Moments

Adriana
Adriana
Aug 8, 2017 · 3 min read

Ésta será una entrada muy cortita. Sólo es para platicar algo que hizo que me cayera el veinte…y que después vi en una imagen en Instagram (la que aparece en esta entrada).

No sé en qué momento de nuestra vidas empezamos a obsesionarnos con ser felices. Lo digo porque cuando veo a mi hijo jugar o hacer cualquier actividad, a veces se me ocurre preguntarle: “Hijo, ¿eres feliz?” Y él, por lo general, voltea, me dice que sí y sigue con sus actividades.

¿En qué momento el ver a las hormiguitas ir y venir del hormiguero se vuelve una actividad banal? ¿En qué momento nos ponemos mal si no somos felices? ¿Recuerdan la primera vez que se dieron cuenta que no eran felices?

Yo sí, han sido muchos eventos en los que no me he sentido feliz. También hay situaciones en las que me he sentido eufórica…que no podía caber de tanta felicidad.

Yo sé que no estoy descubriendo el hilo negro con lo que les voy a decir, pero todos modos lo voy a escribir: La felicidad está hecha de momentos.

No creo que haya algún adulto que siempre esté feliz. Así 24/7. Digo NO CREO porque estoy suponiendo. No tengo datos que indiquen lo contrario. Probablemente algún monje budista en un monasterio sea súper feliz. O una viejita nonagenaria sea la campeona en felicidad. La gran mayoría de los mortales, no somos felices (o sea, siempre).

Podría enumerar varios momentos felices de mi vida: Cuando me tocó coronar a la virgen María en el kinder (es que era rifa en todo el preescolar y tuve la suerte que me tocó a mí); cuando recibí mi primer reconocimiento por “Aprovechamiento y conducta”; cuando recibí mi cinta amarilla en el Tae Kwon Do; cuando di mi primer beso; cuando supe que estaba embarazada…¡uf! Hay tantos momentos.

Precisamente el jueves pasado disfruté de un momento sumamente feliz. De esos que casi te olvidas hasta de que existes…y realmente no fue tan “grande” como los que mencioné en el párrafo anterior: Fui con mi hijo a comer a un restaurante que él me había pedido ir desde hace días. Y no, no es nada de McDonald’s o lugares así. Él cuida más su alimentación que yo :). Total, fuimos a comer y le dije que después de la comida podía ir al área de juegos (nosotros estábamos en la mesa justo afuera del área infantil). Entonces, los dos comimos muy contentos, disfrutando una buena plática (las mejores pláticas que he tenido han sido con este muchachito desde sus dos años que ya se soltaba como periquito) y después, se fue a jugar. Yo traía un libro que estoy leyendo que me tiene embobada — pronto tendremos reseña- y pedí un café. Ya cuando voltée a ver el reloj, ya había pasado una hora y mi hijo y yo estábamos simplemente disfrutando el momento (cada quien a su manera). Creo que después sólo sonreí (como hace mucho no lo hacía, así, sin motivo), inhalé y terminé mi café. Ya estaba nuevamente lista para enfrentar el mundo.

Ese sentimiento bonito de ese día me ha durado hasta hoy. Quiero recordarme que uno no debe buscar la felicidad. Ella ya está ahí, sólo nos hace falta apreciarla.

¿Cuándo fue su último momento feliz?

Adriana

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I'm not smart enough to pretend I'm a fool

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