Fin: la historia contada, una semana después

Sábado, 11:32pm (GMT -7, para ustedes en Colombia ya es domingo). Siempre había visto al viajero que se tira en el frío suelo de un aeropuerto a dormir como un guerrero que merecía respeto, quién sabe, ¿podría estar de regreso a su país? ¿El avión original lo había dejado? ¿Le tocaba esperar una escala muy larga? En cualquier caso me parecen muy berracos en hacer eso. Y aquí estoy yo, pensando que nunca me iba a tocar algo así porque nunca pensé en viajar como lo hice en estas dos semanas…

Estoy en la Terminal 5 del aeropuerto internacional de Los Ángeles, el mismo que me vio llegar el 11 de Abril y comenzar este sueño que logramos cumplir. Hace un poco de frío y aquí estoy con mi equipaje: mi maleta, mi morral guerrero que me ha acompañado a todo lugar y una bolsa que se me rasgó en el vuelo desde Las Vegas hacia acá, en un intento de atajarla porque se me iba a caer (y tiene montones de cosas dentro). Llegué desde Las Vegas a las 9pm y debo esperar hasta las 6am para abordar el avión que me llevará a Atlanta, de ahí esperar otras dos horas y luego abordar el avión que me llevará finalmente a Medellín. 9 horas de espera aquí, 12 horas de viaje mañana, 21 si le sumamos la espera anterior y aún así aquí estamos. El cansancio no nos ha vencido y aunque lo hará eventualmente en algún momento mañana esto termina de añadirle un poco más de sazón al montón de experiencias vividas.

(El sujeto que les escribe y sus pertenencias)

¿Recuerdan que estaba haciendo una serie de posts para contarles mi experiencia? Resulta que estaba muy inspirado haciendo el de mis vivencias de Underworld durante el vuelo San Francisco-Las Vegas. Cuando aterrizamos y desactivé el modo avión no sé por qué Medium me botó todo el texto. En Android no hay Control-z. Se perdió el post.

Ahora intentaré reconstruirlo, pero basado en lo que uno podría llamar «historias de aeropuerto». Aquí, aprovechando que este servidor no dormirá en las próximas 10 horas o más intentará contarles esta historia llamada Coachella en dos partes: un interludio que les debo respecto al Sideshow de Underworld y Bob Moses y las generalidades y vivencias en el festival, la semana pasada. En este justo momento se está llevando a cabo el fin de semana 2 y a esta hora debe estar el combo de Axl Rose haciendo de las suyas allá. Pero bueno, a lo que vinimos, so, here we go!

Parte 1: El interludio de la historia (o el abrebocas de la misma)

Miércoles 13 de abril: mi segundo y último día en Los Ángeles (sin contar el jueves, ya que medio día lo usé para arreglar mi maleta y medio día para viajar a Indio). Quería conocer Santa Mónica pero no fue posible porque debía asistir al show que ya había reservado tiempo atrás (y el cual no me iba a perder, por obvias razones). En serio lo intenté pero el bus que me llevaba directo se demoró más de hora y media en pasar y no tuve el tiempo, así que aproveché para saldar la deuda con el observatorio Griffith aquel día y luego ponerme en camino a Pomona.

Antes de salir para el lugar tuve que hacer una parada de emergencia debido a que los únicos zapatos que llevé desde Colombia se dañaron miserablemente con apenas dos meses de comprados, así que después de encontrar unos tennis perfectos arranqué. El evento se llevaría a cabo en el Fox Theater la ciudad de Pomona, California así que debía tomar un tren desde Union Station que se tardaría aproximadamente 55 minutos en llegar, recorriendo a su paso solo tres estaciones… ¿saben algo? Es increíble la interconexión de los trenes acá en Estados Unidos: son un medio de transporte muy rápido, relativamente cómodo y accesible a muchas partes centrales. Ojalá algún día aprendiéramos.

12:14am, casi tres horas desde que llegué de Vegas… ¡hay moral! Se ha ido rápido. Al menos no estoy solo en la causa: un trío de señores que parecen rusos (el acento con el que hablan) tienen un cambuche, supongo que esperando hasta ahora por algún vuelo. La terminal está vacía y solo se ven los funcionarios de limpieza y funcionarios de la TSA caminando. ¿En qué estábamos? Ah, sí, en la ida al Fox… let’s continue!

