Ojalá…

No voy a detenerme a decir por qué he dejado de publicar en casi dos meses, si prometí que alimentaría este espacio de manera semanal. Sólo digamos que pasan cosas y ya.

Ahora…bueno, hoy, encontré la inspiración en un fragmento que alguien publicó (quiero decir amigo, ¿puedo llamarte amigo?) de un escrito de Elvira Sastre. El completo lo pueden encontrar aquí, pero citaré la frase que me impactó:

ojalá mis hijos sean como ella
y lleven su alma

No sé, fue una hecatombe de recuerdos y deseos. ¿Por qué? Porque aún recuerdo cuando alguna vez le dije a quien ya no mencionamos más: “¿Te imaginas a alguien con mi nariz y tus labios? ¿Con tus habilidades para el deporte y mi empeño para el estudio? ¿Con el cabello rizado como nosotros?”

Después sucedió, aquí estaba el Panqué…después sucedió también que a quien ya no mencionamos no estuvo más. También sucede que muchos dicen que se parece a él. Otros dicen que mi hijo es idéntico a mí. No sé, incluso mi mamá me dice que se parece a mi padre biológico, pero de él no tengo ya el más mínimo recuerdo.

Deseé tanto ese parecido presente, físico, tangible…que nunca se me había ocurrido decir lo que escribió la Sastre: que lleven su alma (y aquí digo, ¡qué bueno que no! con un toque de humor y otro de sinceridad).

Pero, ¿saben? sí me gustaría eso. Alguien que lleve un poco (o un mucho) el alma de la persona que llegue a amar, a admirar, a respetar y a tener por compañero. Antes, la simple idea de pensar en la posibilidad de poder encontrar a alguien más (después de un “failed marriage”, si nos atrevemos a etiquetar) o cuando mis amigas me decían que me presentarían a alguien (cosa que aún no pasa y ahora lo tomo con mucho humor) me llevaba hasta el llanto. Así que imagínenme en la oficina, tomando café con las amigas, y de repente, suelto el llanto…y las otras ni cómo poder pasarme ni la servilleta del sandwich **rolling eyes to that image**

Creo que hay pocas cosas más o igual de hermosas que ver la trascendencia del alma de quien amas en un “mitad tú, mitad yo”, citando lo que canta, creo, Alejandro Fernández y creo también escucharla antes con Pedro Infante.

Gracias a esa oportunidad de ver ese escrito (más bien, a ti, por publicarlo), para darme cuenta que nada está perdido; al contrario, hay mucho qué soñar y lograr todavía.

Y…fin del post :)

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