
Camino a los Oscars 2016: The Revenant
La venganza es uno de los motores narrativos más utilizados en la historia del la ficción. Pocas cosas atraen tan fácilmente a la gente como una buena historia de venganza. Al fin y al cabo es entendible el por qué, nos presentan a un protagonista querible, vemos como su vida es destruida por algún ser despreciable y luego nos sentamos a disfrutar como el héroe realiza su viaje lleno de complicaciones hasta poder alcanzar finalmente su dulce objetivo.
En el caso de The Revenant, el último film de Alejandro G. Iñarritu (Amores Perros, Babel, Birdman), la venganza cobra un rol aún más predominante. Por un lado tenemos la historia de Hugh Glass (Leo DiCaprio), guía de un grupo de peleteros de principios del 1800 que deben abortar su misión al ser atacados por un grupo de indios Arikara en la brutal escena que da inicio a la película. Solo un pequeño grupo logra sobrevivir al ataque, entre ellos Glass, su hijo mestizo Hawk (Forrest Goodluck), el Capitán Andrew Henry (Domhall Gleeson), el pequeño Jim Bridger (Will Poulter) y el antipático Fitzgerald (Tom Hardy).

Haciéndole honor a la frase “de la sartén al fuego”, poco después de esto Glass es atacado salvajemente por un oso en una de las representaciones más crudas y realistas que haya visto de estos animales en la pantalla. Sobrevive, pero gravemente herido y enfermo de fiebre resulta una carga demasiado alta para sus compañeros para poder avanzar en un entorno tan hostil y con los indios pisándoles los talones. Fitzgerald, tentado por la recompensa ofrecida, se queda a cuidar de Glass hasta su último aliento en compañía de Hawk y Jim. Sin embargo, el maldito bastardo es más duro que una roca, pasan los días y sigue sin morir. Fitzgerald pierde la paciencia y decide sacrificar él mismo a su compañero pero en ese mismo momento Hawk se interpone por lo que lo atraviesa con un cuchillo. Luego va y convence a Jim de que los indios se acercan por el río, que Hawk está perdido y que no tienen más alternativa que abandonar al pobre Glass, quien completamente inmóvil por la enfermedad e incapaz de pronunciar palabra, observó con horror todo lo acontecido. Corren las horas y finalmente su cuerpo comienza a recuperarse, puede volver a moverse y le vale arrastrarse por el piso para poder ir y emprender su viaje de venganza.
Hasta aquí tendríamos la receta perfecta que hace a un gran western, pero como dijimos al comienzo, la apuesta se sigue redoblando. Podríamos analizar también que no estamos siendo testigos únicamente entre la lucha de dos hombres, sino también entre dos civilizaciones, dos formas de entender el mundo hasta ese momento. Iñarritu deja entrever la sensibilidad de su sangre latina en el trato que se le da al arco argumental de los Arikara. Al principio parecen poco más que una salvaje fuerza de destrucción, pero conforme se vaya desvelando más sobre sus motivaciones, cultura y contexto, iremos simpatizando cada vez más y más con ellos. Este trato a los indígenas trae bastante frescura al género que en su época dorada no hacía más que tratarlos como monstruos caricaturescos o pura carne de cañón.

De todas maneras la lucha central de la película, la más cruda e implacable, es la del hombre contra la naturaleza. Constantemente veremos a todos los personajes luchar contra las inclemencias del entorno (y muchas veces saliendo perdedores). Es casi como si la madre naturaleza fuera un personaje más, enfrascado en cobrar venganza por adelantado contra la humanidad, como sospechando lo que esta le hará y lo diferente que será aquel paisaje del norte de Estados Unidos 200 años en el futuro. Gran parte de la culpa de esto se debe al apartado técnico de la película. Tanto se ha hablado y alabado ya de su fotografía que decir que es impresionante, deslumbrante, increíble o cualquier adjetivo que se nos ocurra se queda corto. Es una película que espero hayan podido disfrutar en la pantalla gigante de un cine porque es una experiencia alucinante.
La mano de Iñarritu deja ver toda su experiencia a través de unas secuencias de acción que quitan el aliento. El director nos tiene acostumbrados a contar historias muy personales, con la cámara siempre siguiendo muy de cerca a sus protagonistas y haciendo uso de todo tipo de trucos para mantener el flujo de las secuencias. Cuando veía los primeros trailers alucinaba con lo que podía llegar a hacer este tipo en las escenas de acción y el resultado es aún mejor del que esperaba. El ataque Arikara del principio es solo el puntapié inicial, durante cada batalla realmente sentimos que estamos metidos allí, podemos sentir la adrenalina y la desesperación, la confusión y la muerte flotando en el aire. Todo esto sin perder nunca el enfoque sobre lo que realmente se quiere mostrar, muy a diferencia de los que nos tienen acostumbrados las películas de acción modernas con sus famosas shaky cams.
Así como la acción “entre humanos” toma esta forma de acercamiento, las escenas de la naturaleza son todo lo contrario con constantes planos lejanos, donde los protagonistas parecen hormigas y podemos apreciar por completo lo imponente del escenario. Filmada completamente con luz natural en Canada, USA y Argentina, nos quedaremos embobados por la majestuosidad de las escenas. Muchos han criticado la duración del film y le achacan al tiempo que se toma en retratar los paisajes naturales pero yo no solo creo que el tiempo no molesta sino que tomarse su tiempo para mostrar estas tomas era absolutamente necesario para su narrativa. De esta forma realmente logramos conectar con Glass y tomar una dimensión de lo imposible del desafío que tiene por delante. The Revenant es una película para que veamos con el aire acondicionado al máximo y sintamos realmente como el frío nos cala hasta los huesos.

Otro de los aspectos más aplaudidos son las actuaciones y la verdad que ambos protagonistas, DiCaprio y Hardy, realizan un trabajo para quitarse el sombrero. El Fitzgerald de Hardy es un ser despreciable: ambicioso, egoísta, violento, engreído pero sin embargo un cobarde que huye a la primera de cambio. Por otro lado DiCaprio nos presenta la actuación más atípica de toda su carrera. Leo es un actor que se hizo famoso caracterizando a personajes carismáticos de mucha parla, sin embargo aquí seguramente podamos contar las líneas de diálogo con las manos. Encarnar a Hugh Glass es un desafío puramente gestual y expresivo en el que DiCaprio demostró una vez más por qué es uno de los actores más queridos de Hollywood. En cada escena sentiremos como propio el dolor que atraviesa el personaje y toda la gama de emociones que se desprenden de su lucha por la supervivencia.
En conclusión The Revenant es una más que digna candidata a Mejor Película 2015 y todos los demás títulos a los que está nominada. Una experiencia digna de ser vivida en la pantalla grande, mitad película de supervivencia, mitad western, pero con mucho estilo, técnica y profundidad. Iñarritu no hizo con esta su mejor película pero sí quizás la más accesible al público general. Si todavía no la vieron, aprovechen que todavía sigue en cartelera.