Acá estaba buscando una posición para no seguir sentado. 12:41am escuchando el sonido de la aspiradora pasando una y otra vez…

(Tratando de estar lo más cómodo posible)

Retomando, nuestro tren nos llevó hasta Pomona, una ciudad pequeña pero bastante acogedora en donde lo primero que vi cuando me bajé en la estación fue un edificio bastante luminoso con el texto «Fox» en la parte superior y un tablero blanco al frente, de esos a los que se les pueden colocar las letras dependiendo del show que se va a presentar, a la vieja guardia. A las afueras del teatro había una fila de unas 20 o 25 personas las cuales, de una manera ordenada esperaban a que se abrieran las puertas del teatro, eso mientras todo el staff de seguridad se preparaba: vestidos con camisetas color naranja que los distinguía de cualquier persona, estos comenzaron a dejar entrar a los asistentes recibiéndolos con un «How was your day, sir?», un «Have fun!», cosas que difícilmente veremos en Colombia alguna vez: el mismo staff sabe que hace parte de ese momento y de verdad se lo disfrutan. Ese detalle para mí hace la experiencia mucho mejor porque hay empatía con los asistentes y ellos saben que son parte del público también.

El Fox en todo su esplendor mientras anochecía. Foto de mi autoría (@Astantler)

Sé que estoy interrumpiendo mucho pero son las 2:10am, he intentado quedarme dormido un par de veces pero estoy tan incómodo, aparte del piso frío y las brilladoras y aspiradoras que han hecho de las suyas con el ruido, que es difícil poder concentrarme. Me he distraído un par de veces leyendo cosas o viendo que se puede encontrar de interesante un domingo a las 2am, pero bueno. Continuemos…

Logística impecable, entrada muy rápida y ya estábamos en el Fox: es un teatro similar al Royal Center en Bogotá por el tamaño, siendo el primero mucho más cuidado en su arquitectura y teniendo una acústica maravillosa. Estuvimos dentro a las 8:45pm, esperando tener a Bob Moses en escenario a las 9. Mientras tanto me sorprendió el hecho que no fue un sold out y pues había bastante espacio para poder bailar y disfrutar del show, aunque pensándolo bien eso hizo que fuera aún más mágica la presentación. Un minuto después de las 9 y Bob Moses estaban pisando el escenario, con un público un tanto distraído y un dúo que se nota un tanto “introvertido”, sobre todo hablando del vocalista el cual parece ensimismado mientras que su compañero se mueve frenéticamente mientras hace lo suyo con el synth. Personalmente me encantó el magnetismo que tiene su música: son un par muy muy talentosos que lograron combinar el sonido electrónico con una voz “soulful” además de instrumentos que terminan de darle un toque mucho más original. 50 minutos de introversión, de soltarse en escenario y de bailar a su ritmo: canciones como “Talk”, “Grace” o “Tearing me up” eran las encargadas de sumergirlo a uno en un mood oscuro, pero a su vez suficientemente poderoso como para moverse a su ritmo, así fuese despacio, suave, sutilmente. Había esperado mucho tiempo para poder verlos en vivo y personalmente no me arrepiento, a pesar que sentí que el público fue injusto y poco comprensivo con ellos porque, por obvias razones todos estaban esperando el plato fuerte, cosa que no quiere decir que Moses no hubiesen hecho lo suyo, pero bueno… Al día siguiente los volvería a ver en Coachella con un mejor público y con la banda un poco más relajada y haciendo lo suyo.

Bob Moses en escenario. Foto de mi autoría (@Astantler)

Debo hacer un paréntesis aquí: los saludo hoy Martes 26 de Abril. Llegué a Colombia el domingo a las 11PM (a mi casa). No logré continuar el post desde el aeropuerto porque sencillamente el agotamiento me venció y a pesar que no dormí durante toda la noche la cabeza no me daba para seguir luchando contra mi incómoda posición física y el piso frío del aeropuerto. Intenté “descansar” lo que más se pudo y una vez más le reitero mis respetos a los viajeros que hacen este tipo de cosas muy seguido, ¡kudos para ustedes! Y bueno, aquí continuamos parte de nuestra historia.

