Estudios sobre la gravedad, el tiempo y el espacio

El sol abrazador no daba tregua, aun lejos se encontraba el fin de aquel caluroso día de verano, pero eso no impedía que celebráramos, todos juntos por ultima vez. No era cualquier día, era el ultimo día de clases en la universidad y nos habían llevado un mariachi a todas las facultades

Diez años después…

Hoy también fue una calurosa tarde, irónicamente la oficina no ofrece mucha protección a las inclemencias del tiempo, tuve que usar un pequeño ventilador que con sus propias vibraciones se mueve de su posición y en consecuencia ya no te refresca, mientras recordaba aquella tarde en la que celebrábamos haber llegado al final de la extenuante cruzada que fue la universidad, por lo que este aniversario tal vez sea un buen momento para reflexionar un poco acerca de mi situación laboral, ya que a mi aún relativamente corta vida, no todos los días se cumplen diez años en algo.

No voy a mentirles, han sido años difíciles, se que la gente le gusta decir que el tiempo se “pasa muy rápido”, pero para mi no es así y estos últimos diez años han durado toda una vida, aun cuando solo equivalen a un tercio de mi vida total real y no me refiero a la dificultad intelectual que supone el realizar mi trabajo, me refiero a los diversos sacrificios que como cualquier otra profesión, hay que afrontar, en todos los aspectos de la vida de un ser humano, desenvolverse profesionalmente implica realizar diversos y numerosos sacrificios, algunos son fáciles de realizar y con otros tendrás que aprender a vivir.

Por ejemplo, varias veces se me presento la oportunidad de dedicarme a alguna de de las muchas vertientes de esta profesión, una de ellas, la que mas presente tengo fue la valuación inmobiliaria, una vertiente que se caracteriza por tener un sueldo bien remunerado y relativamente pocas complicaciones, pero que poco tiene que ver con la definición exacta de lo que hace un arquitecto, en su momento, llegue a tener las conexiones adecuadas para catapultar mi carrera en ese medio, sin embargo en el momento en que solamente debía dar el paso, decidí declinar y volví a comenzar.

Afortunadamente eso sucedió justo durante ese verano que terminamos la universidad, así que no desperdicie mi tiempo en algo en lo que nunca me sentí realizado, esa realización tardaría mucho en llegar, tras un par de años de trabajo mal pagado, horarios de pesadilla e incontables sacrificios, todo eso se desvanece cuando vez tus proyectos cobrar vida, crear un espacio, modificar deliberadamente la superficie de la tierra (sin entrar en el tema de lo ecológico, eso es para otro post) y hacerla apta para la supervivencia humana es una de las satisfacciones mas grandes y antiguas (dado que nos gusta apilar rocas desde hace ya bastante tiempo) que deben de existir.
Pero hacer sacrificios es un lujo que no cualquiera puede hacer y hay cosas que muchas personas no están dispuestas a sacrificar como la integridad física y moral, la situación también depende mucho de cada persona y de las oportunidades que se le presentan.

Así que, elegir el camino difícil es sencillo, recorrerlo no tanto, pero lo que vengo a decirles después de esta larga y tediosa introducción, es que si es posible, con determinación. Recuerdo que en el primer día de clases, también nos pidieron esa ridícula dinámica de tener que exponer los motivos por los que elegimos estudiar arquitectura, en algún momento paso por mi cabeza decir que la había elegido porque era difícil, en parte cierto y en parte por payaso, pero no tuve las agallas que una de mis compañeras, si tuvo, “porque es difícil y me gustan los retos” dijo, esas palabras nunca las olvidaría, su determinación todo este tiempo, seria la correcta.

Aun falta mucho para llegar a donde quiero estar, la meta esta cada vez mas cerca y ya quiero contestar a este post dentro de diez años, donde quiera que me encuentre.

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