Delef Historias de una Ciudad Perdida


Prólogo

Los cuentos que a continuación nos presenta el autor Alejandro Fernández, son muy interesantes y al momento de leer estas historias te envuelven de una manera muy didáctica que no puedes dejar de leerlos hasta que el cuento está completamente terminado. Esto ocurre porque cada uno de los cuentos son diferentes, pero te deja con esa intriga de seguir y seguir leyendo.

Este libro esta compuesto por cinco cuentos, personalmente les comentare de tres de ellos los cuales me llamaron mas la atención como son:

Extraños familiares, este cuento trata de un joven que tiene en su poder una esfera mágica muy poderosa, pero para completar su felicidad debería de encontrar a su esfera gemela que estaba en posesión de una chica que seria muy importante para él.

Perdición del alma, en este cuento nos relata la historia de un secuestro que sufre una pequeño niña. Es tanto el sufrimiento y la conversión de su alma, que poco a poco logra escapar de sus captores con un final inesperado.

Un amor normal, es un cuento de romance prohibido en la sociedad. La pareja a sabiendas de lo que les puede suceder, es descubierta por su romance, y en un final hilarante descubren un nuevo destino.

Como experiencia pude darme cuenta que al terminar de leer cualquiera de los cinco relatos, estos te dejan un mensaje para reflexionar la manera de vivir la vida y darles un vuelco entre la realidad y la fantasía. En lo personal recomiendo mucho leer este libro.

Milton Montes Vega

Extraños Familiares

La ciudad de Delef era una gran urbe en aquel tiempo, al ser una de las ciudades más grandes tenía barrios para todos los gustos y posibilidades. Aunque prospera, Delef era una ciudad con muchos secretos y zonas que se consideraban oscuras. Si bien los brujos, la milicia y los ladrones ya eran parte del día a día de los habitantes, ninguno podía acostumbrarse a las historias increíbles que la ciudad poco a poco iba creando en su historia. Al ser una ciudad tan próspera, también guardaba distintos barrios, algunos ruidosos y otros calmados. Uno de ellos era muy pintoresco y era conocido como el barrio de Elethos en honor al arquitecto quien había creado la fuente principal del barrio, la cual daba agua a todos los habitantes de la zona. Los ciudadanos eran en su mayoría campesinos, obreros y alguno que otro pequeño mercader. Uno de los mercaderes era Excel, un joven quien la vida lo traía de aquí para allá, buscando ganarse la vida vendiendo cuanta mercancía llegara a sus manos. El joven mercader apenas comenzaba una vida de trabajo duro ya que sus padres habían dado todo por sacarlo adelante y ahora él buscaba apoyar a su familia en su pasión, que era el poder vender. Su padre había sido obrero de las construcciones de la ciudad por muchos años y su madre había sido el pilar fundamental de sus vidas. Una noche cuando Excel regresaba de un arduo día de trabajo se encontró en la fuente principal. Todo estaba oscuro y callado ya que los niños se habían ido a dormir y los adultos estaban resguardados en sus casas descansando. Aunque se encontraba tranquilo el lugar , Excel pudo distinguir el sollozo de una persona del otro lado de la fuente la cual no pudo identificar. Al acercarse un poco pudo ver, a la luz de la noche una joven muy hermosa. Sin saber muy bien que hacer Excel siguió su camino pero sintió la tristeza de la joven en aquel momento. Pensándolo dos veces, Excel avanzó hacia la joven y le preguntó que era lo que tenía; A lo cual la joven se sorprendió ya que en sus pensamientos no distinguió la presencia de Excel. Secando sus lágrimas con su ropa la joven se incorporó y se quedó viendo un momento a Excel antes de salir corriendo del lugar. Desconcertado Excel regresó a su hogar con el pensamiento de aquella hermosa joven a la que había visto pero que definitivamente no conocía. Pasaron los días y Excel no podía olvidar a la joven, luego de varios días regreso por el mismo lugar a la misma hora en la que había tenido su singular encuentro pero esta vez estaba completamente solo. A lo lejos se escuchaba el pequeño sonido del agua de la fuente cayendo una y otra vez. Sentándose un momento Excel sacó un pequeño objeto como una esfera de cristal de su bolsillo, este se lo había dado su padre en días anteriores ya que era un recuerdo de su difunto hermano quien también había sido mercader además de arquitecto. Su padre se lo había dado a Excel como símbolo de lo que su tío alguna vez había logrado como mercader; para que siempre tuviera suerte. Observando la hermosa esfera tallada, Excel no notó la presencia de la joven a un lado de él. La joven le preguntó de dónde había sacado eso con gran sorpresa. Asustado Excel volteó a ver la cara de sorpresa de la joven y dijo:

− Esta es una esfera que me dio mi padre hace algunos días, mi tío la hizo porque era un sabio mercader y un extraordinario arquitecto.

La joven se conmovió al escuchar esas palabra y lágrimas salieron de sus ojos, con una voz entrecortada dijo:

− Mi padre fue quien hizo esa esfera, hace poco un mal tomó su vida y era un recuerdo muy importante que tenía de él, era de cristal que él había fabricado. Me dijo que esa esfera tenía una gemela y que tenía un poder especial, y cuando él se fuera me serviría a mí para encontrar el apoyo de mi familia para seguir adelante. Pero el otro día estaba limpiándola a un lado de la fuente que él hizo para todos los habitantes de esta zona, cuando se me resbalo de las manos y se quebró en mil pedazos. Sentí que mi corazón se iba a destrozar y no sabía qué hacer. Los siguientes días vine a este lugar pensando en alguna manera de tener ese recuerdo de regreso, y hoy te veo a ti con la misma esfera atesorando ese recuerdo y alabando el recuerdo de mi padre.

La joven no pudo decir mayor palabra y las mismas habían llegado al corazón de Excel, ambos entendieron que por alguna razón del destino no habían podido conocerse antes y que un recuerdo de hermandad que sus padres tuvieron se convirtió en un en el motor del destino para que sus hijos se conocieran. Si bien como le dijo Elethos a su hija, esa pequeña esfera iba a encontrar a su gemela y a activar los engranajes del destino para que ellos se conocieran. El futuro se convirtió en incierto pero ambos primos comenzaron a frecuentarse y a trabajar juntos bajo el recuerdo del gran hombre que fue Elethos, y con el tiempo la esfera de cristal se convirtió en la pieza central de la fuente y de su amistad.

Perdición del alma

Delef era una ciudad próspera con muchos lugares abiertos donde los pequeños, con sus familias siempre podían ir a divertirse. Algunos lugares más sencillos tenían hermosas fuentes que habían sido esculpidas por los grandes arquitectos de la ciudad. Pero no todo era felicidad y belleza, existían los robos, las guerras y la muerte.

Así fue como Minorin se dejó caer, nada de lo que había vivido la preparó para aquel momento. Esa mañana había salido con sus padres a jugar y a divertirse. Con solo 10 años la pequeña niña trataba de ser de ayuda a su madre quien le gustaba tejer y hacer grandes banquetes a su familia. Por su parte, el padre de Minorin era un trabajador del gobierno encargado de la cuenta tributaria del palacio. Como era de esperar, la realeza no era muy bien vista y eso le acarreaba a él y a su familia muchas desgracias, pero no por eso dejaban de intentar encajar con los demás. Sin embargo la decadencia sobre la calidad de vida de las personas en Delef era cada vez más grande y no tardó mucho tiempo en que miembros del gobierno se vieran amenazados, así fue como un par de hombres entraron a la casa de la pequeña niña. Sin pensárselo dos veces, lanzaron una puñalada por la espalda al padre de Minorin quien con horror vio como su padre se desvanecía sin poder decir o hacer nada. De la misma manera su madre intentó saltar contra los atacantes para defender a su hija, pero con un golpe seco destrozaron su frágil cráneo dejándola desangrar hasta morir.

