I.

En su día hubo un chico itinerante. Era más de ciudad, aunque en el campo se fundía con la naturaleza como si aquella fuera su casa. Nunca le gustó estar en un mismo sitio, a pesar de que sus traslados siempre vinieron condicionados por lo que había ahí fuera, ya fuera por razones de corte familiar, económico o simple, pero caprichoso, azar.

El chico también tuvo problemas de niños. A veces tuvo un profesor que no le comprendía, otros chicos que le impedían desarrollar como flores recién nacidas sus aptitudes, un familiar con el que no se sintió a gusto. Un cambio que no encajaba en el paradigma que su pequeña cabeza trataba de confeccionar en un entorno maleable. El hecho de ser un niño hacía que estos problemas se magnificaran hasta límites poco concebibles para alguien de edad más avanzada. Lo típico. Para todo el mundo era típico, excepto para el chico y pocos más, que fueron precisamente los que le ayudaron.