La tumba de Atari

El desierto donde se tiró la primera bomba atómica y donde se produjeron los incidentes de Roswell es también el escondite de miles de videojuegos. Según la leyenda, en Alamogordo está enterrado uno de los peores videojuegos de la historia: E.T.

Un millón de videojuegos bajo la arena

En algún lugar bajo el desierto de Alamogordo, protegido por una capa de cemento, se esconde uno de los tesoros más buscados de la historia de los videojuegos. En septiembre de 1983, varios camiones trabajaron para enterrar un cargamento por encargo de Atari. La compañía asegura que solo era basura, pero la leyenda dice que bajo la arena descansan millones de cartuchos de uno de los videojuegos más infames jamás creados: E.T.

Caja del juego de E.T. para la consola Atari 2600

Desde entonces han surgido todo tipo de teorías y especulaciones sobre la gran tumba de Atari y algún cazatesoros se ha ido del lugar con las manos vacías. Pero hay testigos que aseguran que lo vieron todo, como Joe Lewandowski, que cada vez que tiene oportunidad recuerda: “Yo estuve allí, aquello sucedió”.

Aquel 22 de septiembre de 1983, Joe bajó a su vertedero para ver unos camiones que acababan de llegar. Uno de sus empleados le había avisado porque traían un cargamento inusual: estaban cargados de videojuegos para la consola Atari 2600. “No eran pocos”, recuerda, “el camión estaba lleno de palés, de arriba abajo, de lado a lado, desde atrás hasta adelante, estaba lleno con juegos y videoconsolas”. Joe asegura que fue testigo del entierro de miles de juegos de Atari en el desierto de Nuevo México.

Según el mito, Atari estaba avergonzada por la ínfima calidad y las bajas ventas de su juego de E.T., una adaptación chapucera de la película de Steven Spielberg, y decidió enterrar millones de cartuchos que jamás vendería para borrarlos de su currículum. Por entonces, un portavoz de Atari, Bruce Enten, le explicó al periódico local Alamogordo Daily News que lo que estaban enterrando allí eran “productos defectuosos”. “No digo que nada de lo que hemos mandado a Alamogordo esté en buenas condiciones, pero la mayor parte no lo está”, le contaba Enten al diario, a la vez que reconocía que “la mayoría son cartuchos”.

Portada del diario ‘Alamogordo Daily News’ del 25 de septiembre de 1983.

Es decir, Atari sí enterró algo en el desierto, pero la historia no deja claro qué se enterró allí. Lo cierto es que el juego de E.T., considerado por muchos el peor de todos los tiempos, es lo bastante malo para considerarlo un artículo defectuoso. Salió a la venta para la campaña de Navidad de 1982 y mucha gente lo devolvió a las tiendas, frustrada e incapaz de manejarlo. Tal vez Atari se refería a eso cuando decía que habían tirado productos inutilizables. Tampoco se puede ignorar que la compañía estaba en una situación financiera delicadísima y que librarse de un poco de stock le habría ayudado a maquillar las cuentas.

Joe Lewandowski afirma que había videoconsolas y cartuchos nuevos en el vertedero. “Estaban en los embalajes para el reparto. Dentro de esos paquetes estaban las cajas, con la imagen del juego, envueltos en celofán y con la carcasa del juego. Y ahí dentro estaba el cartucho. La mayor parte eran del juego de E.T.”. Hoy, con 56 años, Joe trabaja como consultor de asuntos medioambientales y residuos en Nuevo México, pero por entonces llevaba una empresa de recogida de basuras llamada Alamo Waste. En 1983, acababa de comprar otra compañía llamada Browning Ferris Industries (BFI), que había hecho un acuerdo con Atari para vaciar una fábrica en El Paso. Cuando BFI empezó a llevarse el material de los almacenes de Atari para enterrarlo en Alamogordo, la empresa de Joe estaba trasladando personal y maquinaria para completar la fusión.

Joe cuenta que hubo un malentendido entre BFI y Atari cuando cerraron el acuerdo y al principio nadie llevó seguridad al vertedero. Al día siguiente, el pueblo estaba plagado de juegos. “Cuando llegaron los camiones, los juegos de Atari estaban por todas partes”, explica, “era gracioso, porque los chavales llevaban paquetes y cajas a las tiendas e intentaban venderlas”. El Daily News contaba que aquella noche de septiembre “el guarda de seguridad que se suponía iba a acompañar la operación no estaba en su puesto”.