Terminaron su presentación a las 9:50PM y el staff comenzó rápidamente a organizar todos los elementos necesarios para la presentación de Underworld: un Mac (nunca falta) y un elemento al que le llamaré “nave espacial”, un tipo de máquina muy grande que podría decirse cumplía las funciones de synth, drum machine y mixer la cual sería comandada por Rick Smith a lo largo del viaje que estaban a punto de darnos. 10:01PM y el dúo sale a escenario, aplaudido eufóricamente por un público que revivió después de no haberse sentido en el show anterior: estábamos en frente de una banda que ha marcado precedentes en el panorama electrónico, y ojo que uso esa palabra de manera muuuuy genérica pero pienso que ellos, desde sus principios al igual que con The Chemical Brothers (sus contemporáneos) supieron encaminar el ritmo de un género que apenas estaba naciendo y no estaba viciado por ningún personaje que lo único que hace es mezclar canciones en Spotify y decirle al público “MAKE SOME NOISE!” (Sí, te hablo a vos, Calvin Harris). ¿En dónde nos quedamos? Ah, sí, Underworld en escenario: saludaron a su público, tomaron posiciones y acto seguido comenzaron con “I Exhale”: Karl Hyde, vestido con un buso a rayas blancas y negras, con una sonrisa y moviéndose hedónicamente inmediatamente nos capturó mientras esos beats potentes sonaban desde la nave espacial en la que Smith estaba al mando… ¡Imposible no bailar! Eso fue otro punto con el que supe que lo que estaba viviendo era surreal: aquellos quienes me conocen y han podido compartir conciertos conmigo saben que se mueve mas una tabla que yo, pero por alguna razón (bien justificada en este caso) fue imposible no moverme, así fuera erráticamente y sin un patrón de movimiento definido, ¡pero qué carajos! ¡estaba a 6.500 kilómetros de mi casa! nadie me conocía, nadie juzgaba, so…

No recordaba haberme movido tanto en la vida como en ese concierto, nunca…

Cowgirl. Foto de mi autoría (@Astantler)

Después de tremendo inicio se vino una tanda que nos aseguraba que no nos íbamos a quedar quietos: “If Rah”, “Juanita Kiteless…”, “Ova Nova” y “Nylon Strung”, una tras la otra, sin descanso. Cada vez que había cambio de canción en un tablero detrás del escenario los nombres de las canciones aparecían durante unos segundos, eso fue otra cosa que me sorprendió gratamente: el cómo algo tan sobrio puede enganchar tanto, siendo en este caso el talento inmensísimo que tienen lo que importaba, por encima de las visuales despampanantes, rayos láser, tableros LED’s enormes proyectando fractales y cosas así (ya saben a quién me refiero nuevamente, ¿cierto?). Después de esa tanda llega una de las canciones que aseguraba un desenfreno total: “Two Months Off”. Cuando apareció su título en tablero grité absurdamente y simplemente me dejé llevar por esto:

You bring light in to a dark place
Walking in light, glowing walking in light
Gold ring around you, the hues of you
The golden sunlight of you

Casi ocho minutos de gloria en esa canción. Lo que se venía era mucho más pesado: “Eight Ball”, “Jumbo”, “Ring Road” y “Push Upstairs”. En esos momentos un pensamiento cruzó mi mente: ¿Así se sentía ser un raver en el Haçienda a principios de los 90's? ¿Así se sentía sólo dejarse llevar por la música, desinhibirse sin necesidad de drogas, sólo con el efecto de la música, música perfectamente hecha? También pensaba en que es desafortunado saber que Underworld es tan poco conocida a pesar de ser una banda con prácticamente treinta años de trayectoria, de ser pioneros que se reinventan en cada álbum, de ser esos que sin nada de ostentosidad y con una clase impecable son capaces de demostrarle al EDM que es basura. A los millenials que la radio les enseñó que Calvin Harris, Diplo o Skrillex es lo máximo que pueden encontrar en la vida: dénle una escuchada a este par y me cuentan.

