Examenes

Rendir exámenes desde hace unos años para mi es una tortura. 
Cuando era chica, estaba en el secundario no tenía problemas. No sé por qué. Tal vez a los profesores no les interesaba mucho y yo lo sabía o tal vez me era muy fácil aprobar sin estudiar demasiado.

El problema llegó cuando empecé la universidad. En la universidad llegaron los miedos, las inseguridades y hasta también problemas físicos antes y durante el examen.

No me gusta estudiar de memoria, no me gusta estudiar para dar un examen. Me gusta estudiar para aprender, para saber mas. Pero esto, que hasta el secundario venia manejándolo bien, se me fue de las manos. Sí se que lo que estoy leyendo es para un futuro examen, pierdo el interés automáticamente y lo postergo. A veces de manera consciente (no me presento) y a veces inconsciente, me enfermo. Pero me enfermo mal. No es que me duele la panza o la cabeza. Me agarran vómitos, me deshidrato, cálculos renales, me quedo dura y no me puedo mover, panico y desesperación. Aunque parezca gracioso, no exagero una sola palabra. Una cosa de locos.

Creo que pierdo el interés porque sé como son las instancias de exámenes, salvando el 1% de los profesores que realmente hacen del examen una situación amena y divertida (paradójicamente siempre me saco 10 con ellos). El otro 99% me agota y directamente me autoconvenzo que soy una estúpida que no sabe nada, que no sirve y sigo mi camino. Porque esta situación conlleva mucha frustración, muchísima. Saben lo feo que es postergar exámenes, no presentarte o presentarte sintiéndote mal y desaprobar.

Hoy tengo un examen con Alberto Benegas Lynch (h). Ya me empiezo a sentir mal y una parte de mi me dice “agos vos sabes, tranquila” y otra parte quiere salir corriendo. Obviamente esta es la instancia de recuperatorio porque a la primera no me presenté porque me había enfermado. La única motivación que tengo para presentarme hoy es no defraudar a los directores del master, porque los quiero mucho y no quiero que piensen que soy una vaga. Porque muy pocos entienden esto y te catalogan de vaga.

Este es mi perro, Alfonso, en pose de “Vengan examenes, no les tengo miedo”

Paradójicamente amo la docencia. Es mi pasión enseñar, aprender para transmitir. Pero supongo que el día que tenga que tomar exámenes, lo sufriré tanto como mis futuros alumnos.

Voy a dejar el post acá, porque tengo que irme a estudiar para el examen de esta noche, que es a las dos de la mañana de Viena, oral y con una eminencia como Alberto Benegas Lynch (h)…… Ya me estoy sintiendo mal.

Ps: Aclaro que hay una parte racional en mi que me dice “tranquila, es solo un examen, ¿qué puede pasar?”, así que no me lo digan, porque yo ya lo sé.

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