La Comprensión no busca Culpables

Adolfo Valderrama Porter
Nov 4 · 7 min read

Una mirada de Chile desde Colombia. Una invitación a Conversaciones Improbables.

Bogotá, fines de octubre, desayuno a las 7:30 de la mañana con Rosita Manrique, directora de Origen — Comunidad de Liderazgo. Le había pedido una reunión para que me pudiese contar de primera mano lo que se estaba haciendo en Colombia con el tema de generar líderes sociales y comunitarios, más allá de los “líderes” que generan los partidos políticos. Con Rosita ya nos conocíamos cuando estuvimos en un “Laboratorio de Interacciones Humanas” por allá por el 2012 en sus tierras. El encuentro fue muy grato y comenzó, dado su pedido, con mi explicación de las razones del porqué estaba ocurriendo lo que estaba ocurriendo en Chile. Una explicación es un entendimiento de cómo cada uno percibe lo que percibe, por tanto está obviamente sesgado por los propios juicios, creencias e intencionalidades del que las hace. Tal entendimiento fue MI entendimiento. Algo me comenzó a pasar mientras relataba los hechos que habían ocurrido y estaban ocurriendo en mi país, describiéndolos desde tan lejos y enfatizando que esta es una oportunidad única para nuestro país y también para el barrio latinoamericano.

Ella escuchaba atenta, y de cuando en cuando, preguntaba para lograr comprender a mi país. La verdad no recuerdo si las primeras lágrimas me surgieron al ir finalizando mi propio relato o cuando ella me mostró en un vídeo lo que ellos ya están haciendo hace 10 años en Colombia. Allí me di cuenta que no me había llorado a mi Chile, desde ese viernes de inflexión, habiendo sentido hacerlo. Habían sentimientos allá dentro que no sé aún describir, pero que sin duda ameritaban tales lágrimas.

El vídeo de tan solo 2 minutos, mostraba a 2 seres humanos: Wilson, ex policía no vidente desde el estallido de una bomba puesta por las guerrillas FARC, quien tuvo “mejor suerte” que varios de sus compañeros de armas que murieron en acción y Luis, ex guerrillero del Frente 49 de las FARC, hoy en proceso de re inserción social como desmovilizado. Ambos, participantes de una de las últimas versiones del programa de Liderazgo de Origen.

Intencionadamente ninguno de los más de 40 participantes del programa sabe quién es quién. La diversidad de líderes es la base del programa, lo que determina que durante meses conviven, aprenden, se transforman y sobre todo se conectan líderes sindicales, estudiantiles, comunitarios, pandilleros urbanos, gerentes generales, líderes de barras bravas, ex policías, víctimas de la violencia política, ex militares y ex terroristas tanto de extrema izquierda como de extrema derecha, mujeres y hombres de distintas edades. Ustedes se pueden imaginar lo que debe significar que seres humanos se encuentren en este camino transformacional con otros seres humanos que hasta hace muy poco tiempo atrás estaban dispuestos a matarse entre ellos. Wilson y Luis son hombres que, a pesar de sus supremas y radicales diferencias de ideología y de vida, terminaron fundidos en un fraterno abrazo y una amistad que ya no la rompe fuerza alguna en este mundo.

• ¿Cómo hacemos para unir a los improbables?

• ¿Cómo surgen de allí conversaciones improbables?

• ¿Qué hay en la esencia del Liderazgo que permite unir todos estos perfiles?

Estas son algunas de las preguntas que me regaló. Yo me quedé con la sensación nítida que estos programas efectivamente CONECTAN a seres humanos y en el preciso momento que ello ocurre, se rompen paradigmas, se bajan las defensas, se deja de argumentar en contra, se comienzan a transforman los juicios que cada uno tienen del otro. Me sentí tan tocado… no solo por mi Chile, sino por la emoción enorme que me embargó en ver que hay esperanza, cuando de verdad se desea avanzar en un convivir inclusivo. Me despedí de Rosita agradeciéndole de corazón su generosidad, no sólo por a escucha, sino por mostrarse abierta a colaborar, en la medida de lo posible, con la generación de nuevos líderes en nuestro país también.

Más allá de la sensación de desahogo con que salí de esa sorprendente reunión, algo me seguía dando vuelta, inquietando. Me preguntaba qué estaba ocurriendo en Colombia que permitía que hubiese experiencias exitosas como esta de Origen, más otras que supe en diversas conversaciones que tuve con amigos, en particular una que se llama “La Segunda Cena”, que ya describiré.

Ayer, volviendo a Chile, comprendí lo que, a mi juicio, está ocurriendo. Me surgieron dos distinciones: Entender y Comprender. Me di cuenta que aún estamos en el tratar de entender lo que nos ha ocurrido, por lo que nos hemos llenado de diagnósticos, acorde a las percepciones de cada quien que realiza su entendimiento. Y una constante que he visualizado, que si tales entendimientos son compartidos en redes sociales y diarios virtuales, el nivel de descalificación escrita no es menor. Es argumentación contra argumentación. Con buena voluntad (de la cual a veces carecemos), yo podría entender los argumentos del otro, pero aun así rebatírselos por que no concuerdan con los míos. “Te entiendo, pero…”, y justo en lo que continúa después de ese “pero”, mi posición (producto de mi historia y mi emocionalidad) toma control y busco que el otro entienda ahora mis argumentos “lógicos y objetivos” distintos a los suyos. Dicho de otra forma: “Te entiendo, pero estas equivocado”. Y allí comienza el inútil, cansador y poco efectivo juego de entendimientos, juegos que llevamos décadas jugándolo dicotómicamente. Es cosa de ver cuántos de nosotros cambiamos de entendimiento después de tales argumentaciones. Apostaría que el porcentaje es bastante cercano a cero.

