Algunas razones por las que Telegram será popular en Venezuela (antes que caiga la dictadura)

Adrián González
Jul 28 · 9 min read

La aplicación de mensajería instantánea WhatsApp es imprescindible en la vida cotidiana de cualquier venezolano que porte un teléfono inteligente en el año 2019 y lo es también en la casi totalidad de Latinoamérica, a pesar de la existencia de otros servicios similares, que ofrecen interesantes características no disponibles en este momento en la popular aplicación del logotipo verde.

Uno de estos servicios es Telegram. A primera vista es un clon azul de WhatsApp, pero ofrece un abanico de características de seguridad no presentes en WhatsApp, además de contar con inmensas potencialidades para la organización de grupos muy numerosos de usuarios.

Telegram está siendo utilizado de forma muy efectiva en países con censura a medios de comunicación tradicionales, baja velocidad de conexión a internet o gobernados por regímenes totalitarios. Países donde hay bloqueos sistemáticos de blogs y páginas web de la prensa disidente, donde se suele inocular desinformación en Twitter, hay existencia de redes de trolls o son habituales arrestos sistemáticos a la disidencia política. Es decir, en países con realidades muy parecidas a las de Venezuela, que se encuentran luchando en pro de la libertad, en contra de la censura, la desinformación y la desconexión con sus realidades locales.

Los siguientes no son más que un puñado de casos notorios, relevantes, lecciones aprendidas que pueden ser extrapoladas en varios niveles al caso venezolano y que permiten inferir que, a la brevedad, Telegram terminará de convertirse en una poderosa y popular plataforma de intercambio de información entre venezolanos.

1. Hong Kong. Telegram como corazón de una revolución sin líderes.

Año 2019. La ley de extradición a China presentado por el gobierno de Carrie Lam, jefa ejecutiva de Hong Kong, es el motivo principal de las multitudinarias protestas que se vienen generando en el país desde junio del presente. Cientos de ciudadanos protestan, se coordinan y organizan de forma efectiva mediante decenas de grupos y canales de Telegram, algunos de ellos con decenas de miles de suscriptores.

A diferencia de WhatsApp, que posee un límite de 257 integrantes por grupo, los llamados “supergrupos” de Telegram tienen un límite de 200,000 personas. Pero los canales de Telegram, una opción que no posee Whatsapp, son otra opción diferente a grupos y supergrupos. Los canales permiten la difusión de boletines o mensajes de relevancia, enviados por un puñado de administradores, a una cantidad enorme de usuarios. Algo similar a un blog, o al TimeLine de una cuenta de Twitter pero enviado directamente a una ventana de chat.

Uno de los canales más relevantes de Hong Kong se llama 612 reminder y cuenta en este momento con más de 79,000 suscriptores. En él, se comparte información táctica de utilidad para quienes están protestando, notas sobre primeros auxilios, ubicación en tiempo real de los cuerpos policiales. Inclusive, se han llegado a tomar decisiones mediante consultas en los en los que los participantes votan en tiempo real (otra opción no disponible en WhatsApp), permitiendo que los multitudinarios grupos de manifestantes tomen decisiones grupales y acertadas in situ, que terminan siendo acatadas en conjunto.

Pero 612 reminder no es el único canal donde se organizan las protestas: hay decenas de grupos y canales, la mayoría en chino y algunos inclusive en inglés, donde se envían actualizaciones en tiempo casi real, con bajo consumo de datos, de lo que ocurre en cada instante de la manifestación.

Han sido llamadas “las protestas sin líder”; miles de personas se organizan, votan y comparten información en tiempo real y de forma descentralizada.

Por ejemplo: un día álgido en el que los manifestantes irrumpieron en el edificio del Consejo Legislativo, a través de varios canales y grupos de Telegram se compartieron las rutas de evacuación del edificio. En cuestión de minutos, con una rapidez incluso superior a la difusión en Whatsapp, cientos de miles de personas tenían en la palma de la mano la información divulgada.

2. Etiopía: velocidad de internet y persecución a la disidencia.

En casi todos los países de África (al igual que en América del Sur), WhatsApp es la aplicación de mensajería instantánea preferida. Etiopía es la excepción a la regla: Telegram es preferida sobre cualquier otra aplicación por los usuarios etíopes y las razones de esta popularidad se asemejan, en mucho, a algunas realidades que se viven (y sufren) actualmente en Venezuela.

