Pon el perro a dormir

Creación seleccionada y presentada para el II Encuentro Nacional de Escritores Jóvenes Jesus Gardea 2014

Pon este perro a dormir, ya no te sirve.

Tienes uno nuevo que te deje compañía nocturna

y pelo en las sabanas

que te impregne de su olor salvaje.

Salvaje, esa otra palabra para lo nuevo,

que pronto también se domestica

y se resiste al movimiento

se desquebraja ante las mismas batallas

que culminaron con mi aullido.

Pon este perro a dormir, ya tienes un reemplazo

que dure el tiempo que lo necesites,

que no es igual al tiempo en que se quiere.

Juega con él, déjalo vivir en tu habitación;

excepto cuando te agobie

con la insistencia

de alguien enamorado de un amo

y no un igual.

Sácalo a pasear, es una linda compañía para el parque

que te da fauces de seguridad por las noches.

Júzgalo de tonto, con palmadas por haber

hecho el truco del lengüetazo que te gusta.

Castígalo, cuando tome confianza

y lama sin ser solicitado,

cuando husmee entre tus cosas.

Fíate de su lealtad. Cuídalo cuando pequeño

y en su vejez ignóralo cada vez más.

Que sea un mueble más de uso común.

Otro hocico familiar al que saludar

se vuelva un raro suceso.

Cuando enferme, interrumpe el curso

de la naturaleza, el curso

de las emociones que le perdiste

y él mantiene.

[Cualquier otro día]

Pasa en la calle, de casualidad

-convéncete de que sucede así-,

un perro lindo y de andar fuerte,

de buen diente y ladrido amable.

Ignorando lo que el olfato le diga,

Llámalo, elige llamarlo.

Con el nombre que leíste en tu guión de hoy.

Atribúyele una personalidad acorde

a tu humor del día.

Vuelve a casa, prometiendo

volver a pasar tus dedos por su nuca.

Termina con el procedimiento.

Saca al viejo de la pata rota,

con una mueca contrariada

a lugares blancos, que podrán

parecerle las puertas de un cielo

en el que volverá a correr detrás tuyo.

Pon el perro a dormir.

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