Los adultos que no saben de niños

Alberto Benitez
Jun 15, 2016 · 6 min read

Hay varias ideas erróneas en el libro de Peter Singer. Se trata de errores graves, ya que son expresados por un adulto, un adulto padre de familia, y más graves por venir de alguien que se declara interesado en hacer una demostración argumentada. Si te interesa hacer una demostración entonces te interesa la verdad, de manera que al trabajar en tu demostración, al estar sentado en tu escritorio redactándola debes hacerlo con cuidado. La idea se te pudo ocurrir cruzando la calle o saliendo de la regadera, o en cualquier situación. En ese momento es informe, despeinada. Pero esa intuición u ocurrencia debe ser labrada en el escritorio. De otra manera no sólo haces un mal trabajo. No sólo haces un pobre trabajo sino que lugar de ayudarnos a todos a comprender la realidad el lector es llevado a comprenderla peor que antes. Si tu demostración es pobre, no ayudas, sino que te conviertes en parte del problema.

Dice Singer en el capítulo seis de su Liberación animal (1) que les damos una mala educación a los niños. Dice que los niños no quieren comer carne. Esto no es cierto. Es escandalosamente falso. Cualquiera con experiencia en el trato con niños (padres o madres o docentes o meseros), todos sabemos que los niños rechazan muchos alimentos de muchos tipos: legumbres, carnes, lácteos, bebidas, panes, dulces… en distintas épocas de su infancia, por razones que van desde un real disgusto por cierto alimento hasta caprichos o para decirnos que quiere más atención. Los niños rechazan alimentos por muchas, muchas razones y por muchas, muchas causas (y no es lo mismo una razón que una causa). Por eso que un niño rechace un alimento no significa nada. Para que signifique algo, para saber si de verdad significa algo, hay que hacer un diagnóstico serio para saber porque rechaza un niño tal o cuál comida. Tampoco es señal de salud que un niño prefiera una comida: que un niño prefiera refresco a agua simple, no significa que los refrescos deban ser preferidos.

Singer dice es que si un niño rechaza un alimento, significa que ama lo que se le ofrecen como comida, y por eso lo rechaza, pues, dice, los niños “sienten un natural amor por los animales”. Es difícil de creer que alguien afirme esto. Es como decir que si alguien no quiere comer piñas, o que no le gusta comer piñas es porque ama a las piñas. O tacos o tamales, o lo que el lector imagine. Es como decir que en el México se consumen millones de tamales y refrescos porque los mexicanos odiamos profundamente los tamales y los refrescos.

No entiendo por qué dice algo tan claramente falso. Creo que muchos lectores de Singer se han detenido en estas líneas y se han hecho la misma pregunta. Es claro que Singer quiere que creamos que comer carne es malo, esa es una de las principales metas de su libro. Cuando alguien está tan interesado en que las personas hagan lo que uno dice, tiene prisa en que lo hagan. De hecho esa es una manera efectiva de hacerse obedecer. Le dices a alguien que cierta conducta es lo mejor para él, y antes de que se ponga a pensar si esa conducta de verdad es buena, lo pones a que lo haga, para que empiece a actuar, en lugar de que se ponga a pensar.

Luego de afirmar que los niños aman a los animales porque no quieren comer carne, que es un error muy grave (por ser algo evidentemente falso), dice Singer que los niños sienten un amor natural por los animales, amor que fomentamos al darles peluches de animales.

Eso es otro error.

Cualquier padre de familia o docente o adulto que haya tenido contacto con niños, sabemos que los niños les temen a muchos animales. Insectos, reptiles, aves… Muchos niños les temen a animales tan familiares como los perros o los gatos. Muchos a los ratones. Pero, de nuevo, eso no significa nada. No significa ni que los amen, ni que los odien. En una misma familia, un hermano se asusta al ver un perro grande, y el otro hermano quiere acariciarlo. Muchos niños cogen sin reserva a insectos que muchos adultos ni siquiera toleran ver. Quizás has visto con qué calma y curiosidad y gusto cogen los niños a cien pies o a orugas o a gusanos o alacranes. Y quizás has visto como hay niños que no se atreven a tocar a una mariposa. Los niños, las personas no amamos instintivamente a los animales. No nacemos con ese amor.