Algo muy distinto al entender es el “comprender”. Comprender es “abrazar, ceñir o rodear por todas partes algo”. Comprender es personalizar, hacer propio el entendimiento y actuar acorde. Es tomar consciencia, integrando a uno mismo lo visto, descubriéndolo en un sentido más profundo. Para que ello ocurra, a mi juicio, debe existir una aproximación emocional, en que haya algo dentro de nosotros que sea “tocado” por esta comprensión, a través de un proceso de internalización que nos permita un nuevo estado de lucidez que nos lleve a la acción. Según Manfred Max Neef, las personas solo pueden comprender aquello de lo que cual se hacen parte. “Si no soy parte de…, puedo tener información pero no voy a comprender”.

La compresión, a diferencia del entendimiento, no tiene “peros”.

Si yo comprendo a alguien, ¿cabría la frase, “te comprendo, pero…”? Lo veo difícil, ya que si digo que lo comprendo, no hay pero posible. Por tanto, la comprensión es dicotómica, o lo comprendo o no lo comprendo. No se puede comprender a medias, no se puede comprender con peros. Consecuentemente, si yo comprendo algo, nadie podría objetar lo que acabo de comprender. Sería irrelevante que alguien me dijese “sabes no estoy de acuerdo con lo que acabas de comprender”. La comprensión es mía y no tengo que responderle a nadie por ella. Bueno, si me tengo que responder a mí, preguntándome qué haré con tal comprensión.

De hecho, la aceptación de un otro pasa por la comprensión. Viene desde la instancia que en la compresión nos ponemos, en la medida de lo posible, empáticamente en el lugar del otro, aceptando la forma en que el otro lograr ver, percibir algo, dejando de lado la “necesidad” que alguien tenga la razón sobre tal o cual temática o problemática. Es subirse al balcón y ver el escenario desde arriba, desde la compresión, dejando de lado la pelea chica, mezquina. La comprensión también tiene que ver con la perspectiva, el poder pararme desde un lugar de profundo respeto por el otro y ampliar la mirada de ese otro que está al frente mío más allá de los rótulos y los prejuicios. Para ello, sin duda, es necesario “diseñar” experiencias que posibiliten el encuentro con entre seres humanos más allá de sus títulos y de sus “identidades”, como lo que efectivamente ha logrado el Programa Origen, como otros que hoy se desarrollan en Colombia.

A mi juicio, el tema que pasa en Colombia con la experiencia radical de Wilson y Luis ya comentada, es que no se quedan en el Entendimiento, se mueven a la Comprensión. Si se quedaran en el “entendimiento” lo más probable que los “peros” impedirían ese abrazo “fraternal” final, sencillamente, porque se mantendría una búsqueda permanente de culpables. Desde la compresión, cada persona puede ver su propia responsabilidad en los hechos. ¿Quién se salva de responsabilidad en lo que ocurre en nuestra sociedad chilena? Creo que nadie, al menos, yo no.

La Compresión no busca culpables.

Además, la compresión tiene otra bondad maravillosa. Es que cuando se logra entre seres humanos de distintos posiciones espacios de comprensión, producto de haber podido compartir su pasado con sus dolores, tristezas y rabias incluidas, se abren las puertas para hablar de una convivencia futura y dejar de justificar un pasado del que NO nos pondremos de acuerdo. Para ello si se requiere soltar, para ello si se requiere perdonar.

Nos falta comprendernos. Nos falta dejar de priorizar nuestros “seres” como también de dejar de identificar los “seres” de otros.

Nos falta dejar de tildar al otro porque es de izquierda de “comunacho” o de derecha de “facho”, simplificación burdas que nada aportan. “La definición del ser dificulta el convivir” mencionaba Humberto Maturana, ya que cada uno, al defender su “ser”, critica y descalifica al otro “ser”, lo que ocurre exactamente lo mismo desde el otro “bando”. Don Humberto se pregunta: “Dado quienes “somos”, ¿qué podemos hacer juntos para un nuevo convivir? De hecho hay una pregunta anterior: ¿Deseamos un convivir conjunto? Wilson y Luis respondieron a esta última pregunta que SI… y desde allí encontraron el cómo, que siempre es secundario si existe el deseo de convivir con quienes no piensen igual que nosotros.

De hecho una eventual y deseada Asamblea Constituyente se trata justo de ello, de convocar a quienes justamente NO pensamos de la misma manera, para la construcción de un nuevo Chile, sin descalificaciones a priori.

Tarea tenemos al preguntarnos si estamos dispuestos a comprender y a actuar acorde, en cosillas tan simple como reflexionar sobre lo que publicamos, las conversaciones que abrimos, las vibras que emitimos, las emocionalidades con que queremos seguir enfrentando y aportando a este nuevo despertar de Chile. La comprensión es la llave que permitirá esas conversaciones “improbables”, si así lo deseamos.

Me contaba Rosita que la mamá de Wilson (el ex — policía) invitó Luis (ex — guerrillero) a su humilde casa a comer un buen sancocho (cazuela colombiana). Inexplicable, ilógico, absolutamente improbable el abrazo que le dio esa señora a Luis al recibirlo en la puerta de su casa, y aun así sucedió… producto del Perdón que es hermano de la Compresión.

    Adolfo Valderrama Porter

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