En tan solo un abrir y cerrar de ojos la pequeña y feliz Minorin había quedado huérfana y su vida pendía de un hilo, sus oídos apenas pudieron escuchar como los asesinos hablaban sobre venderla a un mercado de esclavos en una ciudad cercana. Su miedo era tan grande, que ni siquiera notó cuando el dolor y el frío se apoderaron de su cuerpo, y un golpe en la cabeza hizo que se desmayara en aquel lugar al cual nunca volvería a llamar hogar.

Un sonido sordo fue lo que empezó a regresar en sí a Minorin, las voces de sus captores y un caer de lluvia era lo único que podía escuchar. Abriendo lentamente los ojos pudo notar que estaba completamente sujeta a una viga de una pequeña choza la cual parecía la guarida de los asesinos. Al notar su movimiento uno de los asesinos se quedó observando los inútiles intentos de la niña de moverse, y soltando una carcajada invitó a su compañero a burlarse de ella. Los ojos de Minorin no reflejaron ninguna emoción a partir de aquel fatídico día. Lo que alguna vez existió como felicidad era solo oscuridad. Las manos de la niña no eran más que un frío lugar donde ya no cabía ni siquiera un corazón roto.

Pasaron los días y Minorin sintió como sus fuerzas iban disminuyendo, entre la falta de alimento, el dolor de su corazón y las apretadas cuerdas, el tiempo se le agotaba. Si bien, la falta de alimento y el gran estrés comenzaron a adelgazar su cuerpo, esto llevó a que al cabo de unos días más las cuerdas empezaron a aflojarse. Cuando Minorin pudo finalmente librarse de sus ataduras esperó a la noche para hacer su movimiento. Completamente alcoholizados y cansados de tanto comer, sus captores se quedaron profundamente dormidos sin pensar que una pequeña niña pudiera escapar de ellos así. Después de eso, Minorin caminó hacia la mesa y tomó parte de lo que había ahí. Acercándose a uno de los asesinos, lo vio dormir profundamente. Sintiendo el frío mango en sus manos, podía ver como poco a poco se estaba transformando, la vida pasaba por su mente y aunque fuera corta esta estaba por terminar. Con el filo de la vida y el extremo de la muerte bastó con una tajada para cambiar la balanza. La humedad aumentaba en el frío piso de madera y el lugar estaba completamente oscuro, solo era iluminada a momentos por los truenos que venían de vez en cuando en la lluvia del exterior. Con una mirada furtiva, Minorin se acercó al segundo asesino y como un pequeño trozo de mantequilla, cortó el cuello del asesino con el cuchillo que había tomado y con el que había matado a quien en días anteriores, destruyó su felicidad. Habiendo tomado la vida de ambos personajes, Minorin salió corriendo, no le importaba en donde estaba o qué pasaría, su vida ya nunca sería la de antes, su cuerpo jamás volvería a ser el mismo y al final de todo había perdido su alma.

Un amor normal

Los barrios de dinero de Delef siempre habían marcado una diferencia entre las clases sociales, y no solo era la actitud con la que las personas de la alta urbe trataban a los demás. Sino que a pesar de tener lugares tan bellos existía un malestar existencial sobre las demás personas de la ciudad, como si hubiesen sido bichos que vivieron a su alrededor. Evelyn venía de una de las familias influyentes de Delef la cual su nombre era bien conocido por todos lados. La familia De La Tour tenía siglos de existir, incluso había leyendas que la involucraban directamente en la fundación de la ciudad. Con tan sólo 22 años, Evelyn era de las más altas en su clase, además de que era conocida por sus impecables modales dentro del distrito de la alta sociedad.