Que nos gusten ciertos animales o que no nos gusten otros, no dice nada sobre nuestros gustos, que pueden cambiar. Y mucho menos, mucho menos es una indicación de que debamos preferir o rechazar algo. Que yo le tema a las gallinas, no significa que las gallinas sean malas. Que a mí me gusten las bacterias del cólera no significa que sean buenas, o que sea bueno para mí o para cualquiera tener una colonia de ellas dentro de su cuerpo (¿has visto las fotografías que actualmente existen de ellas? Son criaturas bellísimas, mira la que acompaña a este texto). Además, la palabra de la enfermedad, el cólera, tiene una historia bonita: ha recibido varios nombres durante la historia tales como “enfermedad azul”, “enfermedad negra”, “fiebre álgida grave”, “pasión colérica”, “diarrea colérica”, “cholera morbus”, “cholera gravis” y, simplemente, cólera. El origen del término es debatido. Puede provenir del griego χΟλη (bilis o hiel) y ρεω (corriente), es decir, corriente o flujo de bilis; o del griego χΟληερα derivado de χηολε, que significa bilis.

Me gustan las bacterias del cólera, pero no quiero tenerlas en mi cuerpo. Me gustan, pero eso no tiene nada que ver no con amor ni con odio.

Finalmente, asegura Singer que fomentamos el amor hacia los animales al obsequiar juguetes con forma de animales. Sin duda muchos padres y madres lo hacen: le regalan a sus hijos juguetes con forma de perro, para que les empiecen a gustar los perros. A la mayoría de los padres ni siquiera se les ocurre formar un gusto u otro. Les compran un juguete a sus hijos porque quieren hacerle un regalo a su hijo. Nada más. No regalan para formar gustos, sino como expresión de afecto. Si esto no fuera así, habría cosas que no podríamos regalar porque el regalo, y no el afecto, sería lo que cuenta. Afortunadamente lo que cuenta es el amor con que se regala, y menos, lo que se regala.

El diseño del juguete cuenta para regalarlo. Que otros niños lo tengan cuenta. Que sea regalo de la tía o de la abuela cuenta. Que el niño lo quiera y lo haya pedido, cuenta. Pero, cualquier padre o madre sabemos que los niños hasta pueden rechazar regalos. Y de nuevo: eso no dice nada sobre el bien y el mal, sobre lo que debemos hacer o sobre lo que no debemos hacer. Si los niños reciben y aprecian regalos con formas de animales no significa ni que los enseñemos a amarlos, ni a odiarlos.

Regalar sólo significa eso: demostrar afecto por la persona a la que regalas, no afecto por la cosa que regalas. Esto es lo más extraño en la afirmación de Singer: asegura que cuando regalas, no regalas para hace sentir bien a la otra persona, sino que quieres enseñarle algo. O, más extraño aún, que amas lo que regalas: como amas a los animales le regalas a otra persona una figura de algún animal para que aprenda a amarlo. O sea, hay que regalarle a la otra persona lo que la eduque, no lo que le guste.

¿Has hecho tú regalos así? ¿Cómo te ha ido? ¿Cómo te has sentido? ¿Te gusta que te hagan regalos así?

No. No es cierto que regalemos para educar. Regalamos para mostrar afecto.

(1): “Nuestras actitudes para con los animales comienzan a tomar cuerpo cuando somos muy pequeños, y están dominadas por el hecho de que empezamos a comer carne a una edad temprana. Es un hecho curioso que muchos niños se nieguen al principio a comer carne, y que sólo se acostumbren a ello después de los denodados esfuerzos de sus padres, quienes creen equivocadamente que es necesario para gozar de una buena salud […] Simultáneamente, los niños sienten un amor natural por los animales, y nuestra sociedad les fomenta el afecto por los animales caseros y por los simpáticos juguetes en forma de animal de trapo. De estos hechos surge la característica más distintiva de las actitudes de los niños ante los animales en nuestra sociedad, esto es, que no hay una actitud unificada, sino dos en conflicto que coexisten en el mismo individuo cuidadosamente separadas de forma que la contradicción inherente entre ellas, raramente causa problema”.

Liberación animal, Peter Singer. 1977. Editorial Cuzamil, México, 1985. Editado por la Asociación para Evitar la Crueldad con los Animales A.C., c. 6.

Written by

A preguntar y revisar

Welcome to a place where words matter. On Medium, smart voices and original ideas take center stage - with no ads in sight. Watch
Follow all the topics you care about, and we’ll deliver the best stories for you to your homepage and inbox. Explore
Get unlimited access to the best stories on Medium — and support writers while you’re at it. Just $5/month. Upgrade