Una historia en el paraíso: Coachella, parte 1.

Disclaimer: este es mi primer post en Medium (me cansé de lo perverso qué es Blogger para Móvil, tanto en su interfaz web como en su app para Android). Por acá los seguiré actualizando acerca de mi viaje.

Ayer finalizó, con gran tristeza para mi uno de los festivales de música más grandes del mundo: Coachella. Contado por alguien que planeó este sueño hace 10 meses, por acá les traeré la historia de mis vivencias en el festival a través de una serie de posts qué cubrirán ciertos aspectos del mismo. Cualquier duda, pregunta, comentario ¡bienvenido sea!

Parte 1: viviendo en el valle de la música.

Escribo este post a bordo del avión que me llevará a San Francisco para la tercera parte de esta travesía (la primera parte fue en Los Angeles y la segunda en Coachella Valley). Hoy se presentaron muchos inconvenientes para salir de esa última ciudad: el bus que se suponía me iba a recoger a las 10:30am nunca apareció. Cuatro horas de espera y nunca llegó, cosa que aún no me explico, mucho menos siendo una compañía estadounidense en donde la mayoría de las veces la persona es la prioridad.

Si algo me ha cambiado la mentalidad en la semana que llevo aquí es lo bella que es la gente en el mundo y como te pueden ayudar de mil maneras. En este caso, cuando llegué a Cathedral City (la ciudad en la que me hospedé durante el festival) salí a comprar unas cosas a un Walmart cercano a la casa y mientras estaba buscando una ropa alguien se me acercó y me preguntó que si iba al festival. Habiendo respondido afirmativamente el hombre me dio su tarjeta: trabajaba en el festival haciendo Carpooling (en términos Colombianos: compartiendo viaje con alguien en carro). El primer día me llevó a cada pero a los dos siguientes no estuvo disponible. Impotente de saber que llevaba cuatro horas y media esperando un bus que no iba a llegar y que iba a perder mi vuelo, habiendo recurrido al banco para saber si mis tarjetas de crédito tenían alguna cobertura en el exterior para un conductor elegido e incluso pidiéndole ayuda a la amable señora que me hospedó durante esos días en Cathedral City, recurrí nuevamente a Eddy, a ver si me podía dar una mano.

Interludio: este avión tenia que despegar a las 8:55pm, son las 9:28 y apenas dejamos tierra, problemas con el computador de vuelo, al parecer. Día de retrasos hoy.

Continuando… Eddy llegó y logramos convocar a dos personas más con nosotros qué también estaban esperando desde la mañana. Arrancamos desde la estación de bus de Greyhound en Thousand Palms (si la buscan en Google y de casualidad hay manera de verla con Street View verán que está en la mitad del desierto). Mucho tráfico para poder llegar a Los Angeles, por lo que un viaje que normalmente se toma máximo dos horas se convirtió en uno de cuatro hasta mi llegada al aeropuerto. En el intermedio me tocó llamar a Virgin America a cambiar el tiquete, con tan buena suerte que solo me cobraron 25 dólares por el cambio (siendo el fee normal 100 dólares). Se siente extraño llamar y hablar en inglés por teléfono, “gagueé” mucho pero lo logré.

Eddy, si estás leyendo esto: ¡Nuevamente muchas gracias por haberme salvado la vida! ☺

¿Han notado algo? Comencé por el final, eso fue lo que viví hoy, pero no he entrado en detalles acerca de lo que iba a escribir, so here we go!

De Los Angeles al paraíso…

Viaje por tierra de dos horas y media, fue en bus e hizo tres paradas, una de ellas en la famosa “San Bernardino”. Si me lo preguntan esa ciudad da miedo: es como ver un crimen por todas partes: gente con actitud sospechosa, ciudad en mal estado (semáforos, calles, la basura), pero bueno, continuando con nuestra historia: a medida que nos acercábamos a Thousand Palms (ya saben la historia y la ubicación: 72–480 Varner Road) se veía el paisaje de desierto: montañas rocosas de unos colores hermosos, arena por doquier pero a su mismo tiempo las palmas que tanto caracterizan el paisaje Californiano. Sabía que iba a ser especial esto.

Una vez llegamos a la estación, Mary, la persona que me iba a hospedar me recogió: se convirtió en mi mamá Estadounidense por tres días porque se preocupó por todo y me ayudó a que mi estadía fuera de mi completo agrado. Tanto así que me acompaño a comprar unas cosas que necesitaba a Walmart (¿les suena de algo con lo que escribí más arriba?), salimos a comer a un casino en Indio (la comida era muy buena y además muy barata) y de paso recorrimos la ciudad y vimos el Empire Polo Club por fuera: palmeras iluminadas que le daban un ambiente surreal al venue, y eso que solo lo estaba viendo por fuera en ese momento. Fue un día muy largo y debía preparme para lo que iba a vivir al día siguiente, así que cuando llegamos tomé una ducha y luego me fui a dormir.

