BAR

Pasado, vuelvo a ti y te grito. Las botellas suenan como estruendos, la luces se estrellan en mis párpados que apretados intentan detenerlas. Estamos caminando por aquel parque en donde nos escondíamos de tu novio, yo aparento frialdad pero por dentro la sangre me arde, sujetas con tu sudada mano la mía, sé porqué estás nerviosa, sujeto tu otra mano y juego contigo, como si fuera un niño, como si de pronto tuviera tus años. Soy un bastardo, lo sé y no me importa. El trago me quema la garganta, un tipo pasa cerca y me golpea con su hombro, todo en mí da vueltas, las luces giran cada vez más rápido, los colores se combinan, de pronto las luces parecen parar y congelarse en un imperceptible movimiento, como una fotografía de larga exposición. Tomo el arma y disparo, el sonido me aturde, he ganado un oso para ti , te lo entrego, me doy cuenta que las luces brotaban del juego mecánico. Ahora nos formamos para poder subir en él, tengo miedo y ansiedad, pero al mismo tiempo estoy muy feliz, te veo, estás riendo, no has parado de reír en todo el día, el juego se eleva, mis entrañas se elevan, yo sólo estoy pensando en la caída, subimos, me miras, te miro, seguimos subiendo, hasta que nos suspendemos y en un brisa el frío de la noche nos recorre el cuerpo, de pronto caemos. Caigo, estoy en suelo, como puedo me levanto y siento el golpe caer, también, sobre mi cara, pero no me tira, sujeto a mi rival por la camisa, y le azoto mi puño en su pecho, el blanco era su rostro pero la embriaguez me juega en contra, ese tipo toma una botella y la rompe, la gente grita, pero no de miedo, sino de excitación, todos saben, hasta yo, que algo fatal está por suceder, me echo para tras, el alcohol sale de mi aliento, estoy mareado. Estoy mareado, me siento incomodo, tú te ríes, se rompe una botella y me espanta, tú te ríes más, de pronto el bullicio es insoportable, tu sigues riendo, y tu cara se hace grande, te digo, estoy mareado, disparan de nuevo en ese juego donde hace un rato te gané un oso de peluche, y de nuevo se rompe un botella verde. Tengo en mi mano la botella, tomo mi posición, sé que es mi final y se me ocurre vivirlo con sarcasmo, como un guiño a mi pasado, al que vuelvo, a cada rato, así que… Bailamos, mientras músicas suenan indiferentes, bailamos como locos, tú ríes y yo río y nadie más existe, y bailamos dando vueltas y vueltas, aunque mareado… En las vueltas, con mi mano izquierda en mi cintura, y la derecha sujetando la botella rota, lo invito a acertar el primer golpe, un pie adelante y otro atrás, me siento D’Artagnan, sonrío, no paro de reír. Se acerca, no puedo reaccionar, o quizá no quiero. Están a punto de cerrar el bar. Caminamos a tu casa, el pasado corre demasiado rápido, nos besamos y siento como tu beso me corta la garganta.

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