La tumba de Flavius Agricola en el Vaticano

En la década de 1620 se hicieron excavaciones en la basílica de San Pedro en el Vaticano, para poner el Baldaquino de Bernini, que aún está allí. Hubo grandes discusiones sobre cómo hacer (o no) las excavaciones, ya que existía el deseo (el temor) de encontrar la tumba de San Pedro, y nadie sabía cómo tratar la reliquia más sagrada que cualquier católico podía llegar a encontrar: el cuerpo del apóstol que fundó la Iglesia de Roma.
En la antigüedad clásica el Vaticano quedaba fuera de las murallas de la ciudad de Roma, y por esta razón había allí un cementerio (los cementerios intramuros estaban prohibidos). Constantino, el primer emperador cristiano, construyó una basílica sobre el lugar donde se suponía estaba la tumba de San Pedro. En ese mismo lugar se construyó la actual basílica de San Pedro, entre los siglos 16 y 17.

El cementerio se encuentra aún unos metros debajo, y es hoy conocido como la “necrópolis vaticana”. Además de tener tumbas cristianas, tiene tumbas paganas. Muchas fueron redescubiertas durante excavaciones realizadas en el siglo XX, durante la década de 1940. En el siglo 17 aún estaba todo por descubrirse.
Pero para gran sorpresa de todos, lo que finalmente aquellos excavadores encontraron en la década de 1620 no fue la tumba del apóstol, sino la tumba de Flavius Agricola, un señor que los miraba, cómodamente reclinado, desde mediados del siglo II d.C.

Junto con la tumba fue encontrada una inscripción en latín. Esta fue destruida, tal vez por su contenido pagano, pero no sin que antes alguien la copiara. Realizo una traducción al español:
Tibur es mi patria, me llaman Agricola,
también Flavio, soy el que descansa donde me ves,
tal como en los años previos que el destino me permitió,
cultivando mi pequeña alma y nunca faltándome el vino.
Primitiva, mi amada esposa, se fue primero,
también ella una Flavia, casta adoradora de la diosa Isis (1),
diligente y llena de belleza y elegancia,
con quien pasé felicísimos treinta años.
Dejó como consolación a su hijo Aurelio Primitivo
para que con su piedad cuide nuestro rango,
y despreocupada me preserva mi lugar en la eternidad.
Amigos que leen, les pido, compartan el vino,
beban lejos de aquí, coronadas los pelos con flores (2),
y no nieguen hacer el amor a las muchachas hermosas.
El resto, luego de la muerte, la tierra y el fuego lo consumen.
El sarcófago fue a dar a la colección barberini y durante el siglo XIX estuvo expuesto en la Galeria Sciarra, de Roma. Fue vendido durante la primera mitad del siglo XX y de alguna manera llegó hasta Joseph Brummer, un coleccionista de arte, y luego de su muerte fue puesto a la venta por Parke-Bernet Galleries en 1949, fue adquirido por French & Company, y finalmente por Alan Hartman y su esposa, quienes lo donaron al Indianapolis Museum of Art en 1972. Allí se encuentra hoy.
Notas sobre la traducción
(1) Deae Pharias o Phariae = Isis Pharia, así lo entiende la mayoría de los artículos o libros que he visto, aunque pharia es también un tipo de uva. En la Miscelanea Filológica de Carlos Féa, Roma, 1790, Volumen 1, p. CVIII, se cita una versión “restituida por un virtuoso”, donde se cambia Pharia por lyaei (=Lyaeus, sobrenombre de Baco, y por ende palabra que designa el vino, como en el cuarto verso). Imagino que el autor creó un juego de palabras donde la casta esposa era adoradora del vino.
(2) Esta frase era bastante difícil, en la op. cit. de Carlos Féa, pp. CVII-CVIII, se pueden ver versiones disímiles. Personalmente me hubiera gustado traducir, no sin licencia: “compren de nuevo el tiempo y florezcan”, pero prefiero ir con la tradición.
Atribución de imágenes
By Ricardo André Frantz (User:Tetraktys) — taken by Ricardo André Frantz, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2284684
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Indianapolis Museum of Art