En “King of Snake” Hyde se retira y deja “en solitario” a Smith para que haga de las suyas, al igual que en “Dirty Club”: más o menos unos 20 minutos en los que fue imposible liberarse del hechizo de ese aparato produciendo sonidos que llegaban hasta más allá del subconsciente, sonidos que por seguro pusieron a moverse a más de uno. Cuando Karl regresó al escenario lo hizo a lo grande: “Low Burn” era su siguiente interpretación, canción que había esperado y pensaba que no iban a tocar porque imaginaba que el set se iba a acabar en cualquier momento (llevábamos mucho más de una hora, sólo era consciente de eso porque por el show había perdido la noción del tiempo completamente). Grité de la felicidad tan absurda que sentía en ese momento al saber que una canción que consta de palabras “espaciadas” por la manera en como Hyde las interpretaba, junto con una pista densa, iba a ser tocada. En ese momento me moví más de lo que lo había hecho anteriormente…

“Rowla”, “Rez” y “Cowgirl” no nos bajaron del mood en el que estábamos: la presentación cada vez se volvía más fuerte, más íntima, la conexión que había entre público y la banda era irrompible. Un Hyde totalmente perdido en el baile, en su misma voz, un Smith concentrado en navegar con su nave asegurando que todo saliera perfecto… eso lo teníamos asegurado.

Hora de despedirse: su última canción, para quienes los conocen puede parecer una elección obvia a la hora de cerrar la presentación pero personalmente yo no me la esperaba (pensé que no la tocaban en vivo). Aquella canción que fue himno de Trainspotting: “Born Slippy”. Morí en ese momento. Un coro bastante corto (menos de 2 minutos) y 7 u 8 minutos de gloria absoluta viendo a un Hyde totalmente fuera de si… ¿recuerdan que usé la frase “movimientos hedónicos”? pues bien, creo que no hay otra que describa mejor lo que vimos. Me perdí en ese punto y realmente sentí que fui uno sólo con ellos, algo que realmente sólo un par de veces he experimentado y no con la fuerza con la que lo sentí en ese lugar, en ese momento…

Se acabó. Se despidieron, totalmente ovacionados (puedo jurar que aplaudí dos minutos o más) y aquí vienen dos cosas que no les he contado y que hicieron parte de la experiencia, pudiendo jurar (estoy bajo juramento entonces por eso debo ser claro con eso… :) ) que no se me van a borrar de la memoria:

  1. Hubo una pareja de Británicos que estaban a mi izquierda (novio y novia): desde que entramos al teatro lo supe porque mostraron sus pasaportes como forma de identificación (no sé quién lleva un pasaporte a un concierto, pero bueno). Cuando Underworld se retiró del escenario el hombre rompe en llanto, un llanto descontrolado mientras su novia lo abrazaba. El tipo no era capaz de contenerse y lloraba inconsolablemente y yo en ese punto quedé en shock, mientras multiples preguntas vinieron a mi cabeza: Es Británico ¿será que nunca los habrá visto en su tierra natal? ¿Será que de una u otra manera representa algo muy significativo y estar ahí con su pareja hizo que fuera aún más especial? Fue increíble porque esa felicidad de una u otra manera, a pesar que él la estaba expresando con lágrimas yo la estaba sintiendo en lo más profundo de mi ser: había viajado más de 13 horas para estar en Coachella y mi abrebocas fue esto… hermoso.
  2. Hubo un grupo de amigos (tres personas) que estaban en frente mío y uno de ellos estaba un poco más alejado, al parecer disfrutando el show a su manera. El caso es que en una ocasión me vio moviéndome frenéticamente y me tocó el brazo: “Do you want some water?”, me preguntó, a lo que le dije: “No, but thanks!”. ¿Será que pensó que estaba en molly? (en Colombiano: ¿pensó que había tomado éxtasis?). Me pareció muy curioso y seguí en lo mío, mientras que más adelante volvió y me tocó el brazo, esta vez haciéndome una seña con los dos pulgares: me estaba preguntando con gestos si estaba disfrutando el show a lo que le conteste con los pulgares lo más arriba que pude. Cuando el show terminó y vi la escena que les conté anteriormente este chico fue uno de los que abrazó al británico, aún en lágrimas. Le dijo que el show había sido del carajo y que compartía su felicidad, luego se dirigió a mi, me preguntó si había disfrutado del concierto y le conté que había sido lo mejor que había vivido en mucho tiempo, que venía desde Colombia a Coachella y que hasta el momento esto era algo brutal. Un “Wow, that’s cool, man!” y un apretón fuerte de manos indicó el momento de salir del teatro.

La gente estaba feliz, ya fuera del Fox todo el mundo comentaba lo maravilloso que fue el evento y cómo eso había sido un “warmer” perfecto para lo que se venía a Coachella. Habiendo vivido uno de los mejores show de mi vida, comencé a buscar forma de regresar a Los Ángeles: al otro día comenzaba mi historia rumbo a Coachella, historia que va en otro post…