Mary, if you’re reading this: again, thank you so much for everything that you’ve done for me!

Coachella Valley es un sitio grande que está comprendido por varias ciudades: Cathedral City, Palm Springs, Indio, Coachella (como ciudad), siendo Indio la que alberga el evento. Lo que debía hacer, dada mi ubicación era tomar un bus que me llevara hasta un mall comercial llamado Westfield y de allí tomar el shuttle que me llevaría directo a los Polo Fields, siendo ese primer día el más caótico ya que me demoré dos horas en llegar al venue, habiendo salido desde la casa a las 11:30am.

Cuando entramos al lugar en donde los shuttles nos dejaban en ese momento quedé anonadado: un campo verde, enorme, lleno de palmeras pero a su vez adornado con la cadena montañosa y desértica al fondo, un paisaje surreal. Cuando me bajé y comencé a caminar veía a la gente correr, saltar de felicidad, escuchar montones de “Fuck Yeah” o “This is Coachella”; La vibra de la gente en ese momento era brutal: todos sabían que estaban en un paraíso, en uno de los festivales más grandes de mundo y en un lugar que sería su casa durante tres días consecutivos, al menos así me sentí yo. Algo que me impresionó muchísimo es el hecho que todo, absolutamente todo el personal del festival, fuera de logística, de seguridad, de Frontgate (el vendor de las boletas) deseaban a los asistentes qué se divirtieran, qué tuvieran un buen rato, qué estaban en Coachella. Inclusive algunos chocaban la mano, cosa que terminaba de añadirle mucha más vibra bonita a la experiencia. Absolutamente increíble esa actitud, en serio.

A pesar que sé que a muchos no les importan esas cosas para mi eso le añade un valor especial, porque todos saben en qué lugar y momento están, saben la magnitud del evento, saben la diversión, la energía y todo lo que se experimenta allá. Todos hacen parte de esa vibra conjunta que respira allá y eso es tremendo.

Dos checkpoints para la manilla y un control de seguridad bastante laxo para el evento en el que estábamos y con eso oficialmente entrábamos al paraiso: un campo verde hermoso que nos recibía con una rueda de la fortuna (o ferris wheel) y un campo enorme con seis escenarios, cada uno con sus particularidades: Coachella stage (el principal), Outdoor Theater, Gobi, Yuma, Sahara y Mojave. Había uno adicional que es el DoLab: ¿Han visto los videos de Coachella en los que hay un escenario en el que se pone sólo música electrónica y se rocía con pistolas de agua enormes a la gente mientras baila? Ese es el DoLab, era realmente pequeño pero pintorezco.

Por un momento, mientras trataba de mapear el sitio en mi cabeza me quede pensando: ¿realmente esto está pasando? Fue algo sublime. Habiendo reclamado mi locker, empacado los pequeños sándwiches que había comprado el día anterior para comer, haber ido a llenar mi Camelbak con agua y haber comido algo, era hora de la acción.

Estamos cerca de San Francisco en un vuelo relativamente tranquilo, viendo a mucha gente con su manilla puesta (incluído yo), seguramente regresando a casa. So, les contaré algo más antes de aterrizar, ¿vale?

El tema del Outfit allá es cierto: hay nenas allá en grupos luciendo vestidos blancos, negros, coronas de flores, botas estilo californiano, escotes extravagantes al punto de mostrar todo (literal) y con la percepción que luciendo eso iban a ser el centro de atracción en un sitio con 150.000 personas al tiempo. Eso es lo que menos me importó del festival y lo menciono porque en un post de The Insiders Collective acerca del show de Foals (en el que estuve) alguien comentó que el publico era muy “muerto” y alguien más respondió a ese comentario diciendo que lo único que importaba era el Outfit por encima de la música: eso es cierto y falso, siendo más lo segundo qué lo primero. Hay una calidad de personas allá qué uno no espera ver en otra parte: gente que te habla, te pregunta cuál show te ha gustado más, que si viniste desde Colombia solo al festival, etc. Ese es un tema que tengo previsto tratar en esta serie de posts un poco más adelante.

Por el momento veo una ciudad enorme y una mancha oscura qué supongo es la bahía o el océano Pacífico, signo que nuestro vuelo está a punto de aterrizar, entonces hasta acá llega esta primera parte de mi relato. Espero mañana poder compartir la segunda parte con un poco más de detalles y datos acerca de los shows qué vimos el viernes.

Sí llegó hasta aquí, ¡Muchas gracias por leerme! Prometo imágenes en esta entrada pronto, ya que con el cambio de Blogger a Medium la cosa mejora bastante en ese sentido.

Un saludo desde el aire en territorios San Franciscanos… ☺