Harry Potter, ese salvavidas
Rafa G. Escalona
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A juzgar por las referencias de tu lectura, asumo que soy bastante mayor que tú. Y por eso me ahorro los excesivos protocolos. Tengo 44 años. Te diría que le dieras un jab de izquierda a la nostalgia y volvieras definitivamente a Potter. Por experiencia, las lecturas de “unos años después”, a menudo saben mejor, aunque tal cosa parezca difícil.

En mi caso, tuve la suerte extraordinaria de tener hijas, supongo que más o menos de tu edad, y de viajar al extranjero. Primero Tolkien y luego JK Rowling agotaron mis exiguas dietas de alimentación, de viaje en viaje, tomo a tomo, por demanda de mis hijas. El Señor de los Anillos ya lo había leído cuando yo misma era una adolescente. El primer Harry lo devoré en una escala demasiado larga en Panamá, entre La Habana y Lima. Y desde entonces he hecho más tests en busca de Casa, varita y hechizo de los que imagino se recomiendan para una mujer de mi edad.

Un hombre sabio, un gran intelectual cubano, historiador y bibliófilo, me dijo una vez que le debíamos a Harry Potter la certeza de las lecturas nunca iban a desaparecer. Por eso regreso a él de cuando en cuando.

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