El premio que no es

El Balón de Oro y toda su parafernalia vuelven a instalar la discusión en torno a la subjetividad, utilidad y relevancia de un galardón que cada vez se aleja más del sentido colectivo del fútbol en beneficio del marketing y el negocio detrás del deporte.
Hoy se celebró en Zúrich la edición 2014 de la gala del Balón de Oro, ceremonia en la que Cristiano Ronaldo fue elegido por segundo año consecutivo como mejor jugador del mundo con el 37,66% de los votos, superando a Lionel Messi segundo con el 15,76% y Manuel Neuer, tercero con el 15,72%.
Sin embargo, esta columna no tiene como objetivo evaluar si la elección del jugador portugués fue correcta o justa sino analizar los efectos negativos que genera la lógica individualista del premio en la manera en que observamos y examinamos el fútbol para su desmenuzamiento posterior mediante un juicio crítico que nos permita emitir una opinión consecuente en relación con el juego y su concepción colectiva.
“Un jugador, por más bueno que sea, no puede contra once rivales: y necesita del equipo. Viceversa: un equipo muy cooperativo necesita del talento individual y del atrevimiento puntual de sus jugadores tomados aisladamente. Un equipo será un mal equipo si juega para un jugador, por bueno que sea, Un jugador será un jugador incompleto si siempre juega para el equipo”.
Cabe citar al filósofo español Andrés de Francisco quién, al intentar establecer un paralelo entre el fútbol y la pedagogía, añade que el primero “es un juego de equipo formado por once individuos idiosincrásicos, con sus once espacios de libertad y responsabilidad”.
Partiendo desde esa premisa, es clave entender al equipo como un todo en el que los once jugadores/individuos comparten, y se reparten, ciertos niveles de influencia colectiva determinados por las responsabilidades y funciones que cumplen al desenvolverse como parte de una continuidad en la que todo movimiento está supeditado al anterior y a la vez condiciona al siguiente.
Porque podría argumentarse que la evaluación se realiza en función de aquel nivel de influencia al cual se suele catalogar como “desequilibrio”. Es decir, seleccionamos a los más desequilibrantes de cada oncena y los ponemos a competir para ver cual desequilibra más que el resto, tomando como referencia la influencia en los logros colectivos y las estadísticas individuales (datos objetivos que luego serán puestos en discusión desde nuestra evaluación subjetiva) .
No obstante, dicho argumento pierde consistencia al darnos cuenta que muchos de esos datos son producto, a su vez, de la interacción continua y necesaria de los diversos miembros de ese contexto llamado equipo. Porque al revisar el juego y su desarrollo encontraremos que previo a algún gol de Messi en el Barcelona hubo una pared con Neymar, algún centro de Dani Alves o a lo mejor una asistencia entre líneas de Iniesta.
Otros podrían objetar que el peso del gol es mayor respecto al resto de acciones puesto que “en el fútbol se gana con goles”. Pero semejante argumentación (que parte desde la obviedad) ignora el hecho de que dichos goles no se hubiesen concretado de no haber confluido de manera efectiva con el resto de acciones previas que lo conforman. ¿Con qué objetividad podríamos argumentar que la definición de Messi es más importante que el pase de Xavi o el quite de Busquets si todos forman parte de una misma continuidad?
Cambiemos los nombres y encontraremos un símil en las interacciones previas a los goles de Cristiano Ronaldo en el Madrid. Kroos, Modric, James, Carbajal, póngale el nombre que guste. Si no le alcanza busque la atajada de Neuer que salvo al arco del Bayern de Múnich de una caída que parecía inminente o, en todo caso, aquella salida rápida (a la usanza de un líbero) que permitió alguna contra que culminó en un gol de Robben o Thomas Müller.
¿Cuál es entonces el criterio que justifica la ponderación individual en perjuicio del colectivo del cual forma parte?, ¿cómo determinar qué influencia es más relevante que las otras? y ¿bajo qué parámetros valorar a dichas individualidades sabiendo de antemano que se desempeñan en contextos diferentes, los cuales a su vez están condicionados por ideas y modelos de juego distintos y diversos el uno del otro?
Ninguna de las cuestiones planteadas encontrarán una respuesta satisfactoria una vez que entendamos un hecho tan simple como fundamental para el asunto que hoy ponemos en discusión: que el equipo es el contexto y no hay dos contextos iguales. Simple.
A esta consideración se suman algunos factores adicionales, como el hecho de que dentro del universo que tiene la misión de votar por los candidatos seleccionados se pueda enumerar a amigos, compañeros y a entrenadores, actuales y anteriores, de los involucrados. Un factor que suma a la suspicacia que de por sí genera la influencia del marketing y los auspicios de las marcas deportivas ligadas al fútbol en su aspecto comercial.
La realidad, estimado lector, es que los premios individuales no deberían otorgarse a menos que estén basados en juicios de hecho (goles, asistencias, portero menos batido, etc.) y no en juicios de valor que fragmentan el juego, negándole ese sentido colectivo y de continuidad que no es otra cosa que el atributo inherente y fundamental que ostenta este deporte desde su concepción como juego.
Esto no quiere decir que las valoraciones subjetivas en relación al juego y el desempeño de sus interpretes no tengan lugar en el fútbol. Estas son completamente válidas, mientras no intentemos trasladarlas del plano particular y personal hacia uno general que busque imponer el criterio subjetivo como si de un consenso global y uniforme se tratase.
O quizás, tan solo quizás, el problema principal no radica en el Balón de Oro, la forma en que se otorga el galardón o que este parezca reducir la perspectiva de entrenadores, analistas y público a lo que hagan o dejen de hacer los dos jugadores más mediáticos de nuestra época. A lo mejor el problema no radica en lo subjetivo, y hasta trivial que pueda ser el premio, sino en la relevancia que le damos. Esa que nos hace ponerlo como tema principal de nuestra discusión futbolística o que nos conlleva a redactar un artículo sobre el mismo.