Cuando el destino nos alcance. Ady Rueda

En 1973 una película de ciencia ficción le decía al mundo que algún día, bastante cercano, el destino vendría por nosotros: un destino labrado por las propias acciones humanas en contra de la naturaleza que transformaría el escenario social en una obra de decadencia económica y moral.

El mensaje parecía claro: es mejor tomar acciones preventivas que correctivas, es decir, hay que entender los indicios y darles una solución antes de que las consecuencias nos lleven a la tragedia.

Eso, como a la ciencia ficción misma, es algo que no nos hemos tomado muy en serio y lo entendí platicando con una de mis mejores amigas a la que sólo llamaré ‘chica pole’. La ‘chica pole’ y yo no somos las millennials que deberíamos ser y prueba de ello es que nuestra incursión en las redes sociales siempre se debió más por asuntos académicos que de ocio.

Nuestras habilidades para hacer amistades o tener una vida social exitosa son escasas, pasamos la vida enfrascadas en nuestras labores profesionales y domésticas no sólo por la compulsiva obsesión y los delirios de perfección sino también como un escape a los pensamientos existencialistas que nos agobian.

Tanta es nuestra obstinación por sentirnos productivas que las jornadas laborales se pueden extender hasta 12 horas sin problema y todo por el suculento orgasmo que nos provocan las frases “¡Excelente trabajo!” “¡Qué haríamos sin ti!” “¡Quedó perfecto!”

Pero como todo deleite sexual aquello tiene su precio: el aislamiento y una personalidad que raya entre el autismo y la neurosis. La ‘chica pole’ incluso estuvo a punto de perder el trabajo por su falta de contacto humano con los godínez con quienes comparte oficina, el ultimátum de su jefe era preciso: o te relajas o te vas; y cayó en una crisis de ansiedad al verse frente a frente con el abismo del desempleo.

Tendría que dejar de lado las cargas excesivas de números y documentos para enfrentarse de nuevo a los temores profundos causados por la edad y los fracasos amorosos así que, por recomendación de otra amiga a la que llamaremos ‘linda N’, decidió formar parte de la comunidad de Tinder. El destino la había alcanzado…ahora a través de su celular contempla diariamente un enorme menú de hombres a los que, con su dedo mágico, selecciona (por su físico y aficiones parecidas) esperando ser correspondida para pasar a la segunda etapa en la que ya no son extraños sino “match”. Una vez ahí espera (porque el orgullo es otra de nuestras características) a que uno de los “platillos” inicie una vacía conversación que empieza con una presentación básica con nombre y edad para terminar con dos posibles opciones: “Hay que conocernos” o “Mándame una foto” (inserte emoji de changuito tapándose los ojos aquí).

No hace falta que aclare con detalles que sus encuentros son para un desestrés casual pero, como el destino ya nos alcanzó, me confesó que recientemente empezó a fantasear con encontrar el amor en el amplio catálogo de hombres que en el 99% de los casos sólo buscan sexo a cambio de unos cuantos clicks.

Ahora se encuentra inmersa en el escenario decadente pero aún está a tiempo de evitar la tragedia. Con cabeza fría le pedí que siguiera tomando a la red social como una cuestión totalmente superficial,- si el amor es de por sí un ente complejo no quiero imaginar la magnitud del horror de esperarlo de un lugar más atroz que un antro-. Y si es verdad que existen excepciones (y por ahí dicen que los milagros) lo mejor es que dejará que llegaran a ella con hechos y no con salidas esporádicas y mensajes escasos.

Nuevamente la derrota nos hizo reír: estamos más cerca de los treinta que de un buena posición laboral y la titulación, trabajamos para las deudas y no tenemos casa ni auto propio, gran parte del sueldo lo destinamos a terapias psicológicas; ella aún vive con sus padres y yo pago tributo a mi casero, vivimos con canas y ojeras, sin anillo de compromiso y sin hijos, con altas expectativas en el amor que se desmoronan con las palomitas azules que nos aquejan todos los días. El destino nos ha alcanzado.

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