“échale ganitas” pt. 3

es en esos momentos de relativa lucidez, cuando el zumbido baja de intensidad y la mano que empuja tu cabeza hacia abajo decide que puedas voltear hacia arriba, que te pones a pensar que quizá algo no está tan bien como debería estar. de pronto revisas tu libreta en la que minuciosamente escribes los libros que leíste en el mes, las películas que viste, los discos que compraste y descubres que un mes completo está en blanco. luego te das cuenta que llevas dos semanas sin lavar un plato y tres semanas sin ir a comprar provisiones. haces algo para arreglar la situación, pero gracias a la lucidez sabes que no lo estás haciendo bien. no como lo hacías antes. te extraña que tu familia, todos ellos depresivos clínicos en diferentes niveles, no te haya dicho nada, si acaso alguna palmadita en la espalda y un “échale ganitas” ocasional. quizá es momento de buscar ayuda. alguien te pasa el teléfono de un psiquiatra. ya antes has ido con uno cuando se divorciaron tus padres y cuando tenías problemas para terminar la preparatoria. así que en realidad estás en terreno más o menos conocido. la cosa es que nunca antes habías escuchado el zumbido ni sentido la opresión ni experimentado ataques de pánico de ese nivel (caminando en la calle al grado de tener que buscar una jardinera o algún lugar en el que te puedas sentar para recuperar el aliento y aminorar el golpe en caso de que te desmayes). vas a la primera cita con la psiquiatra que te recomendaron, pero no sientes ni emoción al respecto ni te da igual. lo haces casi mecánicamente, como toda tu vida los últimos meses. te pregunta por qué estás ahí y le explicas lo que has estado viviendo. la doctora tuerce la boca ligeramente. haces clic con ella porque te completa las frases sabiendo exactamente lo que estás sintiendo. por primera vez no sientes condescendencia por parte de un interlocutor, ni sientes que quiere llegar de golpe a la raíz de los problemas. ni siquiera te dice: “este es tu problema y lo vamos a atacar así”. al final de la sesión se levanta y te abraza para despedirse. te dice que la siguiente semana tendrá listo un plan tanto químico como terapéutico para comenzar a trabajar. no sales particularmente feliz de la sesión y sientes que algo faltó, pero al final sólo fue la primera y a ver qué va a pasar.

concluirá…

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