Sin embargo, aquí toda la dicha de su familia cambiaría para siempre. Un día mientras Evelyn paseaba por los jardines del distrito pudo distinguir una figura que se escondía tras los arbustos. Tras notar que nadie se había dado cuenta de aquel evento y con una sed de curiosidad como era conocida, la muchacha se acercó. Al investigar un poco pudo dar con un joven que estaba completamente sucio y que con una cara de profunda sorpresa dejó salir un pequeño grito al verla. Evelyn lo calmó y sin importarle su posición lo tomó del brazo para que no huyera. El joven dijo:

− No me hagas nada, es un error que esté aquí.

Al observar detenidamente, Evelyn pudo notar que el joven era un vagabundo y no era por menos el miedo del joven, ya que dentro del distrito estaba estrictamente prohibido que entraran personas del exterior sin permiso y cualquiera que fuera encontrado sería condenado a muerte.

− Tranquilo, no te delatare, es más sígueme que aquí alguien te podría ver.

Sin dudarlo, ambos escaparon del lugar y se dirigieron debajo de un puente del distrito, él cual dirigía a la zona del lago de la ciudad por donde muy pocas veces pasaba la guardia real. El joven le explicó a Evelyn que días antes estaba buscando qué comer y en su desesperación no se dio cuenta de que entró en el distrito más rico de la ciudad. Cuando intentó escapar se dio observó que la guardia bloqueaba todas las puertas y empezó a huir por los últimos tres días. Evelyn entendió la situación y le pidió al joven cuyo nombre era Oliver que esperara en ese lugar mientras ella regresaba. El joven aceptó y aguardó, al tiempo Evelyn regresó con comida y bebida para el joven, quien casi se ahoga en llanto por la muestra de generosidad de la muchacha. Siguieron hablando y Oliver contó su triste historia de cómo su padre había sido enviado a la guerra y nunca volvió lo que llevó a su madre a la locura y al suicidio dejándolo a él solo en el mundo sin un sustento a la edad de 13 años. Desde aquél día Oliver había sido vagabundo y sobrevivía consiguiendo trabajos de medio tiempo de vez en cuando, pero esto no le daba lo suficiente para vivir adecuadamente. La chica se sintió triste por él y de alguna forma se sentía cautivada por como Oliver había logrado sobrevivir hasta ese momento.

Acordaron volver a verse y Evelyn le indicó a Oliver el camino para ir y venir del distrito por la zona del lago. Así pasaron los meses y de vez en cuando, ahora amigos, se frecuentaban. Evelyn no toleraba la forma de ser de las personas en el distrito y eso era algo que asombraba a Oliver, mientras que él a su vez le contaba a Evelyn del taller de carpintería por el que había estado trabajando desde hacía unos años. Sus encuentros eran cada vez más cercanos, de meses a semanas y después a días llegando el punto de verse todos los días. Un día Oliver tomó la mano de Evelyn y le declaró sus prohibidos pero sinceros sentimientos, la amaba, y quería casarse con ella. Sin embargo, el destino tenía otros planes para ellos ya que en ese mismo momento su padre pudo distinguir a la joven y más aún pudo escuchar las palabras de aquel forastero hacia su hija. Sin perder tiempo llamó a la guardia real lo que provocó que ambos jóvenes no pudieran huir. Ambos se tomaron de la mano, buscando una salida, pero la guardia los tenía completamente rodeados. Ambos sabían que no podían vivir juntos, nadie lo entendería, ni Romeo y Julieta hubieran tenido tantos problemas como los que se les venían a ellos. Evelyn volteó a ver a Oliver y con el corazón al máximo sus últimas palabras fueron:

− Te amo.

Y con un beso profundo, Evelyn saltó al lago, quien de inmediato fue seguido por Oliver. La temporada era invernal y tan sólo el contacto con el agua era capaz de detener el corazón del hombre más fuerte. Años más tarde por la ciudad existían leyendas de los dos enamorados que protegían el amor de las jóvenes parejas y de cómo su tragedia logró cambiar todo un distrito y el corazón de las personas más adineradas para poder compartir sin distinción de clases con toda la ciudad.