“La gente lo vio y alguien llamó a la policía diciendo ‘estos críos han debido entrar en algún sitio y han robado todo eso”, cuenta Joe. El jefe de policía acudió entonces al vertedero y descubrió lo que sucedía allí. El Ayuntamiento convocó una reunión de emergencia y se canceló la operación cuando solo nueve de los 28 camiones contratados por Atari habían tirado su carga en el hoyo del desierto de Alamogordo. En el trato con Atari se hablaba de unos cinco millones de cartuchos, así que Joe calcula que al menos un millón acabó enterrado bajo el erial del desierto de Nuevo México.

El último superviviente

El diario Alamogordo Daily News se hizo eco de las protestas de los vecinos contra el ‘vertido’.

El Alamogordo Daily News titulaba “La ciudad a Atari: la basura de E.T., fuera de aquí”. A la ciudad le preocupaba que sus basureros se llenaran con residuos de otros municipios y otros estados. “El vertedero estaba casi lleno y no querían basura de fuera dejándolos sin espacio antes de que construyeran uno nuevo”, explica Joe. El artículo hacía una broma de difícil traducción: ‘E.T.’ es una abreviatura de ‘extra-terrestre’ y el artículo habla de los problemas con la basura ‘extra-territorial’, pero en ningún momento dice expresamente que los cartuchos sean del terrible juego de Atari.

Joe Lewandowski cuenta que todo el mundo en la pequeña ciudad de Alamogordo tenía juegos de Atari. “Hasta yo tengo algunos guardados en el ático”, asegura. “Armando Ortega me contaba el otro día que él fue con cuatro amigos y mientras dos distraían a los guardas de seguridad los otros dos saltaron al agujero y se llevaron los juegos”. Cuenta entre risas que hay muchas otras historias divertidas: “Incluso hubo gente del departamento de policía que lo hizo”.

¿Y qué sucedió con el resto de camiones? “No lo sé”, responde Joe, “no hemos logrado averiguar adónde fueron los otros 20 camiones cuando el ayuntamiento lo frenó. Otra pieza más del misterio”.

El último superviviente

La leyenda, la conspiración y la polémica han acompañado a esta historia desde sus orígenes y el crecimiento de internet ha servido para hacer el mito más grande. El desierto de Alamogordo es el escenario de la primera prueba de la bomba atómica y de los avistamientos alienígenas de Roswell, y eso dispara todavía más la magia. Foros especializados como ‘Atari Age’ tienen debates entre escépticos y creyentes activos desde 2005.

Atari ha negado la historia en numerosas ocasiones y dice que lo que enterraron en el desierto eran desperdicios. También el creador del juego de E.T., Howard Scott Warshaw, ha sostenido siempre que es todo un rumor. Joe Lewandowski reconoce que es difícil encontrar información porque, aunque suene extraño, prácticamente todos los testigos han fallecido excepto él. “Fred Astin era el supervisor. Él fue quien llenó la zanja. A los 52 años murió de un ataque al corazón”, cuenta Joe. “El gerente de BFI ya era mayor cuando sucedió todo y murió hace 20 años. Victor Alonso… creo que él todavía está vivo, pero creo que estaba en la cárcel, en México. Richard, mi sobrino, murió de cáncer a los 51 años”.

Noticia firmada por M. E. McQuiddy, la reportera local que cubrió la historia.

Y por eso, dice Joe, la historia se ha hecho tan grande. Porque es difícil encontrar a nadie que la cuente. “Incluso M. E. McQuiddy, la reportera delAlamogordo Daily News que siguió la noticia, murió en los años 90, cuando tenía unos 50 años”, explica. Algunas teorías de la conspiración que circulan por la Red especulan con la desaparición de la periodista e incluso plantean que nunca existió, que era una invención pagada por Atari. “Pero sucedió, yo estuve allí”, repite Joe.

En busca del tesoro

El lugar sigue siendo un vertedero y está cerrado al público. Hace algunos años intentaron construir un parque sobre él, pero al final decidieron llevar el proyecto a otro lugar. No se puede construir nada estable sobre una zanja llena de basura. Y si alguno se pregunta si sería posible excavar y encontrar algo: Joe Lewandowski asegura que sí lo es.

El lugar donde se encuentra enterrado el tesoro de Atari, según Joe Lewandowski

Los operarios cavaron una zanja en la que vertían los cartuchos y las consolas. Luego pasaban con las excavadoras sobre ellos para romperlos y después lo cubrían todo arena. Al final, vertieron una gruesa capa de cemento. “Atari pensaba que con el cemento evitarían que la gente llegara hasta los juegos”, explica Joe, “pero lo que hicieron, en realidad, fue protegerlos. Habría sido mejor dejar que la basura se pudriera sobre los juegos y los dañara”.

En 2005, el diario El Paso Times contaba la historia de Bruce Snyder, un turista que visitaba la zona armado con una cámara de vídeo con la idea de descubrir el tesoro enterrado de Atari. “Quiero enseñarle a la gente dónde está para que dejen de especular”. Bruce decía que le gustaría encontrar el lugar exacto y cavar, pero no creía que esta “arqueología digital” fuera realmente posible.

