeto del rendimiento. Ese sueño siniestro, contemporáneo, repleto de libertad y autoexplotación, que somos todos en alguna medida hoy en día. El alimento de este sujeto se presenta en forma de manojo, o más bien geiser salvaje, de estímulos. Estímulos ante todo positivos, optimistas, apuntados a la acción y el amor. Todo, que encima es mucho, es positivo. Abundancia y encima positiva ¿Qué puede salir mal?
Respondemos entonces, dice Han, a todos ellos. O apenas a unos cuantos, porque la abundancia se torna fácilmente en una tortura agotadora y pegajosa. Hasta que explotamos, nos quemamos, caemos rendidos. ¿La solución? Han propone recobrar, resucitar, volver a lo negativo, para así recobrar el balance natural entre el sí y el no. Decir que no, rechazar.
Tal vez, como dice Galbraith, tenemos que aprender a convivir con la abundancia. Seguir con el patrón propio de la escasez en el que más es siempre mejor nos está matando. Literalmente.

Alan Cyment

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