Vida y muerte; amor y libertad

Ilustración de JK-i-D

Esto no se trata del eslogan de una neorevolución francesa. Por cierto, un amigo me habló de Neo, el principal de The Matrix. Llegamos a una conversación acerca de esta película debido a que un conferencista argentino que habla sobre alienígenas ancestrales explicó vehementemente en una de sus conferencias que etimológicamente, Madrid, nombre de la capital de España, estaba relacionada a la conformación de una matrix que emulara a lo citadino de la Atlántida pero en Iberia. De allí entonces la similitud del término Madrid:Matrix.

Vista de noche, la imagen satélital de la península ibérica en 2013 nos muestra una forma de Matrix contenida en un centro tan poderoso como todos los otros puntos que le circundan.

Neo en The Matrix, si aplicamos la analítica de un sistema, es un bug inherente a la naturaleza de esta red. Su aparición genera estabilidad y contiene la misma fuerza de lo que pretende mover.

Jesús de Nazareth se convirtió en el máximo exponente de este bug para Occidente, algo así como un gran terremoto en los telares psíquicos que sostienen a un inconsciente colectivo o la llamada fábrica del vacío.

De todos modos, la vida, simbolizada por el nacimiento, es también la muerte. Somos el resultado de procesos complejos de generación que el planeta viene haciendo millones de años, por tanto, en nuestra estructura biológica y energética están contenidos los mismos patrones naturales en diferentes grados.

Al parecer, el no comprender esto hasta con nuestras células nos sigue manteniendo en un estadio en el que gastamos toda la energía de nuestro sistema en mantener funcionando al “yo”, que también es un patrón, bastante interesante, pero que es pobre en capacidad vincular con aquello de lo que forma parte, que a fin de cuentas es lo mismo: el observador es parte de lo observado.

Siempre nacerás una y otra vez conmigo. Porque yo también vivo de morir.

Vivir de morir. Cuánto sentido tiene todo ahora. Le dije esta frase a mi chica anoche. Para efectos didácticos diré que todo arranca con nacer. Nacemos y vivimos, nos llenamos de experiencia y cogemos elasticidad. Llegan los 40 y viene la contracción, que posibilita el vigor de todo. Empezamos ahora a regresar a la niñez, a vivir 40 años más en un flashback 1x y envejecemos, volvemos a ser niños pero ahora con un cuerpo corroído por el tiempo. Sencillamente brutal, hasta que llegamos al punto de la nada, otra vez al nacimiento, aunque todos le llamen muerte.

Y después viene el amor. No el amor cursi. El amor es dejar que este proceso que describí arriba sea. Es la no resistencia a los procesos universales y naturales. No hay estanque, no hay retención, todo circula y el patrón del yo se convierte en un background process. El yo aparece solo cuando es necesitado, cuando la trama mayor a la que se ha entregado —que le brinda procesos verdaderamente más enriquecedores que el engarrotamiento a su propia naturaleza— lo ha llamado a flote.

Aquí aparece la libertad.