Cómo saber de qué tipo son tus emociones (1era parte)

Existe un potencial oculto que emerge cuando nos conocemos mejor

Si hay un punto de inflexión entre un adulto que ha integrado los años y un adulto infantil, es un manejo equilibrado de las emociones. La transformación de nuestro mecanismo emocional es clave para entrar en la dimensión de expresión genuina de nuestra identidad.

El origen de nuestras emociones y el circuito en el cual ellas están contenidas tiene su fase de programación durante nuestra primera infancia (0–7 años).

Esta fase de siete años está simbolizada por la Luna y entender la información codificada en este símbolo nos ayudará a comprender la naturaleza de nuestras emociones. ¿Por qué?

El 99,999 % de la experiencia universal está compuesta por un vacío repleto de energía y esta realidad tangible es el restante 0,001%. A nivel atómico es la misma proporción: un átomo es 99,999% vacío, es decir, energía y lo demás son sus partículas que conocemos como protones, electrones y neutrones. Y si somos el cúmulo de trillones de átomos entonces lo correspondiente a la proporción energética se escapa de cualquier cálculo lineal.

Dentro de los límites de la experiencia humana nuestro satélite juega uno de los papeles más importantes pero menos imperceptibles: la reproducción de nuestra cotidianidad, zona de confort y además rige la naturaleza de nuestro mecanismo emocional o lo que es igual a decir que es el amperaje de nuestro voltaje energético: aquel punto en donde nuestra energía se hace más intensa.

Experimentar esta intensidad es lo que nos sucede en primer plano hasta los siete años.

Si te fijas, durante este tiempo nos vamos abriendo al mundo paulatinamente. Y el límite se va haciendo elástico conforme llegan nuevas experiencias: primero no podemos salir de nuestra habitación; luego, el área de seguridad es cualquier lugar dentro de casa. Después, va creciendo un poco y para nuestros padres es seguro no solo si estamos en casa, sino también en el jardín o en la calle de nuestro barrio.

La experiencia es intensa pues todas las situaciones posibles de nuestro despliegue energético se reducen a contadas relaciones (con los padres, hermanos, vecinos) en un ambiente muy limitado y pequeño.

Circunstancialmente, estos primeros vínculos van a ser experimentados en una temperatura mayor a cualquiera que provisionalmente tengamos fuera del hogar. Por eso son intensos.

Esta zona de confort va creciendo exponencialmente, pero siempre hay algo que toma su forma pues ella es en sí misma un nido de posibilidades que se materializan de múltiples maneras.

Así nos vayamos de adultos a vivir a otro país por salir supuestamente de ella, en poco tiempo este nuevo país formará parte esencial de nuestra zona de seguridad justo cuando lo que experimentamos deja de ser nuevo para nosotros.

A nivel cuántico, esta experiencia tiene un patrón de comportamiento que es regido por la dinámica lunar contenida en un contexto energético o casa zodiacal.

La primera información que necesitamos es saber dónde estaba la Luna en el momento de nuestra primera respiración. Para ello recomiendo usar este sitio que te puede generar el gráfico natal o carta astral y decirte tu signo lunar.

El reflejo lunar

Antes de entrar en detalle en cómo se despliega esta información lunar en la realidad tangible, es bastante necesario explicar la dinámica de esta experiencia. Tenemos que la Luna actúa por reflejo y reacción.

Imagina una sustancia energética que replica infinitamente aquello que la activa. Al hacerlo a esta velocidad, la activación pasa a una reactividad: un loop sin fin que reproduce la misma información una y otra vez e incluso puede alterar aquello que refleja en tiempo real.

El simbolismo de esta dinámica lo podemos ver en la danza entre el Sol y la Luna.

La Luna es una satélite que carece de luz propia. ¿Pero cómo es posible que ilumine tanto cuando está llena?

Lo que está haciendo la Luna es reflejar la luz del Sol que viene justo del otro lado del planeta donde es de día.

El hogar nos refleja

Cada bebé que nace emerge de algo previo que está contenido en la dinámica energética de los padres y del hogar en sí mismo: hermanos, espacio físico, ambiente. La clave aquí es comprender que el bebé aflora del mundo subconsciente del hogar, por tanto, contiene una réplica de los códigos implícitos de este vacío que están presentes previos al nacimiento. Él o ella, son en sí mismos esa subconsciencia que se hará consciente a medida que pasan los años.

Como venimos de este lugar y con una naturaleza predeterminada, la dinámica para hacernos conscientes (ejecutar la función del ego) sucede a partir del reflejo de lo que somos para que de esta manera pueda tomar forma el despliegue del entramado afectivo: en qué situaciones, cosas y personas del hogar vamos a vivir experiencias sumamente intensas que dejarán las suficientes cicatrices psíquicas que van a fabricar memorias de mayor magnitud que otras. Justo allí va a estar encriptado el factor emotivo, afectivo y de seguridad que va a conformar un circuito de nodos que le darán forma al mecanismo emocional.

Entonces, la experiencia infantil va a estar signada por una constante experimentación de nuestra propia energía reflejada por los actores clave que hacen vida en el hogar o en nuestra simbólica Luna.

Si emergemos de un hogar donde se mueve mucha energía de decisiones rápidas, confrontamientos, premuras, acción, volatilidad, sonidos a todo volume, tonos de voces elevados, muy seguramente naceremos con la Luna en Aries, pues este signo simboliza un comportamiento de la energía con estas características, y con la Luna allí, traduce las cualidades descritas al principio de este párrafo como naturaleza de lo que puede ser nuestro hogar.

Los 12 tipos de mecanismos emocionales

La Luna, en general, tiene 12 posibilidades de ubicación en el sistema de casas del horóscopo. También se dan casos en donde la Luna se encuentra finalizando la trayectoria en una casa y entrando a otra. Aquí la dinámica es como cualquier frontera: se comparten aspectos de un lado y del otro.

En esta entrega, hablaremos de la Luna en el signo de Aries. Espero desarrollar dos entregar más para culminar las 11 lunas faltantes.

Luna en Aries

Aquí las emociones van reproducir la naturaleza ariana: independencia, impulsividad, velocidad, apasionamiento. Todo esto se aprendió viviendo en un hogar en donde se le exige al pequeño responder ante el entorno de manera instantánea. ¡Cómete todo rápido! ¡Apúrate!, son frases comunes dichas a un niño/a con Luna en Aries. Puedes observar cómo el entorno está siempre encima del infante obligándolo a reaccionar de manera inmediata y este a su vez, a hacerlo retroceder confrontándolo. No hay tiempo para pensar. A menudo también se podría identificar a una persona con esta Luna por tener buenos reflejos, aunque más que buenos, instantáneos. Quiere decir que aquí se afectivizan altas velocidades en que el mecanismo de reflejo lunar se experimenta, por lo tanto, la mente va a ir aquellos sectores en donde residen las memorias más intensas cuando la persona necesite reproducir una emoción, que serán las de una emocionalidad volátil, explosiva, directa pero muy buena para liderar y enfrentar el mundo.

Puedes leer la 2da parte aquí


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