“Cada poco tiempo aparece alguien diciendo ‘puedo probar que la leyenda es cierta’, empieza a hablar sobre el tema y al final fracasa estrepitosamente”, comenta Joe.

Foto de los cartuchos y las cajas publicada en 1983

Podría decirse que Steven Clontz protagonizó uno de esos intentos fallidos. Steven y sus amigos montaron el proyecto ‘E.T.’s March’ en 2008, “una mezcla entre documental y falso documental” que habría narrado su viaje hasta Alamogordo para entrevistar a la gente de la zona y buscar la famosa tumba. Al final, por motivos personales y de presupuesto, el viaje nunca sucedió, pero consiguieron algo de ruido en la prensa especializada antes de cancelarlo.

“No llegamos muy lejos”, reconoce Steven, “pero llegamos a concertar una entrevista con el alcalde de Alamogordo y recopilamos artículos de aquellas fechas”. “Lo más importante”, continúa, “es que me di cuenta de que a lo mejor la historia puede ser un mito. Hay muchas pruebas de que pasó, pero desde luego no hay un montón de tierra con una señal de Atari clavada encima”. ¿Habría cavado, de todos modos? “Creo que ahora es un parking y no creo que a los propietarios les gustase la idea”, responde, “pero sí, seguramente habríamos buscado algo de tierra y lo habríamos intentado. Habría sido una gran escena, al fin y al cabo”. No se habrían topado con un aparcamiento, pero sí con una valla, según la descripción de Joe.

Enterrando a Atari

Hoy los videojuegos facturan más que el cine y la música pero, hace exactamente treinta años, la industria del ocio electrónico estuvo a punto de irse al carajo. El entierro masivo de cartuchos de Atari es un símbolo de ese gran crack del videojuego en 1983.

La burbuja empezó a mostrar síntomas de la inminente explosión un año antes, cuando Atari anunció que esperaba un incremento del 10 o el 15% en sus ventas, y no del 50%, como habían anunciado sus ejecutivos anteriormente (Kent, Steven L. 2001: The Ultimate History of Video-Games). Atari tenía problemas con sus proveedores y su nueva consola, la Atari 5200, no terminaba de convencer al público porque sus joysticks no funcionaban bien. La firma era la niña bonita de Warner, y esta noticia inesperada hundió las acciones de la multinacional.

Así era el juego de E.T.

Ese mismo año había puesto a la venta la versión para Atari 2600 del mítico Pacman. El juego fallaba, los personajes parpadeaban, desaparecía de la pantalla y frustraba a los jugadores. Por si fuera poco, fabricaron 12 millones de cartuchos del juego, cuando sólo habían vendido 10 millones de videoconsolas en todo el mundo, confiando en que las ventas se dispararan gracias al tirón de la famosa máquina de arcade. No fue así. Mientras tanto, una empresa formada por exempleados de Atari, Activision, empezaba juegos de muchísima calidad. La confianza de los compradores se derrumbaba.

En julio, Atari y Steven Spielberg llegaron a un acuerdo para adaptar el taquillazo E.T. a la consola. El director cobraría 25 millones de dólares en royalties, independientemente de cómo se vendiera el juego y el título debía estar en las tiendas para la campaña navideña, en noviembre. Normalmente la creación de un juego llevaba unos seis meses, pero este se hizo en pocas semanas. El resultado fue desastroso. Ni “teléfono mi casa”, ni vuelos en bicicleta, ni Elliot: solo un extraterrestre dando vueltas y cayendo por agujeros. Fue la puntilla que necesitaba Atari para hundirse y arrastrar con ella a toda la industria.

Cuenten lo que cuenten los periódicos de la época o gente como Joe Lewandowski, la tumba de Atari estará rodeada de un halo mágico para siempre, o hasta que alguien la abra. “Algún día ocurrirá”, dice Joe. Pero en 1983 la industria del videojuego murió, fue enterrada en medio del desierto de Nuevo México y no resucitó hasta que, dos años más tarde, Nintendo puso a un fontanero italiano a comer setas y rescatar princesas.

Este reportaje se publicó originalmente en lainformacion.com el 5 de febrero de 2013.

Más de un año después, una excavación en el vertedero de Alamogordo dirigida por Joe Lewandowski confirmó que la leyenda era cierta.

Volví a hablar con Joe Lewandowski después del hallazgo y publiqué esta entrevista en la revista Yorokobu.

También tuve la oportunidad de hablar sobre esto con Nolan Bushnell, fundador de Atari. La entrevista también se publicó en Yorokobu.

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