“échale ganitas pt. 2"

el zumbido sigue sin irse. para estas alturas ya lo das tan por sentado que es normal saberte acompañado por él. llegas al trabajo, el mismo trabajo que has tenido los últimos cinco años y en el que has pasado tan buenos momentos, y te sientas en el sofá de la sala de profesores. tus compañeros de trabajo te saludan y tú respondes con amabilidad y docilidad. siempre les has hecho comentarios sobre su apariencia, sobre sus gustos musicales, sobre todo lo criticable que pueden tener. y siempre se los has dicho de frente. pero desde que el zumbido ha estado en la parte de atrás de tu cabeza, cuando entras al salón de maestros sólo dices: “hola” y te sientas en el sillón. ya no te fijas quién está ahí. ya no haces bromas ni le pides a la gente que entra que te sirva café, nomás por chingar, aunque estés sentado al lado de la cafetera. tus compañeros de trabajo notan que algo está sucediéndote. sólo un par se atreve a comentártelo: “no me gusta verte así”. pero tú no entiendes el comentario. o si lo entiendes lo desechas porque te invade la misma desesperación que cuando ves el refrigerador vacío, o los platos sucios, o la ropa desbordándose. ¿qué puedes hacer al respecto? sabes que la respuesta es “mucho”, pero no tienes la menor idea de por qué empezar. entiendes el cómo, pero no el por qué. y luego viene lo peor de las tardes entre semana que sólo son una versión resumida de tu fin de semana: la paranoia. de pronto te golpea, de seguro todos están hablando de ti y de lo que te está pasando. los escuchas perfectamente. no tienen un tono insidioso, ni preocupado. tienen un tono neutro y eso sólo lo hace peor. esta noche de lunes estás un poco más despejado, el zumbido ha bajado de intensidad y la mano que te mantiene cabizbajo hoy ha cedido un poco. así que conscientemente escoges un disco, ladies and gentlemen we are floating in space de spiritualized, como si no lo hubieras estado escuchando una y otra y otra y otra vez las últimas semanas. dejas la aguja caer sobre el primer zurco, caminas a la cocina y te sirves un whiskey. te sientas en tu silla reclinable y pones atención a lo que está saliendo de las bocinas como si fuera la primera vez que lo escuchas. a final de cuentas, tienes que aprovechar estos lapsos de claridad que cada vez son más escasos.

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