El Ascenso

Ricardo Altmann
Aug 24, 2017 · 2 min read

— A veces siento como si viviera en la oficina — dice Sanhueza — creo que necesito unas vacaciones.

— Ni hablar de eso — responde Jorquera sin levantar la cabeza de su plato de comida — todavía me faltan 250 gramos para alcanzar la meta del mes.

— Yo no creo que llegue a la meta. Como todo el día pero todavía me falta engordar un poco más de aquí — replica Sanhueza, levantando su ala derecha para mostrar la zona en cuestión.

— Sí se puede — dice Jorquera, levantando por un segundo la cabeza del plato de Purina. Mira a González nada más.

González es un Plymouth Rock Barred, ubicado tres jaulas a la izquierda de Sanhueza. Y es por lo menos una cabeza más grande que todos los demás operarios en la Planta Procesadora Uno de la Corporación Gallina Feliz™, División Oriente. Los rumores decían que había pedido que no apagaran su luz para hacer horas extra de alimentación.

A todas luces, iba camino a ser el primero en atravesar La Puerta, la única manera de hacer carrera en Gallina Feliz™. Según el instructivo entregado el primer día de trabajo, al alcanzar el peso requerido, la jaula se abriría y una cinta transportadora llevaría a la recién ascendida ave allende La Puerta, hacia un brillante futuro en la división de Atención al Consumidor de la Corporación Gallina Feliz™.

Casi al unísono, ambos pollos dejan de atragantarse de Harina de Pescado Imitación Maíz® y miran a la sonriente imagen de La Tecla, mascota oficial de la Corporación Gallina Feliz™, cuya mirada amorosa pero severa parece decir “Deja de mirarme y sigue comiendo”. Pero Sanhueza tiene ganas de conversar mientras espera a que un par de granos terminen de asentársele en el buche:

— ¿Cómo crees que les esté yendo a los de la División Sur?

— Están cerca de la meta. Escuché que habían desarrollado una comida especial que se va directo a la pechuga. Pero ninguno ha salido por La Puerta aún.

— Si González es el primero en pasar, es como si ganáramos todos, ¿no?

— Puedes verlo así — contesta Jorquera, molesto y con ganas de volver al trabajo — o puedes dejar de conversar y hacer tu pega.

Sanhueza, por toda respuesta, vuelve a hundir su pico en el platillo. Después de un rato, escuchan un sonido diferente al ruido habitual de la planta. Suena un timbre y la cinta transportadora debajo de la jaula de González empieza a moverse.

González empieza a cacarear de felicidad mientras los demás pollos lo felicitan con grandes muestras de alegría, acompañando su viaje triunfal por la cinta transportadora entre cacareos y aleteos varios. Cuando Jorquera lo ve atravesar La Puerta (ajeno a la alegría que embarga al resto de los 1,209,454 trabajadores de la División Oriente de la Planta Procesadora Uno de la Corporación Gallina Feliz™) emite un leve cloqueo de envidia antes de hundir nuevamente su cabeza en el plato. Ya sería su turno.

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Ricardo Altmann

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Héroe folklórico

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