Notas sobre el acoso callejero

Esta es una revisión de un post que escribí hace tiempo. Como hace unos días se aprobó la idea de legislar el proyecto de ley sobre el respeto callejero, entonces ha vuelto a ser tema de conversación en mis redes y creo que puede ser un aporte.

Casi siempre cuando se habla del tema del acoso callejero, la discusión termina girando alrededor de los límites del piropo.

Y revisando comentarios en redes sociales y diarios electrónicos, hay gente que no termina de entender qué hay de malo con el tema. Total, como dice la rima infantil “Sticks and stones may break my bones. But names will never hurt me”. Pero los piropos y los agarrones son dos calles del mismo pueblo de mierda.

Así que se me ocurrió una pequeña parábola para explicarlo:

Imagínate que vas por la calle y te encuentras con Vin Diesel; o el Big Show; o Dwayne “The Rock” Johnson. Un tipo que te saca veinte centímetros de altura y que te puede dominar físicamente con facilidad. Básicamente, cualquier tipo con el que no te gustaría agarrarte a combos.

La cosa es que el buen Dwayne te ve y te encuentra rico. Y, acercándose a tu oído, susurra “quién fuera papel de regalo para envolver tu paquete”, mientras levanta la ceja de manera sugestiva. Ya, raro. Filo. Mejor no le dices nada, no vaya a ser que se lo tome a mal. Además, las palabras no duelen, ¿cierto?

Sigues caminando. Pero dos cuadras más allá el Big Show te agarra de los testículos de una manera tan brusca que te hace doler, mientras te dice “esos huevos están para estrellarlos”.

Imagínate que el mundo estuviera lleno de Dwayne Johnsons, a una piscola, un mal día o una broma mal entendida, de hacerte pasar un mal rato. De vulnerar tu masculinidad.

(Hago el ejemplo con hombres, porque hay varios que, si recibieran ese tipo de “atenciones” de (por ejemplo) las Amazonas de Futurama, eligirían morir por snu snu.)

Eso es lo que sienten las mujeres cada vez que nosotros “nos pasamos pa’ la punta”. Y digo “pasamos” porque también la he cagado. Como talla, con copete encima, pero igual.

“Qué exageradas”, “Cómo no van a aceptar un cumplido”, “Hay una zona gris”, son comentarios comunes en esos posts. Y sí po, hay una zona gris. Pero (y perdonen el arjonismo) es como lo que les pasa a los esquimales con la nieve. Por necesidad, reconocen muchos más tipos que nosotros.

Entonces, los hombres vemos la zona gris entre el “hola” y el “te sapo el chupo”. O sea, es como obvia. Las mujeres, por llevar tiempo acostumbradas a que (en el mejor de los casos) les griten de todo, tienen una escala de grises mucho más compleja.

Pero hay una solución relativamente fácil, y es gracias precisamente a nuestra cultura machista:

Esto que voy a decir o hacer, ¿me gustaría que se lo hicieran a mi mamá/hermana/polola/señora?

Y si usted no tiene a ninguna mujer que le importe en el mundo, también se puede preguntar:

Esto que voy a decir o hacer, ¿me gustaría que La Roca me lo dijera/hiciera a mí?

Si a cualquiera de las dos respuestas es no, entonces no lo haga. Nadie le está pidiendo que deje de tener ganas de gritar, tocar, morder, lamer y un largo etcétera. Pero guárdeselas para usted.

— ¿Así de fácil Richi?

— Así de fácil, intrépido lector.

Como pueden ver, esto del machismo funcional es tan simple como repetirnos que las mujeres tienen los mismos derechos y libertades que nosotros, hasta que lo terminamos creyendo sinceramente.

Para saber más sobre el tema