María de Nazareth.

La primavera de nuestro espíritu.

El autor no intenta escribir desde ningún otro lugar que no sea desde el propio sentir. Una reflexión a a partir de la propia experiencia y el propio amor a la Madre de Dios.

He escuchada a los Cristianos de Medio Oriente decir que se los llama Nazarenos por ser seguidores de JesuCristo el Nazareno.

Algunos vinieron desde oriente a contarnos su realidad, la de ser perseguidos, expropiados, deportados y matados solo por ser portadores de la buena nueva de un Dios que en su misericordia se hizo hombre.

Ella también fué incomprendida, perseguida y amenazada desde el mismo día de la concepción de nuestro amado Jesús. Ella también tuvo que irse a Egipto huyendo de la rabia llena de pánico de los poderosos que no podían tolerar la verdad de un Dios sencillo y misericordioso.

Ella y José, como los Cristianos de Medio Oriente de hoy, fueron difamados, incomprendidos y presos de la barbarie.

Y a los “sabios” de hoy también se les oculta el tierno y bello misterio de su vida y concepción. Virgen pura de toda pureza, en la inocencia perfecta del ser entregado al Señor. Donde la propia voluntad es todopoderosa, porque no es otra que hacer la voluntad del creador. Creatura que se pone frente al creador en la perfección de ser exactamente aquello que debe ser.

No puede haber mancha en ella. Porque en su “ser” humano advertimos el amor infinito que anida en todo humano. De su vientre provino el salvador. En su ser anidó la trinidad, como anida en potencia en cada uno de nosotros.

María, nuestra madre y nuestro ejemplo. Madre y discípula del Señor. A los pies de la cruz el mismo Dios hijo nos la encomendó. Y desde ese día esta en nuestra casa. Si nos aceptamos como discipulos amados, ella está con nosotros. Y entonces Jesús tocará a la puerta, y entrará y cenará con nosotros. (ap. 3,20)

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.