No, no es la tercera guerra mundial

Se acaba de dar una muestra de muy grave y muy peligrosa ignorancia. No sé por qué existe esa ignorancia, pero tengo la evidencia. Después de los malditos atentados en París en noviembre, un periodista le ha preguntado al Papa si ya estamos en la tercera guerra mundial, y este ha dicho que sí. La pregunta y la respuesta son las de dos que no saben (grave) de Historia, y que no saben (más grave) de historia del siglo XX, es decir, de lo que pasó ayer. Ni el Papa ni el periodista saben qué pasó hace ochenta años, y así mucho menos qué y porqué importa. Y como no lo saben, no tienen elementos para saber qué está pasando hoy mismo.

Este conflicto, esta guerra en la que Francia, Occidente y sus aliados y Rusia han sido arrojados no es la Tercera Guerra Mundial. Veamos.

El nombre hace referencia a la Primera y a la Segunda guerras mundiales, la primera de 1914 a 1917, la otra de 1933 a 1945. Ambas guerras fueron peleadas por los mismos rivales, en el mismo campo, por las mismas razones. La segunda fue mucho más grande que la primera por razones tanto políticas como tecnológicas.

Los contrincantes en ambas guerras fueron Inglaterra, Francia, Rusia y Estados Unidos por un lado, y Alemania y Japón en el otro. Cada bando contaba con aliados más o menos importantes. Y este es el primer y más claro error: las alianzas que ahora mismo se están tejiendo contra los asesinos de París no son entre Alemania contra las otras potencias occidentales. Todas las potencias occidentales y Rusia se están aliando contra una organización no occidental, contra un autoproclamado califato.

Hay un punto de aparente semejanza entre esas guerras y la de ahora: Rusia, Revisemos y veamos si las hay o no.

Rusia no fue aliado de Alemania en la Primera guerra. En la Segunda tampoco pero había un acuerdo de no agresión entre ambas potencias. Cada una contaba con que los países occidentales serían derrotados y entonces ellos dos podrían repartirse los despojos. En la presente situación, Rusia es aliado de Siria. Pero Siria no es ni de lejos como Alemania. Siria no es una gran potencia, sino apenas un pequeño estado gobernado por un déspota que busca apoyo. Rusia se lo ha concedido, buscando aumentar su influencia en la región del Medio Oriente. No es un acuerdo entre iguales, sino un acuerdo entre un grande y un pequeño. Siria no ganará más en la región de lo que Rusia desee, y eso le basta, porque el tirano en Siria no desea sino conservar su trono.

Es mundial, eso sí. Como las Cruzadas, o como la Guerra Fría que es la verdadera tercera guerra mundial, pues como la Segunda se dio entre los rivales que prevalecieron de la anterior, por los intereses que quedaron sin solución. Esta nueva guerra mundial tiene en África una zona caliente y en la que de verdad se pelearán intereses. Los nuevos enemigos tienen arraigo y reclamos mitológicos e históricos en ese continente. Recordemos que las batallas peleadas en África durante la Segunda no tuvieron implicaciones estratégicas, es decir, no significaron la derrota o la victoria de algún bando. La Alemania nazi se ató a ese escenario a causa de su débil aliado italiano, que la empezó, y la perdió. Alemania no tuvo reparo en retirarse de la zona una vez que empezó a perder. No le interesaba África. Quería devorar Rusia, Europa, y contra ello se volvió.

Las tres guerras mundiales se peleaban el dominio occidental del mundo. A Alemania no le importaba lo que Japón hiciera en el Pacífico. Le importaba extenderse hasta Ucrania y hacer frontera terrestre con Finlandia. Los Aliados defendían su preeminencia. Rusia peleó por su propia existencia, y al ganar pudo por el dominio mundial, como intentó en la Tercera.

Un argumento más: las tres guerras fueron peleadas entre estados-nación. Esta no. El autodenominado estado islámico no es un estado-nación. Un estado-nación es un gobierno sobre un territorio en el que las personas hablan el mismo idioma (casi), pertenecen a la misma etnia (casi), comparten costumbres y religión (casi), pero sobre todo: obedecen la misma ley que no depende ni de su etnia, religión o idioma. Un califato no funciona así. Un califato es un gobierno religioso, en el que alguien que se autoproclama descendiente de Mahoma gobierna bajo su interpretación del Corán. Trata a sus súbditos a su voluntad, sin ley.

Por eso esta guerra no es la Tercera Guerra mundial. Si un periodista que entrevista al Papa, y el Papa no lo saben, entonces no pueden saber qué está pasando, qué importa y qué vale.

Creo que ambos tienen una visión mitológica de la guerra. Creen que “guerra mundial” es cualquiera en la que participen los Estados Unidos, y que por eso debe ser continuación de las otras en las que ha participado. Aquí el mito hace caer en una primar error: suponen que hay una línea directa entre todas las guerras que pelea este país, que ese país tiene los mismos intereses. Esto es falso, porque deja de lado las presencias de Rusia y de China, actores que como ya están peleando posiciones de poder mundial, han alterado los intereses de los Estados Unidos. El hecho de que Rusia y Estado Unidos combatan al mismo enemigo, es la evidencia de que los intereses de cada país no sigue una línea recta.

Cuando el periodista usa el término “tercera guerra”, lo hace para invocar un mito. Creo que el periodista quiso ganar público e interés recurriendo a un expediente amarillista: la tercera guerra mundial es asociada mitológicamente con imágenes de bombas atómicas explotando en el mundo, de grandes batallas peleadas con grandes máquinas, que sí fueron usadas en las otras tres. Pero los terroristas no pelean con grandes armas. Usaron pistolas y bombas caseras en París.

Lo que debemos saber es que no sabemos qué está pasando. No podemos ver esta guerra con lentes que no convienen. Si creemos que es la tercera, no podremos actuar para ganar. Pelearemos una guerra que no es, veremos enemigos que no son, seremos sorprendidos por ataques que no podremos prever, esperaremos que se usen armas que no existen ya, trataremos como enemigos a aliados potenciales, y hasta dejaremos que los verdaderos enemigos se alojen en casa. Eso nos importa a todos. Nos debe importar.