La Pequeña Niña de Ojos Negros: “Passio” (III)

Rukia formulando el deseo…

Esta parte de la historia se titula Passio, palabra griega que denomina al sufrimiento y a su vez raíz etimológica de la palabra Pasión. En la actualidad estamos acostumbrados a utilizar el termino pasión con otra de sus acepciones mayormente asociada con el apetito o afición por algo en particular. En esta dualidad tan llamativa y agradable de sufrimiento y apetito, mi relato se ajusta perfectamente.

Estoy sentado en el templo de la Diosa, ella esta frente a mi sentada con sus piernas cruzadas como meditando, tímidamente toco uno de los dedos de sus pies por un reflejo instintivo quizás sabiendo internamente que estoy solo debajo de sus pies; observo sus ojos y su boca como quien mira la tentación hecha carne. Ella tiene un rostro que se ilumina con cada sonrisa en perpetuo cambio entre el odio y la felicidad, es un Gemini de rostros cíclicos. No me doy cuenta que las horas pasan, el templo es un limbo, la pequeña niña apuñalo a mi tristeza y esta se desangra, sangra una felicidad que disfruto como pocas veces. La necesito, me gusta, mi cuerpo la desea.

Estoy obnubilado por la claridad de su piel, no puedo resistir, tengo que poseerla, estoy nervioso, muy nervioso, ella se ve diferente se ve gigante, imponente.

Un ruego sale de mi boca “¿La puedo besar?”. La Diosa me observa como evaluando el futuro, siento que esta en un predicamento interno, pero igual accede generando la mayor sorpresa que me he llevado en este año. Estaba cumpliendo un sueño era increíble todo iba a una velocidad supersonica.

En un movimiento muy rápido casi de relámpago, desatándome de las cadenas del miedo me acerco, la rodeo con mis brazos y la beso, lo siento, la siento, siento por primera vez los labios de una deidad, lo confirmo no es humana sus labios me están quemando pero no puedo detenerme quiero mas, necesito mas.

En la mitología griega los héroes eran aquellos hijos de la mixtura de un linaje divino y algún representante terrenal, a sabiendas de esto una aparte de mi sentía que por unos segundos estaba envuelto en una de esas leyendas, era un Anquises contemporáneo, aquel pastor o príncipe que fue amante de la mismísima Afrodita sin saberlo, la diosa del amor, la belleza y el deseo se le presento oculta en un disfraz y cada vez mas pensaba que eso era lo que estaba sucediéndome. Me encontraba frente a la inmensidad de un cuerpo pequeño en una desnudez impoluta la cual era sin dudas un rasgo divino, mi boca tenia una sensación infernal de gula quería comer su cuerpo, quería que sea miá.

Su figura estaba llena de Ambrosía, ese néctar divino que me volvía demente, de su cuerpo emanaba la inmortalidad infinita la cual yo bebía buscando vivir para siempre.

Todas mis historias tienen un punto de inflexión donde todo se declina, y como este capitulo se titula sufrimiento, este no demoro en llegar, cual Ícaro que trato de acercase a Helios aprendí que los humanos nunca estaremos a la altura de los dioses y el castigo a mi sacrilegio me hizo ver que para ser dichoso hay que sufrir un poco mas, en la agonía me retemplare para salir del laberinto y así poder disfrutar de Diosas todopoderosas, los otros dioses me dijeron implícitamente que todavía no era digno.

En un flash se desvaneció mi sueño, sus ojos cambiaron o quizás fueron los míos que veían al mundo a través de un filtro gris, mas tristes. Mi tristeza había dejado de sangrar, estaba mas fuerte que nunca, me golpeo y me impulso a escapar del templo, herido y culpable de insultar a los Dioses…

Continuara…

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