Luz de vida

Como todo lo bueno que pasa en la vida siempre debe existir algo oscuro que marque esa historia. Si bien una persona puede ser marcada, un grupo de personas bajo la misma fatalidad marcan no sólo un rumbo, sino también una historia de horror. Delef era una ciudad próspera y fuerte, no era su comercio o su gobierno, era su gente la que hacía una ciudad de bien y crecimiento. Así el hombre con el trabajo más diminuto, hasta los ya cambiados ricachones que buscaban ayudar a los menos afortunados, era como se generaba una confianza y la edad de oro llegaba. Sin embargo, todo lo que sube debe bajar y en un abrir y cerrar de ojos, una misteriosa enfermedad cayó en la ciudad. Nadie sabía dónde surgió, mucho menos el cómo curarla y cualquier persona infectada era víctima de una de las peores muertes jamás vistas. Con síntomas aparentes de un resfriado común, la enfermedad era tan letal que destruía al poco tiempo, los órganos internos de la víctima. Entre su lapso de tiempo se encontraba el dejar sin energía al huésped, cambiar su humor y empezar a empeorar con dolores intensos, sangrado continuo y gangrenación interna del cuerpo. Los pocos médicos no lograban abastecerse del centenar de pacientes que recibían cada semana y mucho menos, había la condición para enterrar a tantos cuerpos ya existentes. En tan sólo un mes y medio la ciudad cayó más allá de la mitad en enfermedad y un tercio se encontraba dando piruetas fuera de este mundo. Esto llevó al descontrol social, sin distinción de clases, las personas sanas se escondían en sus casas, los enfermos buscaban ayuda desesperadamente creando caos en las calles y fuertes tumultos. El gobierno enviaba al ejército a calmar los tumultos, pero sin éxito ya que al poco tiempo muchos miembros empezaron a ser víctimas de la enfermedad. Sin lugar a dudas los días de la ciudad estaban contados.

Saria era una mujer joven cuyo oficio se centraba en la panadería, pero habían pasado muchos días desde que pudiera vender algo ya que la epidemia de la ciudad la había obligado a cerrar sus puertas y atender su casa. Sola y sin amigos, Saria no era una inadaptada social o una aguafiestas, todo lo contrario, estaba perfectamente centrada en ayudar a las personas y darles el más, pero las circunstancias le evitaban el siquiera poder salir por orden del ejército. En años anteriores la generosidad de Saria había sido tan sonada que se hablaba por la calles de la chica que entregó su vida por la ciudad sin importarle el precio a cambio. Con tristeza Saria veía cada día como se llevaban un gran número de personas enfermas fuera de los límites de la ciudad, rumores contaban que eran incinerados vivos para poder proteger a la ciudad, pero no había testigos en ello y solo reinaba el miedo. Un día escuchó como fuera de su casa una madre lanzaba gritos de desesperación, ya que su hijo enfermo estaba a punto de ser arrebatado de sus manos por un hombre del ejército. Sin dudarlo, Saria salió de su casa a proteger al niño, pero al tomarlo y protegerlo a él y a la mujer fueron todos derribados cuando un batallón del ejército los separó llevándose al niño y a la madre fuera de la vista. Con la amenaza de ser enviada a prisión. Saria tuvo que volver a su hogar y encerrarse ante los gritos que no dejaba de escuchar en su mente. Si bien no podía hacer mucho, todos los días preparaba un poco de pan el cual dejaba en un lugar escondido fuera de su casa para que personas lo recogieran, algunos le pagaban y otro no pero eso no le importaba mientras pudiera seguir ayudando en un momento de tanta desesperación.

