¡Oh, chicana ven a mí!

Adrian Pertoldi
Jul 27, 2017 · 3 min read

Cuando escriba periodismo deportivo no me refiero a todos. Aclaración.

No hay que tener una visión naif de esto. Es un formato televisivo que rinde en términos económicos y seduce al público en tiempos donde Netflix, Spotify, todo lo streaming y las redes sociales ya asestaron el golpe final a la televisión abierta. Que Fanny la Fan descanse en paz. Horacio Pagani gritando, yéndose del estudio, las risas colectivas, el enojo / show de hablar sobre el fútbol sin hablar del fútbol en sí. Que dinámica de lo impensado, que mecánica de lo trabajado, que, que, que y que. Flavio Azzaro y Ricardo Canaletti en un fragor verbal por Garrincha, que si es débil mental o no y una búsqueda de pelea después del corte. Roberto Leto acusando de “salame” a Mauro Palacios cuando River se acercaba a Boca en el campeonato. “Pero yo me la cogía”. Los viernes cantan cumbia de los `90 y hacen karaoke. Aplauden. Se ríen. Hacen la encuesta de quién es el sexto grande, de quién es el más grande del Interior. ¿Boca o River? Al que es ajeno, lo divierte, lo comenta en un café, lo dice para sentirse parte de algo. Al que se interioriza un poco más también le llama la atención, puede quejarse o tener solemnidad en Tuiter. Pero lo ve.

La estrategia no presenta fisuras. Escenografía común, panelistas, tres tapes como mucho y salimos al aire. Los números cierran pese al espectáculo reiterado. Y me pregunto por qué ante escenarios semejantes repetitivos el gusto del televidente perdura. No sé la respuesta. Y agrego que el televidente, ni bobo ni infradotado, elige calidad en otros ámbitos, no precisamente en éste.

El periodismo, no sólo el deportivo, carga históricamente un rol de entretener que es muy digno. La teoría planteaba ése cúmulo de que además debía informar y educar. Tachemos estas opciones. Busquemos en otros ámbitos, en distintas plataformas, no será por acá. Inmersos en el rol de divertir, la pregunta es cómo. Y en ese terreno, el periodismo deportivo acciona desde la insistencia. Se torna pavo, predecible. El que cubre Boca lo gasta a River por el descenso. Y que él nunca se fue a la B. Al revés, lo ridiculiza por no jugar la Copa Libertadores. El de Racing acusa de amargo al de Independiente, pero a su vez éste le enrostra que fueron una empresa. Si a un futbolista lo quieren dos clubes, se pelean entre ellos para determinar dónde irá, que le conviene ir al club que cubre y menosprecia al otro. El periodista se despersonaliza para convertirse en el símbolo de la institución, a la cual deberá defender y resguardar a como dé lugar. Un narcisismo a prueba de todo. Obvio, detrás de esto hay kioscos abiertos como tenemos todos. Gritos, muchos gritos, la chicana como base para estirar 120 minutos televisivos. Ser chicanero con estilo es una cosa. Sin muchas luces, como en la mayoría de estos casos, el panorama es desolador. Y me vienen las palabras del Turco Asís en su famosa pelea con Gerardo Romano en el programa de Mariano Grondona: “Sos un transgresor módico; un transgresor de living comedor. En la mesa de los transgresores no te dejarían ni cebar mate”.

Adrian Pertoldi

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Tres tres. Prensa y Comunicación Institucional. Licenciado y Profesor en Periodismo. Periodista Deportivo. Historia Joaquín V. González. Leer, escribir y leer.

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