Lo que realmente pienso…


Después de lo que ha pasado en Francia con Charlie Hebdo, no soy capaz de ver tan claramente a los buenos y a los malos en el mundo actual. Ni con unos, ni con otros. Así podría resumir mi opinión en la mayoría de asuntos. No es que crea que los demás analicen supinamente peor la realidad que yo, ni mucho menos. En mi opinión, no es cuestión de inteligencia o de cultura posicionarse en una u otra posición rápidamente. Mucho más sencillo. Creo que muchas veces lo que define que nos apoyemos en un bando u otro es algo tan básico como el miedo.

El Roto, dando en el clavo

Fue el miedo lo que llevó a los romanos a no cruzar las columnas de Hércules. Más allá del Mediterraneo, terribles criaturas rondaban el mar. Fue el miedo el principal sustento de la Gran Muralla China, del Muro de Berlín, de la Guerra de Vietnam, el 11-S y su represalia… De un sinfín de masacres en nombre de lo pagano y lo sagrado, de reyes, dioses y tesoros. Si nos paramos a pensar, el miedo es una constante de nuestras decisiones como especie. Como no podía ser menos, es el miedo a lo diferente lo que lleva a los europeos a rechazar a los musulmanes.

Así que donde hay miedo, también hay cobardes. La Historia ha estado repleta de ellos. Y mira tú por donde, creo que es ahí donde encajo a la perfección. No lo digo porque quiera autoflagelarme para expiar mis pecados. Lo creo, porque no soy capaz de posicionarme rápidamente, puede que también por miedo. Sé que es así porque he visto la injusticia ante mis ojos en más de una ocasión y no he intervenido, porque yo también tengo miedo.

Pero eso no debería ser el amparo para limitar la libertad en el mundo. Eso no debería ser la ley suprema que rija nuestro destino como humanidad. No sé cómo evitar el miedo. Para ser sincero, no creo que se pueda conseguir. Pero sí creo que en ciertas acciones debemos ser capaces de hacerlo, o perderemos nuestra virtudes más humanas; la piedad y la solidaridad.

Goya. 3 de mayo

Cuando el inmigrante salta la valla en busca de algo mejor. Cuando la familia es deshauciada por un sistema injusto. Cuando los campos son rociados con sal y gasolina. Cuando hermanos se ven forzados a matarse en guerra. Cuando los inocentes son fusilados. Cuando las voces de las mujeres callan cuando querrían gritar, romper con el machismo. Cuando alguien en algún lugar del mundo da su vida para que yo pueda seguir siendo un cobarde, no sé hasta cuándo. Ahí más que nunca debo ser capaz de no tener miedo y de decir bien alto que se acabó. Por ellos; los valientes.

Por desgracia, las palabras no bastan y somos más conservadores de lo que creemos. Espero que el miedo no nos haga cerrar los ojos a dos religiones que comparten muchos puntos en común. No puede ser el miedo el que permita que volvamos a vivir una Guerra Mundial. Pero por temor, no me posiciono claramente a favor ni de unos ni de otros. Porque en nombre del consenso ya se han cometido demasiadas tropelías. Sólo estaré con aquellos que tengan clara una cosa; es hora de que nuestras vidas dejen de estar dominadas por el miedo.