Pero el lado oscuro de la luna dejó ver su cara, y en tan solo unos días Saria empezó a sentir los síntomas de la enfermedad, si bien no podía dejar que nadie se enterase ya que podrían haberla mandado muy lejos y su ayuda ya no hubiera sido buena para todas aquellas personas al día a día. Si bien acudió a buscar ayuda de las personas a las que ayudó en otro momento, todas le dieron la espalda, porque la humanidad de las personas así es y la soledad de una heroína jamás sería escuchada. Con tristeza el pesado cuerpo y un alma rota cayeron sobre Saria quien con dificultades podía ya moverse. Pasaron algunos días y nadie la había ayudado. Sin embargo, los milagros vienen en todas formas y colores, un día un pequeño perrito apareció en la puerta de su casa sentado esperando a su amo. Al verlo por la ventana, Saria salió con dificultades a dar alimento al cachorro pero éste no se movió de su lugar más que para dar un saludo silencioso a la joven. Desconcertada la joven urgió al pequeño perrito a irse ya que pronto pasaría el ejército y se lo llevarían con malos tratos a otro lugar. El perrito parecía no entender la situación pero en el momento en el que la joven abrió su puerta, el pequeño corrió hacia adentro y se postró en una pequeña alfombra frente a la chimenea de la joven. Con un nudo en la garganta la joven no supo qué hacer su débil cuerpo no le permitía lidiar con su nuevo invitado, y además ya se podía escuchar afuera el sonido del marchar clásico del ejército. Con pesadez, la joven cerró la puerta y se aproximo a su silla cerca de la chimenea y observó al cachorro por un tiempo. El pequeño perrito jugueteaba en silencio mientras la joven de vez en cuando se quejaba por el dolor en su cuerpo. Al intentar levantarse, Saria perdió el equilibrio cayendo nuevamente en la silla, el perrito con destreza se acercó y lamió su mano. Con alegría Saria acarició al cachorro quien hasta ese momento se había convertido en su único amigo, su única esperanza, su único anhelo. Así pasaron los días y el invitado no parecía tener planes de irse. Una cansada Saria poco a poco se iba postrando más y más en cama. Al pasar de las semanas el silencio que precede la muerte podía escucharse en el viento, ya no era lo que sucedía en la ciudad. Tan solo era el eco del fin. Como cada día el pequeño cachorro se acercaba a lamer la mano de su nueva ama, quien con tristeza daba las gracias al pequeño animal de acompañarla en esos últimos momentos y por tener a alguien a su lado pese a su triste y desolado final. Como en un sueño los párpados de Saria empezaron a caer seguidos de un profundo sueño. Esa noche algunas personas decían que se podía escuchar el aullido de un pequeño lobo por las calles de la ciudad.

Pasaron algunos días y el pequeño perro seguía en el cuarto de su ama, aguardando y esperando, repitiendo el mismo ritual de todos los días donde con su saliva mojaba la mano de quien a tantos había ayudado y que al final nadie pudo ayudarla. Pero así como llega la noche, también lo hace el día y al transcurrir tres días completos, el movimiento en la cama de la joven se hizo evidente, no sólo había podido abrir sus ojos y ver a su pequeño amigo junto a ella, sino que además ya no sentía dolor alguno de algún modo se había curado. Las lágrimas brotaron de sus ojos y un feliz amigo la recibió con un gran abrazo canino empapando todo su rostro y dando bienvenida a un nuevo comienzo.

Suerte y hogar

Habían pasado tan sólo seis meses desde la desolada epidemia que terminó con casi un cuarto de la población de Delef, y fue aún más sorprendente que sólo aquellas personas con mascotas pudieran salvarse. Nadie había comprendido cómo aquella enfermedad sin razón alguna tomó por sorpresa a la ciudad pero al menos las cosas iban mejorando nuevamente y la calma regresó. Con un aumento sustancial en las mascotas empezaron a haber muchos animales callejeros, todo por la falta de conciencia de las personas en querer tener solo una mascota y nada más. Si bien la plaga de enfermedad se había acabado, en aquel entonces existía una nueva plaga que venía en distintos tamaños, colores y razas, desde perros tranquilos y juguetones hasta gatos llenos de energía por conseguir algo que comer.