La penetración de internet en Etiopía es muy baja (apenas 15% de la población tiene acceso a internet), de la cual poco más del 7% son usuarios activos de redes sociales. Los planes de conexión a internet son costosos y poco competitivos, debido al monopolio del gobierno etíope sobre todos los servicios de telefonía móvil e internet.

Usuarios han manifestado que las constantes actualizaciones de WhatsApp y el tamaño de descarga de la propia aplicación, son aspectos que juegan en su contra de su uso, porque muchos usuarios buscan ahorrar sus datos. También sostienen que el consumo de paquetes mediante el uso de Telegram es más ligero que el de WhatsApp.

Otra razón de peso para esta preferencia es similar a las anteriormente observadas en Hong Kong: Telegram facilita el activismo político y ciudadano. Pero también funciona como una poderosa plataforma de marketing, que permite establecer comunicación directa entre emprendedores, vendedores y clientes, de forma similar a la que se establecen en otras redes sociales, pero con inmediatez y la ventaja de no necesitar buscar en redes sociales o páginas web externas a la misma aplicación.

3. Brasil: servicios de mensajería instantánea: “el internet de los pobres”

En Brasil, WhatsApp es el rey. La aplicación fue el vector principal a través del cual se compartieron muchas de las noticias (algunas legítimas, otras falsas) que llevaron a Jair Bolsonaro a ganar alcanzar la presidencia.

Hay un fenómeno interesante que ocurre en Brasil, con respecto a la organización de usuarios mediante grupos de WhatsApp. La penetración de la aplicación es tan grande en los sectores más desposeídos que, en ciertos sectores de la población, WhatsApp representa virtualmente todo el internet que consumen. Al igual que en Etiopía, muchos usuarios acceden a ofertas propuestas por emprendedores, catálogos de productos y se hacen transacciones de compra y venta únicamente a través de WhatsApp. Pero también descargan información, música, videos y se entretienen a través de la mensajería instantánea, sin necesidad de utilizar realizar búsquedas adicionales en Google, Twitter o Facebook.

Por ejemplo, en Brasil se han detectado redes subterráneas basadas en WhatsApp donde se envía contenido cuidadosamente seleccionado a grupos de chats llenos de usuarios, evitando el proceso de búsqueda de esa misma información a través de redes sociales, servicios de descarga o páginas web que muchas veces, los integrantes de esos grupos, no conocen. En un artículo de 2016 se narra cómo un grupo de conductores utilizan grupos de WhatsApp, pertenecientes a redes privadas (para acceder a ellos, deben pagar una suscripción), para recibir información de tráfico que ya existe en otras redes sociales gratuitas, como Waze.

Esta forma de usar la mensajería instantánea en Latinoamérica también se ha detectado en Lima y en Santiago de Chile, donde a pesar de existir servicios como Zello (emulación de radios walkie-talkies basada en internet), Google Maps y Waze, sobreviven grupos de WhatsApp funcionando con el mismo objetivo.

En Venezuela también existen grupos infinidad de grupos de WhatsApp, con objetivos variopintos que van desde notificar a sus integrantes de las estaciones de servicio que están despachando gasolina en determinada ciudad, grupos exclusivos para notificar cortes de luz y grupos con curaduría de contenido exclusivos para pueblos o municipios.

La desventaja de usar WhatsApp para estos objetivos es que el cupo máximo de usuarios, por grupo, sigue siendo de 257 personas. Y las políticas anti-spam de WhatsApp pueden bloquear usuarios que reenvían información de forma masiva, entre múltiples grupos de WhatsApp.

4. Rusia: todo el internet, adentro de Telegram

A través de miles de grupos, los usuarios rusos comparten información multimedia desde hace años: texto, música, libros y películas. Pero también divulgan boletines e información proveniente de ONGs, activistas, partidos y movimientos políticos. Los usuarios rusos de Telegram se saltan la censura impuesta por su gobierno a documentos, convocatorias, artículos y denuncias publicadas en blogs, redes sociales y sitios de noticias bloqueados temporal o permanentemente en territorio ruso.

La información compartida permanece alojada en la nube dentro de los grupos y canales. A diferencia de WhatsApp, se encuentra disponible en todo momento, siendo una poderosa razón al momento de divulgar, de forma ordenada, información a un público numeroso.

