Decepción

Que peligrosa te has vuelto, creo que ni tú sabes el poder que tienes en tus manos en este momento.
Cuida de quien te enamoras, cuida siempre quien se enamora de ti.
No me has lastimado de la forma de la que podrías creer, no me duele, no me genera tristeza o ira, me provoca decepción; eso, cariño, es peor de lo que te imaginas.
Te pensé de más, más de lo que tú me pensaste a mi; creo que te llegué a pensar más cerca de mi de lo que realmente estabas.
Carajo, seamos sinceros, tú puedes lastimarme y yo seguiré devoto a ti, maldita seas por eso.
Acepto las disculpas que me des, las que no, también.
No tenías que irte realmente, pero tranquila, no te diré “quédate”, no esta vez.
Eres libre de irte, no voy a mantenerte más junto a mi.
Creaste la solución al problema que yo te propuse. Te salvaste a ti, me dejaste a mi, te quedaste con todo y me dejaste esperando más de nosotros.
No lo estabas dando todo de ti hacia el final, creo que debí notar las señales; perdón por no hacerlo, estaba muy ocupado amándote.
Listo, no nos debemos nada, no espero nada; ha acabado, lo has terminado y realmente me dejaste sin fuerzas para pelear.
No tengo fuerzas para pelear por ti (ni si quiera estoy seguro de que eso es lo que realmente quieras) , no tengo fuerzas si quiera para pelear por mi, para levantarme de donde me dejaste tirado.
Creí que esta vez sería diferente, creí de más, es me fue el problema, confié demasiado en nosotros, debí darle más crédito a los errores (terminaron echándolo todo a perder).
Me gustaría que algún día me devolvieras cada beso que te di y que de paso me dieras unos de más, como reserva para la vida que tendré que llevar sin ti.
No se que clase de “adiós” sea el que me diste, pero sin duda es uno marcado con fuego, intachable, irreparable (al menos por ahora).
Si aquel beso no hizo que te quedaras, nada lo hará.