Una familia de uno de los barrios pequeños de Delef salía todos los días a alimentar a los pequeños gatos del lugar los cuales siempre estaban buscando por comida. Esta familia entendía que era culpa de las personas y por no haber cuidado de ellos que esta mala pasada con los animales era la razón de todo, quizás era el miedo a la enfermedad pero eso ya había quedado en el pasado. Los gatos que se acercaban a comer eran de todas las edades pero había dos que en particular estaban siempre listos a recibir el alimento que les dieran, uno de ellos era el gato más viejo que si bien podía moverse normalmente, su cuerpecito estaba cansado y sus dientes empezaban a caerse poco a poco como un abuelo humano, el otro gato era una hembra y se presentaba como lo opuesto al viejo gatito, era una gata bebé, animosa y curiosa como cualquier gato pero sin miedo a descubrir algo diferente y siempre tratando de socializar con las personas, que si bien no entendía con sus palabras trataba de expresar su sentir. La familia tenía muy bien identificados a estos dos gatos y al ser especiales querían darles un lugar en su familia por lo que buscaban la manera de poder sacarlos de la calle y llevarlos a su hogar.

Al inicio fue difícil ya que el miedo de ambos gatitos los hacía salir huyendo antes de que pudieran atraparlos, así pasaron varias semanas pero con intentos fallidos. No fue hasta que el invierno comenzó a llegar y la situación se puso difícil. Si bien los extremos de las estaciones se hacían ver, el invierno no era ninguna novedad ya que fuertes nevadas caían sobre la ciudad y todos los habitantes debían resguardarse. Pero todos aquellos animales sin hogar no tenían a donde ir, algunos de ellos se juntaban cerca de algunos hoyos o puentes y se encimaban unos a otros para conseguir un poco de calor, otros eran bienvenidos por algunas personas en sus casas solo por la noche para no pasar frío con la encomienda de irse al día siguiente. La familia temía por los dos gatitos, ya que si bien los demás se iban, aquella pareja seguía apareciendo sin importar la nieve. Un día al darles de comer por la mañana, la familia no pudo ver a ninguno de los dos gatitos, días más tarde sólo llegaba la pequeña gata comer pero lo hacía muy rápido y de inmediato escapaba. Angustiados la familia siguió a la pequeña gata hasta un pequeño escondrijo donde encontraron al gato más viejo el cuál estaba bastante enfermo y sin haber comido nada, de inmediato la familia lo recogió y lo llevó a que lo atendieran, también tomaron a la gata pequeña y ninguno de los dos puso más resistencia. Después de ver al veterinario del pueblo, este les dijo que el gato tenía pulmonía y que solo era cuestión de días para lo inevitable, la familia estaba angustiada pero trataron de dar al gato la mayor atención evitando que este sufriera en su agonía. La pequeña gata simplemente no se alejaba de él más que para comer, después se acurrucaba a su lado y no lo dejaba ir. Pasaron algunos días y una mañana el gatito no se movió más, la pequeña gata en todas sus palabras permaneció en silencio y la familia lloró esperando haberle brindado al pequeño una esperanza de un hogar y una familia. Tomaron el cuerpo del gatito y lo llevaron a enterrar a un parque cercano, la pequeña gata admiraba lo que sucedía y tan solo un maullido hizo saber a todos que la tristeza no solo viene en las personas, que si bien ambos habían padecido la furia de las calles esa pareja de gatos había sido toda una familia que después de las adversidades habían encontrado un hogar. Los meses pasaron y la pequeña gata se quedó con la familia a vivir lo que su compañero siempre anhelo y al final pudo obtener.

Así pasaron los días en la ciudad de Delef, contando innumerables historias de todas las personas que ahí vivían, cada lugar, cada ser, guardaba un secreto y una historia. Una de las ciudades más prósperas para vivir pero con sus propias dificultades, si bien no todas esas historias terminaban como cuentos de hadas permitían saber a las demás ciudades que el mundo se encontraba en constante cambio y que la vida debía de continuar siempre.