Por ello, para por el Kremlin, al igual que para los gobiernos de China, Irán y Turquía, Telegram se ha vuelto un dolor de cabeza.

Tomando como argumento la lucha contra el terrorismo, el gobierno de Rusia llegó a solicitar a los representantes de la aplicación acceso a los mensajes de los usuarios, so pena de bloquear la aplicación en el país. Al verse imposibilitada de acceder por razones técnicas a la información solicitada, Rusia intentó bloquear el uso de la aplicación, recibiendo como respuesta una cadena de protestas de ciudadanos defendiendo su uso.

Con consignas como “no queremos televisión, queremos Telegram”, los ciudadanos se lanzaron a las calles a defender el uso del servicio de mensajería instantánea.

Hasta el momento, Rusia no ha sido capaz de bloquear totalmente a Telegram. Los desarrolladores de la aplicación implementaron una serie de técnicas diseñadas para evitar la censura y los usuarios rusos, con el uso de VPNs han logrado evitar las restricciones a la aplicación.

5. Puerto Rico: el talón de Aquiles de la privacidad

El más reciente acontecimiento que tiene a Telegram como uno de sus protagonistas es el escándalo de la filtración de las 889 páginas de chat de Telegram en un grupo que incluía al ex-gobernador de Puerto Rico, Ricardo Roselló, su gabinete y cierto círculo de confianza.

El talón de Aquiles de la privacidad en cualquier servicio de mensajería instantánea, sea Telegram, WhatsApp o cualquier otro, es que no son invulnerables a que algún integrante de un grupo (o canal), filtre de forma deliberada la información.

Tampoco basta contar con cientos de características de seguridad en una app de mensajería instantánea si el usuario no está informado de su uso seguro. En el caso del grupo de chat del gobernador de Puerto Rico, la culpa no la tuvo Telegram, sino los mismos integrantes, quienes compartían comentarios que eran, cuando menos, “irresponsables” para funcionarios públicos de su rango.

Pero ciertamente, Telegram tiene un cúmulo de características de seguridad importantes, con las que no cuenta WhatsApp.

Una de las características de seguridad únicas de Telegram es que no es necesario poseer el número de teléfono de un contacto para agregarlo o comunicarse. Basta compartir el nickname creado por un usuario, para contactarlo, sin necesidad de entregar un dato tan privado como el número de teléfono. Sin embargo, cada usuario debe poseer un número de teléfono para crear una cuenta en Telegram y por cada cuenta, se puede crear un número finito de canales y grupos.

Retomando el ejemplo de Hong Kong, donde una inmensa cantidad de grupos y canales han florecido en el contexto de las protestas del presente año, muchos activistas narran cómo ocultaban sus identidades frente a la policía, portando varias tarjetas SIM que insertaban en sus teléfonos y ocultaban si era necesario esconder sus identidades de la policía.

Otra característica interesante de Telegram, es que permite eliminar automáticamente la cuenta de algún activista luego un tiempo estipulado de inactividad o crear chats con auto-destrucción, opción llamativa al momento de compartir información sensible entre activistas que pueden ser detenidos y cuyos equipos pueden ser decomisados por fuerzas de la ley.

Todos estos casos permiten establecer semejanzas entre las diversas luchas por la libertad de información, expresión y de acceso a la información en varios países y su contraparte en Venezuela.

En medio de la presente lucha política, económica y social que libran los venezolanos, Telegram ha comenzado a volverse una herramienta de participación y articulación social, contando con canales de importancia la cuenta de oficial de los voluntarios de la Coalición Ayuda y Libertad Venezuela, con más de 34,000 suscriptores o la del presidente Juan Guaidó, con más de 29,000. Diariamente, más venezolanos se unen al servicio de mensajería instantánea atraídos por sus virtudes y de forma sostenida, más grupos y canales se crean para mantener comunicado a un país ávido de información y libertad.

Adrián González vive en Santiago de Chile. Es ingeniero y activista digital venezolano, coordinador de la comunidad Noticias Seleccionadas Venezuela y del grupo de Telegram Cazadores de Fake News NSV. Escribe en Twitter como @aaaadriaaaan

Adrián González

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Venezuelan Infocitizen and Engineer. I write about alternative media and web freedom and Venezuelan fight for democracy. #Venezolanosenchile.

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